A fondo    Smart cities

Arquitectura cooperativa y sostenible para reactivar ciudades

Guarderías donde antes había ruinas, cubiertas que gestionan el ciclo energético del edificio, nuevos materiales en prefabricados... las innovaciones de Cities Connection Project

25 ABR. 2019 - Barcelona
12 minutos
Uno de los espacios que se han podido conocer en la última Cities Connection Project. / Andrés Flajszer

La arquitectura que desea implicarse en un proyecto que depende las arcas públicas tiene que afilar el ingenio. Demasiado a menudo, las limitaciones de actuación son los recursos económicos, siempre escasos. Xavier Bustos y Nicola Regusci, creadores de Cities Connections Project (CCP), una iniciativa promovida por la Agencia de Apoyo a la Arquitectura de Barcelona (AAAB), consiguen dar a conocer los proyectos de muchos despachos de jóvenes arquitectos europeos que han implementado soluciones eficientes, sostenibles e innovadoras y, sobre todo, adaptadas a los rancios presupuestos de las administraciones públicas. Y no solo eso, sino que además estas actuaciones arquitectónicas están pensadas para recuperar zonas degradadas de las ciudades e incluso para reactivarlas desde cero.

Desde 2013, la propuesta de CCP interrelaciona la actividad pública arquitectónica de Barcelona con la de otro espacio urbano europeo, generando sinergias entre arquitectos, agentes culturales, gobiernos y universidades. Después de pasar por Ticino (Italia), Ginebra, Zúrich y Arc Lemanique (Suiza), donde se mostraron obras de vivienda social, colectiva, cooperativa y de conexión con el espacio público, en su quinta edición, el CCP muestra estos días, en el Centro Arts Santa Mónica de Barcelona, 20 obras de la arquitectura pública de equipamientos urbanos reactivadores de la ciudad realizadas en el área metropolitana y en la misma capital catalana, y 20 actuaciones más correspondientes a las actuaciones en Bruselas y su entorno urbano amplio, con ejemplos realmente espectaculares.

Edificios en ruinas se han convertido de pronto en guarderías, centros cívicos, academias de danza, escuelas o espacios polivalentes sostenibles y enérgicamente eficientes, aprovechando todos los elementos arquitectónicos disponibles, utilizando nuevos materiales para los elementos añadidos, repensando la ventilación para que la energía consumida sea la menor posible, optimizando la luz y la temperatura, reutilizando el agua de lluvia y residual y, sobre todo recuperando esos espacios que los barrios más depauperados de las ciudades daban ya por perdidos.

La guardería Patufet, por ejemplo, está ubicada en el parque de la Remunta de L’Hospitalet de Llobregat. Allí se erigían unas antiguas caballerizas del ejército en ruinas, en un entorno de descampados y fábricas, con vías rápidas como límite. “La transformación realizada por el despacho Baas Arquitectura ha conseguido no solo ofrecer un centro educativo de alta calidad para docentes y alumnos, con espacios de luz que aprovechan el sol hasta el último de sus rayos e interiores de madera que aíslan de la temperatura exterior y hacen del espacio un lugar energéticamente eficiente. El centro también ha convertido el entorno de la escuela en un centro lúdico y de reunión para los vecinos de la zona donde antes solo había basura”, explica Bustos.

Las actuaciones arquitectónicas, que combinan tecnologías de sostenibilidad y eficiencia energética al menor coste posible, constituyen auténticas obras disruptivas en entornos urbanos degradados, “pequeños grandes milagros”, puntualiza Bustos, a nivel estructural pero también social. Una nueva consecución en esta línea esperanzadora para disponer de unas urbes más equilibradas es la actuación arquitectónica en el centro cívico y para personas mayores del barrio barcelonés de Baró de Viver. La obra del estudio Arquitectura 24, ubicada en los límites de la ciudad y en lo alto de la montaña, ha conseguido envidiables niveles de eficiencia energética y confort. Su cubierta hiperequipada gestiona los ciclos energéticos del edificio, tanto de la producción energética eléctrica como de la climatización y del ciclo del agua.

