Especial    I+D

Entrar en el ecosistema de Ford y Acciona a través del laboratorio

Muchas multinacionales aprovechan el conocimiento de los institutos tecnológicos de Redit para hacer proyectos I+D+i con pymes

30 OCT. 2019
10 minutos
La planta de Ford donde se ha desarrollado un proyecto de I+D+i con el ITI.

Repsol, Keraben, Jeep, Mercedes Benz, Staedler, Airbus, Leroy Merlin, The North Face, Ford o Acciona, entre muchas otras, son grandes empresas que en su mayoría tienen sus propios laboratorios de investigación y apuestan, en mayor o menor medida, por la innovación en su sector. Todas ellas tienen en común haber echado mano de los centros de la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunitat Valenciana (Redit) como nexo de unión con las pymes más innovadoras de nuestro tejido empresarial.

Este papel es fundamental en el proceso de desarrollar un producto disruptivo, porque ¿cómo puede saber un gigante de la talla de Ford o de Acciona a qué proveedor tecnológico recurrir para un problema que ha detectado y del que no es experto? Es lo que la responsable del departamento de Composites de Aimplas, Anabel Crespo, que ha participado en números proyectos emblemáticos con grandes empresas, llama crear una cadena valor en la que cada empresa, grande, mediana o pequeña, desde su expertise, pone su granito de arena para investigar, desarrollar y lanzar un producto innovador en el mercado o, simplemente, para mejorar uno ya existente en el que se ha detectado un problema.

Hace cuatro años, cuando Ford apostó por construir soluciones de mantenimiento predictivo se puso en marcha un proyecto con el ITI. Para implementarlas, la factoría necesitaba obtener una serie de métricas y eso requería de un trabajo previo de sensorización de la planta para medir esos parámetros por parte de compañías externas de ingeniería industrial específica. "Estamos hablando de un momento en el que estas técnicas big data no estaban muy maduras todavía", explica Raúl Hussein, director de Servicios Avanzados de Analítica de Datos del ITI.

En la actualidad ya se ha finalizado la fase piloto con el desarrollo de un prototipo y se ha dado el paso para su escalabilidad, con el fin de ver cómo madura esta tecnología dentro de la compañía y así poder "oficializar" el uso de esta tecnología en toda la planta de motores. Este es uno de los pasos del proceso más importante al trabajar en un proyecto con multinacionales de esta talla: "Se prototipa con las últimas tecnologías, pero en un contexto controlado, y después hay que extrapolarlo y generalizarlo" al resto de áreas de estas compañías, siguiendo las exigencias de calidad y seguridad, destaca Hussein.

Pero, ¿cómo poner en contacto a una gran empresas con el proveedor tecnológico especializado en esa solución que necesita? Y es que las multinacionales también requieren de los servicios del centro tecnológico, por ejemplo, cuando acuden a ellos con un problema detectado pero que está fuera de su ‘zona de confort’. Son casos en los que las grandes no tienen experiencia previa ni una investigación tecnológica adecuada, por lo que el instituto no solo le identifica que solución podría ser las más adecuada para su problema en concreto, sino que le puede poner en contacto con una pyme que la pueda desarrollar. El papel del centro tecnológico es crear esa cadena de valor y aportar los conocimientos de las tecnologías de cada sector para desarrollar de forma conjunta una solución o adaptar una existente, apunta la responsable de Aimplas. 

Esta unión de fuerzas también se produce a la inversa, es decir, cuando una pyme acude a un instituto con una idea innovadora, pero para llevar a cabo el proyecto necesita contar con toda la cadena de valor implicada en el proceso de desarrollo de este nuevo producto. En este punto entra en juego el rol de los centros de buscar a las empresas que puedan ayudar a llevar a la práctica esta solución: ya sean otras pymes que aporten una parte de la solución o una gran empresa que "actúe de tractora" de esa idea. De este modo, pueden surgir sinergias de apoyo para desarrollar una nueva línea de negocio que lance al mercado el proyecto inicial.

Este fue el caso de Acciona y la Autoridad Portuaria de Valencia, que recurrieron a Aimplas para el desarrollo del nuevo faro de Valencia de 32 metros de altura, el primero del mundo construido con materiales compuestos que otorgan una mayor resistencia a la exposición al ambiente marino, reducen las labores de mantenimiento y minimizan el impacto ambiental.

El papel del consorcio empresarial

La unión hace la fuerza. Este lema podría definir la esencia de los consorcios de empresas que se constituyen para perseguir un objetivo común en un proceso de desarrollo de un nuevo producto o servicio. Las compañías mantienen su independencia, pero comparten un propósito concreto para el que trazan una estrategia. Esta fórmula empresarial es la que utilizan muchas convocatorias en el ámbito de la innovación tecnológica. Así, por ejemplo, en la convocatoria nacional de Retos se presentan proyectos de I+D+i a desarrollar entre empresas españolas y centros tecnológicos. A esta convocatoria, hay que sumar la de Retos investigación, a la que se presentan universidades junto con centros tecnológicos para desarrollar una investigación.

Por otra parte, también están las ayudas que concede el CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial) para proyectos de I+D+i, como, por ejemplo, el que han llevado a cabo Ford junto con el ITI y diferentes proveedores externos para desarrollar este mantenimiento predictivo en su planta de motores con ayuda de técnicas big data.

Además, el CDTI también actúa como "facilitador" para las entidades españolas que quieran acceder a las ayudas de programas internacionales de cooperación tecnológica, como el programa marco de I+D+I de la Unión Europea o en licitaciones tecnológicas de programas espaciales o de grandes instalaciones científicas. Así, en el ámbito europeo, los consorcios empresariales son una de las fórmulas más utilizadas para poder llevar a cabo, por ejemplo, los proyectos H2020.

Y más allá del ámbito público, estas uniones puntuales y específicas de empresas también se alcanzan en el ámbito privado, como por ejemplo el proyecto para construir el nuevo faro de Valencia, entre Acciona y la Autoridad Portuaria de Valencia, con la asesoría del centro tecnológico de Aimplas.

LA I+D EN GRANDES EMPRESAS Pasar del prototipo de un desarrollo tecnológico a la realidad en una pyme no tiene tantas barreras de entrada como en las grandes empresas, que suelen tener intrínsecas unas exigencias de escalado para su funcionamiento real del laboratorio al resto de la compañía. Innovar en estas grandes compañías es factible, pero la transferencia de estos proyectos a un uso real es más compleja.