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¿Cuánto vale nuestro iris?

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El negocio del reconocimiento del iris. / Daniil Kuželev / Unsplash

No es más que una membrana circular que ayuda a nuestros ojos a controlar la cantidad de luz que reciben a través de la pupila. Luego, el ser humano le ha aplicado todo un sinfín de valores estéticos que han elevado a los altares a los hombres y mujeres de ojos azules y desterrado a los más comunes, como el marrón. Pero hay un aspecto más que no se ha analizado con suficiente calma en relación a esa colorida parte de nuestra mirada: el preciado (y disputado) negocio que se está generando a su alrededor.

La razón de que el iris sea ahora fuente de riqueza no es ningún secreto: el reconocimiento de iris se lleva usando como mecanismo de identificación biométrica desde hace décadas. James Bond es un asiduo de esta clase de sistemas, que hasta han tenido su particular parodia en la serie The Big Bang Theory. Pero no ha sido hasta hace unos pocos años, con la democratización de esta tecnología y su incorporación a smartphones y dispositivos de control de accesos, que hemos asistido a la explosión de este mercado.

Un despegue en el que también tienen mucho que ver las crecientes tensiones internacionales y los temores a ataques terroristas en todos los lugares del mundo; sin olvidar la comodidad de hacer pagos digitales con tan solo mirar a nuestro dispositivo.

¿Y qué hay del dinero? Cuando hablamos de un suculento iris (no literal, salvo caníbales), no es baladí ni mucho menos: la firma de análisis MarketsandMarkets cifra en 4.300 millones de dólares el negocio asociado al reconocimiento del iris para el año 2024. Nuestra mirada es puro potencial comercial, como ya están viendo en China y Estados Unidos, principales catalizadores de esta tendencia a escala global, siempre según esta casa de investigación. Eso sí, y aunque Europa pueda parecer algo más reticente a la adopción del iris como mantra de la superesencia en la era de los unos y ceros, hay una nota positiva también para el Viejo Continente: las dos principales firmas en este particular nicho de mercado (Thales Group e IDEMIA) son francesas, superando a otros rivales aventajados en la pugna como las americanas Iris ID, HID Global o IriTech.  Y, sorprendentemente, China apenas figura en la cabeza del desarrollo de esta tecnología, como sí lo están vecinos como Corea del Sur o India.