Opinión    Biodiversidad digital

La conciencia global es una ilusión, otra lección más del Covid-19

El coronavirus se ha extendido más rápido en el planeta que la información digital alertando de la pandemia

26 minutos
La investigación está luchando por un remedio que destruya al Covid-19.
La investigación está luchando por un remedio que destruya al Covid-19.

Las lecciones de esta tragedia mundial empiezan a ser múltiples y muy numerosas y podrían hacer esta serie casi la historia interminable. Cuando más información emerge sobre esta proteica pandemia, más grave se hace la preocupación de cualquiera con un sentido civilizatorio mínimo. En el primer artículo de esta serie dije que lo primero era una lección de humildad en toda regla para las autocalificadas de poderosas industrias de la biotecnología y la genómica. Esta pandemia era esperada y vaticinada por los investigadores científicos especializados. Hay muchísima información sobre ello. Desde hace tiempo se sabe de dónde viene. En un paper de 2006 se la llama a la gripe de 1918 (que causo 50 millones de muertos), la ‘madre de todas las pandemias’ y habla del virus H5N1 y desde entonces se le ha seguido el rastro y el paso de virus a los actuales coronavirus que nos afligen ahora.

La caracterización y reconstrucción completa ya se conoce desde un artículo de Science de 2005. En 1972, ¡hace casi 50 años! ya se publicó un paper llamado el Origen de la gripe pandémica que postulaba que el virus de Hong Kong surgió por la selección de una recombinación genética en una población parcialmente inmune y esa ‘recombinante se formó como resultado de la infección mixta de un animal o un pájaro con un virus de gripe animal o aviar y una cepa humana. En el paper de 2006 en la revista Enfermedades Infecciosas Emergentes, los investigadores afirman que “todas las pandemias de gripe A desde entonces, y de hecho casi todos los casos de gripe A en todo el mundo (excepto las infecciones humanas por virus aviares como el H5N1 y el H7N7), han sido causadas por descendientes del virus de 1918, incluidos los virus H1N1 ‘a la deriva’ y los virus H2N2 y H3N2 reordenados”. Dennis Carroll, a quien ya cité, investigador biomédico especializado en enfermedades infecciosas, y director de la Unidad de Seguridad y Desarrollo de la Salud Mundial de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), donde estuvo una década trabajando con el programa PREDICT con un enfoque ‘proactivo’ para ayudar a los países a prepararse para la aparición de enfermedades infecciosas, en 2009, en respuesta al brote de ‘gripe aviar’ del subtipo H5N1 del virus de la gripe A, de 2005. Y seguía trabajando en ello hasta que la actual administración gubernamental de EEUU retiró la financiación  el año pasado.

Para señalar la contradicción, una más, la prestigiosa revista Nautilus publicó un artículo sobre su trabajo que, significativamente, tituló El hombre que vio venir la pandemia, donde le cita como una voz líder sobre la amenaza de la propagación zoonótica, la transmisión de patógenos de animales no humanos a nosotros. Eso es, exactamente, lo que ha hecho el Covid-19, como bien explica con todo detalle científico la prestigiosa New Yorker en el artículo: De los murciélagos a los pulmones humanos, la evolución de un Coronavirus. En resumen, sobre esta ya monstruosa pandemia mundial que ahora mismo ya está en 185 países, de inesperada (en el mundo científico): nada. De desconocida (en el mundo científico): nada. Quizá era desconocida para los medios de comunicación y para la gente de a pie como nosotros, pero, hoy, ya no lo es.

