Especial    I+D

Innovar para competir o crear un mundo mejor

Un estudio de Redit refleja diferencias de sensaciones entre la ciudadanía y las empresas respecto a la innovación, sus efectos y sus agentes impulsores

31 DIC. 2019
7 minutos
El informe muestra diferencias de percepción entre empresas y ciudadanos. / Innovadores

Vale la pena innovar si los principales colectivos sociales no sienten los beneficios de ese esfuerzo? ¿Corresponde la percepción de los consumidores con la inversión de las empresas? ¿La ciudadanía tiene el mismo concepto que el sector privado? Aunque hay coincidencias, lo cierto es que existen diferencias de opinión en asuntos tan básicos como el objetivo de la innovación. Esta es una de las conclusiones del último estudio de la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana (Redit), que ha contado con el apoyo de la Agencia Valenciana de la Innovación (AVI).

Ciudadanos y empresas lo tienen claro: la innovación es positiva y repercute directamente en un aumento de la calidad de vida. Sin embargo, hay matices. Mientras que las compañías relacionan la innovación con un beneficio, mejora o aumento de valor; para los consumidores se traduciría en bienestar social. Según los expertos que han participado en Percepción social de la innovación en la Comunidad Valenciana, esta disparidad sucede porque el concepto de innovación es "difuso" y "dinámico", lo que significa que se adapta y evoluciona en función del contexto.

Además existen contrastes en cuanto a la identificación de los agentes innovadores en general. Dentro del colectivo científico, técnico e investigador, los agentes más identificados como innovadores son las universidades y, en el caso de las empresas, también los institutos tecnológicos. Las empresas difieren. En su caso, señalan a los investigadores como el principal colectivo innovador, mientras que la sociedad apunta a las empresas, que son las que tangibilizan la innovación. Por su parte, hay un cierto conocimiento de los institutos tecnológicos por parte de la sociedad debido a que han realizado "una labor positiva en el desarrollo de la innovación, pero existe una falta de apertura y promoción".

Con respecto a la colaboración entre colectivos, el informe concluye que no es mayor debido a la falta de coordinación y comunicación entre oferta (proveedores de innovación) y demanda (empresas) existiendo una necesidad de liderazgo en el ámbito de la innovación.

El 63,9% de las empresas encuestadas reconoce que no realiza ningún tipo de innovación. En el caso de las empresas del sector industrial, esta cifra es del 60%. Los datos del INE también confirman la baja participación de las empresas en actividades de innovación. Si en la Unión Europea, el 64,16% del gasto total de I+D es ejecutado por las empresas; en España esa cifra cae hasta 54,9% y en la Comunidad Valenciana, hasta el 43,8%. Además, el 78,5% de las empresas que declaran innovar, también afirman conocer a los institutos tecnológicos de Redit y el 36% afirma haber colaborado con ellos.

El documento de Redit recoge una serie de propuestas para mejorar tanto la percepción de la innovación entre los distintos agentes sociales como para facilitar el propio camino de la actividad innovadora, conclusiones que son extrapolables a cualquier autonomía española. Por ejemplo, se recomienda alcanzar un pacto de gobierno que garantice la continuidad del apoyo a la I+D+i de forma "decidida y duradera en el tiempo", con independencia de los cambios que se produzcan a nivel político, tal y como ocurre en otros países europeos.

El estudio también apuesta por fomentar la cooperación entre agentes del sistema regional de innovación con mecanismos adaptados según la diferente naturaleza de cada entidad. El objetivo es que afloren sinergias que permitan el aprovechamiento de su potencial individual y su capacidad innovadora.

También se necesitan mejorar las tareas burocráticas y administrativas como puede ser la aceleración de la resolución de convocatorias públicas para que los plazos sean operativos para las empresas, la simplificación de los procedimientos de gestión de ayudas o el mantenimiento de la tipología de ayudas de acuerdo a las necesidades reales de las pymes.

El estudio de Redit hace especial hincapié en el aprendizaje de la ciudadanía y de los empleados. Por eso, aconseja impulsar una política de formación que garantice la adecuación del talento a las nuevas tecnologías y la recapacitación de los trabajadores para su adaptación a los nuevos puestos de trabajo, algunos de los cuales se encuentran todavía sin desarrollar.

Para realizar el informe se ha encuestado a 800 ciudadanos y más de 600 empresas, gerentes y responsables de innovación. Asimismo, el análisis se ha completado con cuatro mesas de trabajo en las que han participado diferentes expertos de colectivos: institucional, social, investigador y empresas innovadoras.