Opinión    La ventana de Redit

De Miraflores a Colón, el Canal de la Innovación

Gonzalo Belenguer
13 NOV. 2019
9 minutos

Hace unas semanas tuve la oportunidad de observar las esclusas del Canal de Panamá, desde Miraflores, una oportunidad única para reflexionar acerca de lo maravilloso del proyecto; no sólo por su ejecución, como una de las grandes obras de ingeniería del siglo XX que es, sino por la propia concepción de su idea primigenia. Y, para ello, nada mejor que sumergirse en nuestro rico Archivo General de Indias, testigo de gestas y aspiraciones pasadas en el Nuevo Mundo.

Lo que albergan estos 82 kilómetros de distancia entre las ciudades de Miraflores y Colón es una apuesta decidida por cambiar y avanzar en beneficio de la colectividad; bien sea garantizando el intercambio de millones de toneladas de mercancías o bien facilitando, anualmente, el transporte de miles de turistas de los más lejanos lugares del mundo.

La conexión del mar Caribe y el océano Pacífico, a través del istmo de Panamá, es una vieja aspiración que comienza con los primeros conquistadores españoles. El Canal se inauguró en 1914 y se volvió a ampliar en 2016. En definitiva, es un testigo del devenir del tiempo y del cambio de las necesidades humanas.

La travesía inaugural del vapor ‘Ancón’ por el Canal, es una gran metáfora de las oportunidades desaprovechadas, si concebidos ésta como lo que es, un ejemplo paradigmático de innovación. Pese a que grandes fortunas españolas, de hoy en día, se forjaron en torno a la construcción del Canal de Panamá, como suele ocurrir más a menudo de lo deseable, fueron otros países quienes ocuparon un lugar destacado en su construcción y desarrollo.

La oportunidad de descubrir el Canal se enmarca dentro de la reciente invitación de la Corporación Andina de Fomento (CAF), a participar en la conferencia Experiencias Internacionales en Innovación, en Ciudad de Panamá. REDIT presentó a los asistentes a este evento el modelo valenciano de instituto tecnológico, junto con AINIA, Centro Tecnológico Agroalimentario, que lleva casi 50 años garantizando la competitividad de las pymes de este sector.

Dar a conocer la historia y valor de la principal red española de apoyo a la innovación de la pequeña y mediana empresa, allende los mares, es un sano ejercicio que aporta la perspectiva necesaria para dimensionar nuestras auténticas capacidades, en materia de I+D+i, en el contexto mundial. Y ése es, precisamente, el ánimo que siempre ha movido a los 11 institutos de esta asociación privada a liderar proyectos, a compartir experiencias y, en definitiva, a sumarse a cuantas iniciativas internacionales fuese posible para difundir y transferir el conocimiento aplicado a gobiernos, instituciones, organizaciones o empresas de los cinco continentes.

Nuestros centros tecnológicos, en colaboración con empresas de la Comunidad Valenciana, han sido capaces de logar hazañas como imprimir cobre en 3D, por primera vez en el mundo, o curtir pieles con titanio, innovación que se ha incorporado en los guantes de béisbol de la liga estadounidense. Y, sin embargo, estos son solamente algunos de los más de 840 proyectos que desarrollamos, anualmente, y que nos permiten afrontar el futuro con optimismo.

El trabajo de los centros tecnológicos es valorado por grandes multinacionales pero, sobre todo, son los aliados estratégicos de más de 12.000 empresas de pequeño y mediano tamaño que acuden a ellos para desarrollar su I+D+i como factor estratégico diferencial que les permitirá seguir siendo competitivos en un mercado global y, cada vez, más complejo.

Tenemos ante nosotros retos de gran calado en educación, cambio climático, ciberseguridad, 5G, transformación digital de empresas y sociedades. Debemos abandonar ancestrales cuitas internas, ser más proactivos y no dejar, como decía Unamuno, que sean otros los que inventen.

La colaboración sincera resulta un elemento esencial para abordar las grandes cuestiones de nuestras empresas y nuestra sociedad. Otro ejemplo de este espíritu es la participación de REDIT en el congreso que organizó la Comisión Económica para América Latina y Caribe (CEPAL), organismo de Naciones Unidas, en Santiago de Chile, a finales de mayo, donde pudimos compartir experiencias con representantes de todos los países latinoamericanos. A través de la puesta en común de conocimientos y proyectos surgen iniciativas espontáneas que buscan contribuir a cambiar el statu quo y, en definitiva, mejorar la calidad de vida de las personas.

La apuesta por la innovación es uno de los grandes retos de las sociedades modernas en los que, probablemente, se determine el escenario global de las próximas décadas. Sin embargo, ante la lucha geoestratégica por la hegemonía mundial, entre Estados Unidos y China, la ‘vieja Europa’ sigue anclada en viejos paradigmas.

Nuestra prioridad debería ser el bien común, unir esfuerzos para incrementar la calidad de vida de nuestros conciudadanos del hoy y, sobre todo, del mañana.

Contribuir a mejorar el mundo a través de la creación de una sociedad donde impere el conocimiento, la innovación y la tecnología, es el proyecto colectivo más transcendente y ambicioso al que nos enfrentamos. Es momento de asumir responsabilidades y construir nuevos canales que nos permitan, desde la apuesta por la innovación, dar respuesta eficiente y global a las necesidades de los ciudadanos del mundo.

Colón fue la puerta de entrada a un nuevo mundo lleno de oportunidades. Tenemos que superar la falta de ritmo en Europa y ser parte activa de la solución a los grandes retos de nuestro tiempo. Una realidad en la que políticos, ciudadanos, empresas y todos los que conformamos nuestra sociedad debiéramos traspasar este Rubicón y navegar el canal de la innovación con un solo objetivo: construir un futuro basado en la ingeniería del conocimiento.

Gonzalo Belenguer, director general de REDIT