Pandemia Covid-19 e información digital

La búsqueda en Google del término Covid-19 da hoy 2.870 millones de resultados (en 0,54 segundos); el término coronavirus 1.970 millones de resultados (en 0,53 segundos) y la expresión ‘Coronavirus COVID-19’ da 2.580 millones de resultados (en 0,54 segundos). Esto, hoy en abril. ¿Pero era algo desconocido en enero de este año 2020? Pues así lo parece en prácticamente todas las cancillerías europeas. Al parecer también en la sede de la Unión Europea. Planes de contingencia de los gobiernos europeos en enero de 2020: cero. Reservas estratégicas para combatir esta pandemia: cero. Hay dos frases muy significativas de Denis Carroll publicada el citado artículo que quizá, ahora sí, tal vez golpeen las conciencias, -si es que las tienen-, de los dirigentes en Europa:

  • “Este es un evento [tragedia] global. Va a golpear a todas las comunidades en todas partes en el mundo”.
  •  “Estoy aturdido por la absoluta ausencia de diálogo global para lo que es una tragedia [ catastrófica] global”.

Pude leer, no en enero, sino el 20 de marzo, ya aislado en mi casa en Valencia con las Fallas suspendidas, un artículo en el Financial Times del famoso transhumanista, oportunista, defensor del dataísmo y del determinismo tecnológico Yuval Noah Harari, (recuerde el lector que en su libro de 2015 Homo Deus anticipaba un futuro dominado por las máquinas, pero no decía nada en absoluto sobre que sería dominado por la vanguardia del Bioma). Pues bien, señalaré dos cosas que me llamaron atención de las palabras de este famoso ‘tecnoprofeta’ ya que, recordarán mi anterior entrega en la que hablo de los aviones comerciales como vehículo, y sus pasajeros como cooperador necesario para la difusión vertiginosa del coronavirus por todo el planeta.

Escribe Harari literalmente en el citado artículo (párrafo 24) unas palabras por las que aún no he salido de mi asombro: “Suspender todos los viajes internacionales durante meses causará tremendas dificultades y obstaculizará la guerra contra el coronavirus”/…/ “Es necesario que los países cooperen para permitir que al menos un pequeño número de viajeros esenciales sigan cruzando las fronteras: científicos, médicos, periodistas, políticos, empresarios. Esto puede hacerse alcanzando un acuerdo mundial sobre la preselección de viajeros por parte de su país de origen. Si sabe que sólo se permite subir a un avión a los viajeros cuidadosamente seleccionados, estará más dispuesto a aceptarlos en su país”.

Como se puede comprobar están cerrados todos los aeropuertos de nuestro país para viajeros (no para suministros sanitarios) y en toda Europa. En EEUU la situación de ello es distinta donde su red de aeropuertos coincide con los centros de gravedad de las zonas de contagio (como puede el lector comprobar simplemente superponiendo el plano de EEUU en FlighRadar al de la geografía de los contagios de la gráfica de datos de la Johns Hopkins University si se ponen a la misma escala. Sobre las propuestas de Harari, hay más. El profesor de la EOI Jaime García Cantero termina su artículo del 11 de abril titulado Una ucronía analógica: así habría sido la crisis del coronavirus sin Internet con las frases: "Esta pandemia ha matado al Homo Deus de Yuval Noah Harari. Nos dijeron que la tecnología nos permitiría dominar la naturaleza. La Covid-19 ha demostrado que mentían”. No hay mucho más que decir. Solo que estoy de acuerdo con el profesor García Cantero en lo de que mentían y mienten, y no solo por aquellos a los que él ahí se refiere, sino por muchos más.

Ceguera, ignorancia y desinformación en la crisis global Covid-19

Siguiendo el hilo de Harari de nuevo, una entrevista suya del 22 de marzo se titula La mejor defensa contra los patógenos es la información. Nada más leerlo me acordé de una admonición (supongo que merecida) que me propinó el gran Richard Stallman en una conversación que no olvidaré: “No digas conocimiento, no digas información. ¡Se trata del ‘USO’ de la información; del ‘USO’ del conocimiento. Esto es esencial. Olvidar eso, hace que no veas el problema!”, me soltó indignado. Así que, aplicando esta idea, en la crisis del Covid-19 lo importante, lo esencial, no es la información y el conocimiento, sino su “uso”.

