Opinión    BIODIVERSIDAD DIGITAL

¿Descargar la mente y trasladarla a un cerebro digital?

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El caso de la empresa Nectome, con la que el MIT Media Lab acaba de rescindir su acuerdo de colaboración, parece de ciencia ficción. Recuerda a la historia de Kenneth Hayworth, publicada en enero de 2010, titulada Asesinado por mala filosofía. Un trágico error de cálculo, donde el autor reflexionaba sobre la inmortalidad y el mind uploading (la carga y descarga informática de una mente).

El subtítulo ya es muy sugestivo: "Porqué la preservación cerebral seguida de la 'transferencia mental' es una 'cura' para la muerte". El relato cuenta la historia de un joven de 2110, que lamenta la muerte natural de sus padres y abuelos por no ser capaces de asumir la filosofía 'adecuada' de la 'transferencia mental' como solución viable para la muerte.

La revista The Chronicle of Higher Education, que tiene su audiencia en las comunidades y profesorado universitario de EEUU, se refería a este texto, en un artículo publicado en julio de 2012, titulado La extraña neurociencia de la inmortalidad. Relacionaba la historia con las propuestas de la nueva rama de la neurociencia llamada "conectómica" que especula, explicado sintéticamente, con la posibilidad de crear cerebros artificiales replicando completamente toda la conectividad neuronal de un cerebro humano. Hay que reconocer que la 'neurociencia de la inmortalidad' es un tema de ciencia ficción atractivo donde los haya.

Una empresa para preservar y descargar tu cerebro

Volvemos ahora a 2018 y al caso de controversia del MIT Media Lab con la startup Nectome. Esta empresa, fundada por graduados del MIT y con el soporte de la famosa incubadora de Silicon Valley Y Combinator, ha recibido más de  915.000 dólares de inversión del National Institute of Mental Health (NIMH) de EEUU. Además, sus creadores consiguieron llegar a un acuerdo con el prestigioso y multipremiado profesor del MIT Media Lab Ed Boyden (también Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Biomedicina). Se le considera pionero de la optogenética en el MIT Media Lab, donde dirige el prestigioso Synthetic Neurobiology Group, dedicado a desarrollar herramientas para el 'mapeado' y control de las brain computations (computaciones del cerebro).

La revista MIT Technology Review publicó, el pasado 13 de marzo, un rompedor artículo sobre Nectome en el que uno de sus fundadores, Robert McIntyre, graduado del MIT, describía el objetivo de su tecnología para "preservar exquisitamente cerebros, incluso a escalas microscópicas, usando un proceso de embalsamamiento de alta tecnología". "¿Y si te dijéramos que podemos hacer una copia de seguridad de tu mente?", dice. El artículo describe las capacidades tecnológicas que se propone conseguir Nectome: "Su solución química puede mantener un cuerpo intacto durante cientos de años, tal vez miles, como una 'estatua de vidrio congelado'. La idea es que en el futuro los científicos escanearán el bricked (enladrillado) de tu cerebro y lo convertirán en una simulación por ordenador. De esa forma, alguien como tú, aunque no exactamente tú, olerá las flores nuevamente en un servidor de datos, en alguna parte".

Muy impresionante y, a la vez, aterrador. Y aquí empiezan a hacer saltar alarmas relacionadas con criterios éticos y científicos. Continua el artículo: "Sin embargo, esta historia tiene un giro espeluznante. Para que el procedimiento de Nectome funcione, es esencial que el cerebro esté vivo. La empresa dice que su plan es conectar a las personas con enfermedades terminales a una máquina de corazón y pulmón para bombear su mezcla de químicos embalsamadores en las arterias carótidas mientras aún están vivos (aunque bajo anestesia general)".

A continuación cita las palabras del cofundador que justifican el camino de la empresa por este filo de la navaja: "La compañía ha consultado con abogados familiarizados con la Ley de opción de fin de la vida de California, de tan solo dos años de antigüedad, que permite el suicidio asistido por un médico para pacientes terminales, y creen que su servicio será legal". El producto es “100% fatal", dicho en palabras no técnicas, "sus métodos de preservación matarían a cualquier persona sometida a ellos".  Y añade McIntyre: "Es por eso que estamos excepcionalmente situados entre las empresas de la incubadora de startups Y Combinator". 

Si interpretamos el artículo, la empresa promete poder llegar a hacer "copias de seguridad" de una mente, y (eventualmente) 'digitalizar' los cerebros de las personas. Entre sus objetivos está el descubrir cómo preservar los cerebros de las personas moribundas con un enorme detalle. Para ir hacia ese propósito, llevarán a cabo la investigación para desarrollar un proceso que podría convertir a un cerebro en una versión estable de sí mismo, incluyendo todos los enlaces entre sus neuronas, visibles bajo la visión de un microscopio electrónico de barrido.

Límites éticos para el capital riesgo

Nectome también recibió el premio de The Brain Preservation Foundation, dotado de 80.000 dólares, para cumplir una meta: "Preservar el cerebro de un cerdo lo suficientemente bien, con cada uno de sus enlaces neuronales intacto y visible bajo un microscopio electrónico de barrido".  Para colaborar en ese campo, precisamente, se firmó un acuerdo entre la empresa y el grupo de investigación del profesor Bayden en el MIT Media Lab.

