A fondo    PROPIEDAD INDUSTRIAL

La nueva Muralla China se construye con patentes

El gigante asiático copa casi la mitad de las solicitudes a nivel mundial, reflejo de una sólida estrategia política de innovación que busca proteger y reforzar su economía a través de la defensa de la propiedad industrial

28 OCT. 2019
14 minutos
Con el proyecto ‘Made in China 2025’ el Gobierno quiere impulsar el desarrollo de ‘know-how’ y tecnología. / INNOVADORES

Es una historia parecida a la de Japón, pero a gran escala. En los años 50, se convirtió en la fábrica del mundo. Y el crecimiento económico que vivió el país animó la demanda interna, la formación, la inversión… y  al final viró su estrategia para terminar convirtiéndose (hasta que la crisis de la que no termina de salir le frenó) en una potencia tecnológica. A partir de los años 70 marcas como Toshiba, Toyota, Sony o Nikon se convirtieron en las grandes innovadoras. China se miró en su espejo y tras quedarse vacío el hueco de la manufactura, el país se erigió en la siguiente fábrica del mundo, pero el asombroso e imparable crecimiento que vive y sus particulares condiciones políticas, geográficas y demográficas han convertido al gigante asiático en un auténtico ciclón tecnológico y productor.

Eso sí: el fenómeno no es casual. La fuerte apuesta del Gobierno chino por huir de las críticas por su posición como país creador y vendedor de copias de otros, se evidencia con los datos que la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (la OMPI) ha públicos: casi la mitad de las patentes (46%) que han solicitado su convalidación a este organismo global dependiente de la ONU en 2018 vinieron de China. 1.381.594 inventos y patentes de registro. Le sigue, muy de lejos, Estados Unidos, con 18% del total y con una caída de casi dos puntos respecto a 2017. En tercer puesto, Japón, con un 9,4% y un descenso del 1,5% respecto al ejercicio anterior. 

¿Qué significan estos apabullantes estos datos? ¿Por qué vienen tantas patentes del gigante asiático? ¿Es real esa potencia? Parte de la respuesta podemos encontrarla en el ambicioso proyecto del Gobierno chino llamado Made in China 2025, que, en realidad, persigue pasar del made in al invented in. 2025 es solo la primera meta y en la que se busca, con un plan decidido y una fuerte inversión económica, reducir las diferencias con los países más avanzados. De 2025 a 2035 el reto será consolidar la posición y en 2045 liderar la vanguardia de la innovación mundial. La particularidad de su sistema político es la que hace posible unos planes tan a largo plazo que para cualquier país desarrollado se convertirían en un puzle descompuesto a base de legislaturas y cambios de partido. 

"China piensa que mejorando la protección de sus desarrollos va a mejorar la competitividad económica", explica a INNOVADORES Ana Ebri, agente de la propiedad industrial en asuntos internacionales con despacho en Pekín. Ebri, que lleva años viviendo en el país asiático y ayudando a compañías de todo el mundo a proteger sus desarrollos, ha vivido en primera persona la evolución de la economía china y su apuesta por fortalecer el sistema de patentes. 

Desde 2008 se han abierto más tribunales especializados en la propiedad industrial y se han establecido continuas mejoras (como los beneficios económicos para los inventores o una protección mayor del secreto) para favorecer el registro de patentes. Los incentivos financieros y fiscales a la innovación son parte del plan, además de la inversión en atraer a grandes talentos internacionales y la apuesta por formar a los suyos en el extranjero para que después vuelvan y apliquen el know-how adquirido en casa. 

"Ya no quieren ser la fábrica de otros, sino que se invente allí y tener una economía basada de verdad en la innovación", dice la responsable del gabinete Ebri & Asociados. Sus empresas lideran ya la solicitud de patentes en áreas tan concretas y determinantes para el futuro de la economía, la política y la sociedad como la inteligencia artificial o el 5G, pero no son sus únicas tecnologías punteras. 

La conducción autónoma y eléctrica, los pagos y ventas en línea, o las super aplicaciones informáticas son también notables. Y otra que llama especialmente la atención: la de los sistemas de reconocimiento facial. En Europa, las preocupaciones lógicas sobre la privacidad de los usuarios imponen límites a esta tecnología… pero en China no. Los rostros de buena parte de sus 1.300 millones de ciudadanos están perfectamente identificados por motivos de seguridad y control y eso tiene muchas aplicaciones tecnológicas y de negocio que anima a sus empresas a seguir investigando. 