Veámoslo en ejemplos de la crisis del Covid-19 de una gravedad inmensa. Hoy estamos en un mundo de información globalizada. Todos tenemos acceso a la información global desde cualquier lugar del globo, si nos conectamos (ya somos 4.000 millones). Supuestamente, eso debería proporcionarnos a todos los conectados una ‘conciencia global’ sobre lo que está pasando en cualquier lugar del mundo. Internet tiene una cobertura global instantánea, mundial; las redes sociales también. Es lo que caracteriza la Segunda Digitalización. Pues, no hay tal. Mientras en China (en diciembre de 2019), en Europa (primero en Italia y luego en España), en marzo de 2020, la pandemia estallaba explosiva y vertiginosamente en dirección hacia el Oeste; al otro lado del Atlántico apenas afectaban las aterradoras noticias de lo que estaba pasando, que se veían allí como algo lejano, ajeno, ‘exótico’, como si fueran malas nuevas, pero de otro planeta… aunque sea un ‘planeta’ que está a solo seis horas de avión.

Y no sólo entre las autoridades americanas, sino entre los propios medios de comunicación. Algo contra natura, per se. La fuente más usada del mundo hoy en la pandemia, el sistema de datos del Centro de Ciencia e Ingeniería de Sistemas (CSSE) de la Universidad Johns Hopkins fue anunciado en Lancet el 19 de febrero. Y la primera referencia que hay en Wikipedia está fechada el 2 de marzo de 2020. Por supuesto, los medios generalistas de EEUU no convirtieron sus mensajes en una huracanada mainstream de información hasta bien entrado abril.

La conciencia global de la Segunda Digitalización es una ilusión

La conciencia de tiempo real de la información digital es una ilusión. No existe. Y no sirve como aviso global en tiempo real como está demostrando el comportamiento mundial de la información sobre esta pandemia. Y el hecho es que mientras sucedía una alerta general en los hospitales del Italia y España, ya desbordados, en EEUU los medios informaban de ello como algo lejano. El día 8 de marzo aún hubo una manifestación masiva en Madrid, por el Día de la Mujer, de la que casi, ahora es seguro, dadas las evidencias, se derivaron contagios masivos. La cuarentena y confinamiento general se decretó el 14 de marzo de 2020. El día anterior, en Innovadores iniciamos la serie Lecciones de una Pandemia, el 13 de marzo. Mientras tanto, como describí con datos pocos días después desde entonces aún continua, a sus aeropuertos en su mayoría siguen llegando y saliendo aviones, el gigantesco tráfico de pasajeros de los vuelos en EEUU y todas sus prevalentes conexiones aéreas, extiende con pasajeros asintomáticos el Covid-19 por toda la geografía de EEUU y por el resto del continente norteamericano del Norte y del Sur. Algo que las autoridades aún se niegan a aceptar.

Otra enorme lección de la pandemia global. El Covid-19 se ha extendido más rápido en el planeta que las alarmas por la información digital, que presuntuosamente, decíamos que ‘viaja a la velocidad de la luz’. Lo que viaja a la velocidad de la luz son los bits, pero no las informaciones. Y mucho menos las que van ‘de cerebro a cerebro’, vía redes digitales. Un craso error. Hago autocrítica por estas afirmaciones.  

Y claro, si la conciencia global, en realidad, es una ilusión, y no sirve para prevenir a pesar de tanto oráculo y augur digital –como los que cito arriba-. ¿Como va a afectar a las autoridades de los países y las cúpulas de las ‘organizaciones mundiales’? Si la ‘conciencia global’ de opinión pública hoy no les presiona, seguirán negando la mayor. O sea, la realidad, de la que se despertarán mucho más tarde. A la vista están las consecuencias. En el texto en que intenté describir y caracterizar la Segunda Digitalización y constatar su actual funcionamiento, decía: “Desconocemos aún si sus herramientas podrán ser usadas más para el bien que para el mal”. Me refería con esta idea, claro, a las intenciones con que algunos humanos podrían utilizarla para sus ‘buenos’, o ‘malos’ propósitos. Pues bien, y esta es otra nueva lección más de la pandemia, al principio, no podía imaginar como el coronavirus Covid-19, que es una ‘innovación no intencional’ (Echeverría, Ars Innovandi), de la evolución darwiniana, iba a aprovechar esa capacidad como bioma, con la ayuda de la gigantesca ignorancia humana actual, para colonizar la raza humana toda la geografía mundial, ¡en unos pocos meses¡ Algo que parecía inimaginable en el mundo actual, aunque sí posible, como sabían y había avisado científicos como Dennis Carroll.