Las alarmas de las informaciones sobre el caso rápidamente aumentaron de magnitud y algunos de los anuncios públicos de la empresa empezaron a irritar algunos destacados neurocientíficos, según la revista Life Science. Por ejemplo, a Sam Gershman, un neurocientífico de Harvard, que se preguntó: "¿Puedo reconstruir todos los recuerdos de alguien conociendo únicamente las conexiones entre sus neuronas? La respuesta es casi seguro que no, dado nuestro conocimiento sobre cómo se almacenan los recuerdos, es aún un tema controvertido".

Hubo más científicos que negaron que fuera posible lo que Nectome afirmaba, aunque algunos de ellos, favorables a la conectómica, modularon sus condenas. Uno de ellos, el neurocientífico de la Universidad de Princeton Sebastian Seung, se declaró en Life Science a favor de Nectome matizando que "si bien es poco probable que la técnica de Nectome pueda conservar suficiente información para revivir los recuerdos y la conciencia humana, otros neurocientíficos no pueden saber, con certeza, que esto no podría suceder así".

Pero, una cosa son las controversias científicas y otra, los contratos económicos en el mundo del capital riesgo y las relaciones con las startups.

MIT rompe su acuerdo contractual con la startup Nectome

La empresa y el MIT habían suscrito un subcontrato por el cual el instituto tecnológico recibía 300.000 dólares de una subvención de fondos federales de EEUU, conseguida por Nectome para "desarrollar métodos de preservación y análisis del cerebro". Ahora, el MIT, según una declaración oficial del 2 abril, ha rescindido ese acuerdo.

En una declaración oficial publicada en la página oficial del Media Lab, el laboratorio declara que la empresa colaboraba con el grupo liderado por Boyden en "un proyecto de investigación académica para combinar aspectos de la química de Nectome con un invento del grupo en microscopía de expansión para visualizar mejor los circuitos de cerebro de ratón para la ciencia básica". "Una química tan nueva podría, si se lograra, facilitar el descubrimiento de fármacos para el trastorno cerebral, impulsar la cartografía básica del circuito de la neurociencia y facilitar los bancos de datos cerebrales para futuras investigaciones sobre estados de salud y enfermedad", dice el escrito. Y aclara que "el profesor Boyden no tiene afiliación personal -financiera, operativa o contractual- con la empresa Nectome".

En la misma declaración, el MIT Media Lab hace la siguiente reflexión: "La neurociencia no ha avanzado lo suficiente como para saber si algún método de preservación del cerebro es lo suficientemente potente como para preservar todos los tipos de biomoléculas relacionadas con la memoria y la mente. Tampoco se sabe si es posible recrear la conciencia de una persona".

"Dado que no conocemos el conjunto exacto de moléculas requeridas", continúa el grupo, "no podemos decir si una determinada técnica de preservación del cerebro es suficiente para preservar los recuerdos. Esta es una pregunta de ciencia básica muy interesante, y esperamos que en el MIT podamos contribuir a resolverla, pero en última instancia, se necesita mucha más ciencia". "Como cualquier cuestión científica fundamental, no hay garantía de que sea posible en absoluto", agrega.

En cuanto a la posibilidad de memdir o crear una conciencia, el equipo de investigación se muestra rotundo: no es posible. "Puede que algún día podamos simular en un ordenador circuitos neuronales con gran precisión, pero actualmente no sabemos determinar cómo se 'sentiría' esa simulación, incluso si se ampliara al tamaño del cerebro humano. Comprender esto requerirá una nueva ciencia que represente un salto no lineal desde la neurociencia que se produce hoy en día, y algunas personas lo consideran un problema irresoluble (también conocido como el "problema difícil" de la conciencia)", añade el comunicado.

Y concluye: "Considerando las premisas científicas en que se basan los planes comerciales de la empresa, así como ciertas declaraciones públicas de la compañía, el MIT ha informado a Nectome de su intención de finalizar su contrato".

Este es el final (de momento) de un caso arriesgado de quienes caminan, como creo que ha hecho Nectome, en la punta de la vanguardia de la neurociencia y las promesas sobre el futuro que una nueva empresa declara con tal de obtener atención mediática y financiación del capital riesgo más especulativo. No vale todo. Y eso lo dicen los principios éticos obvios que deben guiar a cualquier institución científica e investigador.

La lección más clara para Nectome es que no se deben hacer promesas tecnológicas o de innovación que aún (y durante mucho tiempo) son claramente imposibles de cumplir, sobre todo si es muy improbable que se puedan materializar en las próximas décadas. En capital riesgo es muy rápido para invertir y especular, pero en ningún caso va a esperar décadas para obtener un beneficio a cambio. Esa no es su naturaleza, por definición. Y además las startups deben aprender de la ciencia y asumir también los principios éticos no solo en su arranque, sino en todas sus actuaciones posteriores. Creo que en este caso el MIT ha empezado a dudar del núcleo ético de la filosofía de Nectome como empresa y por eso ha rescindido su acuerdo.

Esta reflexión me ha hecho recordar las frase que encabeza el diálogo 22 con Richard Stallman de mi libro que se titula El paradigma del free software y el hacker ético)" . La frase dice así: "La tecnología sin la influencia de la ética es probable que cause daño". Como tantas veces, como casi siempre, Stallman tenía y tiene razón.