"El problema es que el número de solicitudes no siempre va a acompañado de la calidad esperada", señala Ebri. Y, por eso, de las patentes elevadas a la OMPI, tienen más éxito porcentual las presentadas en China por extranjeros que por nacionales. Las de los chinos terminan siendo aceptadas en un 24% de los casos, mientras que en las firmadas  por internacionales la tasa de éxito es del 58%. Si lo comparamos con su directo competidor, Estados Unidos, la tasa de éxito de los nacionales es del 50%, el doble que el gigante asiático.  

¿Es que se regalan las patentes allí y por eso pierden fuelle en su traslado a otros país? "No podemos decir que sea más fácil patentar porque los procesos están perfectamente homologados a los del resto de países de la OIMP y el Gobierno ha emprendido un claro esfuerzo en los últimos años", explica Javier Vera, consejero técnico de la Oficina Española de Patentes y Marcas, que mira con escepticismo las cifras, porque, aunque reconoce la potencia del país y su apuesta innovadora, "las solicitudes están subvencionadas y apoyadas públicamente, se busca la cantidad", critica. Aunque a pesar de la gran diferencia entre las solicitadas y las concedidas, China sigue siendo el primer país en patentes efectivamente aprobadas el global mundial en 2018 (463.500) , seguido (ahora sí) muy de cerca por EEUU con 452.429.

No obstante, entre la presentación de una solicitud de patente en una oficina nacional y la demanda de su reconocimiento en terceros países pueden pasar 30 meses en los que garantiza la protección porque ese margen sirve para que las empresas o investigadores capten fondos e interés de mercado, por lo que esta supremacía que vemos hoy en solicitudes tardará años en verse reflejada en requerimientos aprobados. "China está empezando en esto, pero irá a mucho más" , sentencia Ebri. Y añade: "En las empresas tecnológicas chinas y en sus centros de innovación es común encontrar ‘cuadros de patentes’ que recogen todas las solicitudes que una firma ha presentado como una muestra de orgullo".

Pero no todos los creadores o empresas están dispuestos a invertir el dinero que cuesta obtener patentes en todos los países. Patentar en China es muy barato, especialmente para los locales. Por 30 euros se solicita el registro, a lo que hay que sumar entre 400 y 500 euros que cobra un despacho local por la gestión. Entrar en otros países cuesta entre 3.000 y 12.000 euros por nacionalidad, detalla Ebri. Y un mercado de más de 1.000 millones de clientes en expansión continua es una propuesta lo suficientemente atractiva para muchas empresas chinas, lo que puede explicar que esas traslaciones de la patente no se soliciten siempre. Así, no se trata solo de abrir nuevos mercados, sino de proteger y amurallar el Chino de cara a las innovaciones exteriores.

Eso explica en el balance del año 2018 que hace la Oficina Europea de Patentes las patentes Chinas solo supongan el 5% del total. Lidera Estados Unidos con el 25% de las solicitudes, seguido de Alemania (15), Japón (13) y, en quinto puesto, China.

"Tener una patente en Europa es caro y eso está al alcance de pocas empresas", explica el responsable e la oficina española, poniendo el ejemplo de reconocidas firmas como Huawei, que lidera las instancias en Europa. "La innovación y las patentes son un paso fundamental para introducirse en el mercado", añade Ebri. Y también una herramienta política. El hecho de que en la mayoría de las empresas el Estado tenga participación, facilita las cosas para testar productos y obtener financiación y llevar a cabo estos proyectos, como los de la expansión del 5G. Las empresas consiguen nombre y "respeto", como reclamaba en estas páginas hace unos meses el CEO de la propia Huawei en nuestro país, Tony Jin Yong; pero el Gobierno también. Y sobre todo: consiguen exclusividad o dinero a cambio de su uso, con lo que el Estado también expande sus arcas. Son una inversión de Estado.

El puesto de España

En el ranking de la OIMP, también figuran los datos de España  que, por desgracia, no tienen punto de comparación ni con China, ni con ninguna de las principales potencias europeas. Nuestro país solo trasladó al organismo en 2019 la solicitud de  10.000 patentes, por lo que ocupa el puesto número 22 en el ranking global.

"La nueva ley de patentes ha influido mucho para que caiga el número porque ha cambiado la forma de examinarlas", lamenta el responsable de la oficina europea, lo que sumado a la crisis que hemos arrastrado en los últimos años ha sido un auténtico lastre.