Hay otra incógnita sobre la que me deberá iluminar el filósofo de ciencia e innovación Javier Echeverría. Le preguntaré, para ello, sobre si esta vertiginosa colonización planetaria del Covid-19, es ‘no intencional’… porque si es así, ¿de quién es el propósito para conseguir con tanto éxito esa colonización? ¿Acaso, del ‘piloto automático’ de la evolución natural del bioma de los coronavirus?  Porque, entonces, no podremos rebajar en el próximo futuro nuestras alertas ahora, por fin, al rojo vivo. Bien es verdad de que parte del asombroso éxito que este coronavirus ha conseguido no tiene una causa biológica, sino social. Parte de esa causa, entre otras cosas, está en la estulticia, ignorancia y desprecio a la verdad de muchos dirigentes mundiales y otros muchos humanos. Otra circunstancia que también parece haber aprovechado el Covid-19, en este ‘evento global’ (Carroll), que es una tragedia para la humanidad, pero solo un paso evolutivo más para los coronavirus.

Un paso más de este inmenso suceso que sigue, al parecer. Hace muy pocos días, el 9 de abril, se ha publicado los resultados de una investigación liderada por Marc T. Valitutto, del Global Health Program, Smithsonian’s National Zoological Park and Conservation Biology Institute de Washington, al frente de une quipo internacional. Informan que en Myanmar han detectado tres nuevos betacoronavirus y un alfacoronavirus conocidos previamente, e identificados en otros países del sudeste asiático. Y, además, señalan las causas.

Son, en primer lugar, el (irracional) cambio de uso de la tierra en está en curso, y que sigue siendo un factor esencial de la aparición de enfermedades zoonóticas (que saltan de animales a humanos, como el Covid-19) en Myanmar, porque pone en un contacto cada vez más próximo a los seres humanos con la fauna silvestre más desconocida, y a través de él, a las partículas víricas más letales. Los científicos señalen que eso justificaría “la vigilancia y, en concreto unas ‘vigilancias continuas’ y a gran escala”.

Dos consecuencias. Los dirigentes mundiales se están llevando una soberana lección con esta pandemia global. Pero ¿son gente capaz de aprender?, me pregunto aún. Así que pienso, desde mi insignificancia indignada que deberían, de una vez por todas, cambiar su conducta. Pero ¿tolerarán, los ciudadanos, después de los que estamos viviendo, que los dirigentes democráticos a nivel mundial dejen de cumplir con sus obligaciones, dada la enorme cantidad de vidas en juego? Eso está por ver.

Mientras termino de escribir estas palabras, me llega la confirmación de la noticia de que el presidente de EEUU acaba de firma y publicar una orden ejecutiva de retirar los fondos que su país aporta a la Organización Mundial de la Salud, ante el estupor, entre otros muchos, del presidente de la asociación médica americana. ¿Es esta acción una especie de venganza humana ciega contra el Covid-19 que, al parecer, está fastidiando pomposas cifras de popularidad, que habían crecido al ‘ponerse al frente’ de país en esta crisis, además estropear el curso de una campaña electoral, que esperaba fuera un simple ‘paseo militar’, nunca mejor dicho? Tal vez. Tras lo visto, y lo dicho, decido terminar esta vez, con una frase de Albert Einstein que pronunció algo más de un siglo en la Universidad de Princeton: “La inteligencia tiene sus límites, pero la estupidez, no”. No hay mejor descripción para mucho de lo que está pasando que esta pandemia global.