“Se aprovecha el agua de la lluvia y de los sanitarios para regar las plantas enredaderas que crecen en la valla que lo circunda y la vegetación ubicada en el tejado”, comenta Bustos. Él mismo destaca el diáfano y luminoso interior, de una sola planta i tres espacios diferenciados, “que utiliza, en uno de ellos, grandes cortinas, de material transparente en la parte superior para permitir que la luz no encuentre obstáculos en su expansión, y que permite la división de la sala según convenga en cada momento”. El nuevo equipamiento se ha realizado con elementos prefabricados, a un coste de poco más de 1.300 euros el metro cuadrado, consiguiendo vertebrar la actividad lúdica de jóvenes y ancianos del barrio en un entorno vacío hasta entonces.

Edificios responsables

Rehabilitación de edificios maltrechos ahora destinados a vivienda dotacional –la dirigida a colectivos específicos como jóvenes, ancianos o personas con necesidades asistenciales- o temporal para colectivos vulnerables, que observan tres criterios básicos: la responsabilidad urbana, social y energética. Antiguas fábricas en desuso convertidas en factorías de creación artística, con grandes ventanas y cierres modulados, y halls que permanecen siempre abiertos para las necesidades del barrio; construcciones con materiales sostenibles y reguladores de la energía; o calles empinadas repletas de viviendas unifamiliares precarias, construidas con las manos de sus propios inquilinos, convertidas ahora en pequeñas plazas de uso público y vertebradoras de la vida social del lugar.

Este es el caso del proyecto Square Street, de Bosch Capdeferro Arquitectura, ubicado en el Turó de la Rovira, una zona de grandes contrastes, donde se construyeron casas de verano de familias acomodadas de la ciudad junto a barracas de los llegados por aquel entonces -la postguerra- en busca de una mejor vida. Con grandes desniveles y casi nada alrededor, la intervención arquitectónica ha permitido dar vida a un nuevo espacio de relación social, convirtiendo cada desnivel en una extensión de patio de la vivienda y plaza pública a la vez, donde vecinos y visitantes comparten uno de los lugares con mejores vistas de la ciudad.

La guinda de este conjunto de obras arquitectónicas casi imposibles la constituye el proyecto Ressò, elaborado por el equipo del mismo nombre, nacido dentro del marco académico de la Escuela de Arquitectura de Sant Cugat para el concurso universitario internacional de prototipos sostenibles Solar Decathlon Europe 2014. Celebrado en la ciudad francesa de Versalles. Ressò propuso una estrategia de rehabilitación urbana como respuesta al contexto de emergencia económica, social y ecológica que plantea el modelo actual de crecimiento de las ciudades, un proyecto que recibió el primer premio en Arquitectura, el primero en Innovación y el tercero en Diseño Urbano, Transporte y Accesibilidad.

El equipo de arquitectos de Ressò erigió con sus propias manos un habitáculo en dos niveles de 12x12 metros de planta y 5,5 metros de altura. La edificación, de bajo consumo energético, fue construida con materiales de bajo impacto. Se mezclaron madera y acero, se utilizaron sistemas desmontables y reutilizables, se colocaron placas solares y térmicas, se alzó la base con un centenar de pequeños apoyos para evitar humedades, se ubicaron unos tubos situados en la cubierta -con una capacidad de hasta 900 litros- para captar el agua de lluvia para uso sanitario y calefacción  y se orientaron las fachadas -construidas con doble piel de policarbonato, para crear una cámara de aire que permitiera regular la temperatura del interior- para aprovechar al máximo la radiación solar. Auténtica arquitectura bioclimática, con un coste de 350.000 euros.

La construcción debía ser capaz de adaptarse a diferentes usos, con lo que disponía de diversos elementos divisorios modificables. La obra que debía desmantelarse después del certamen y ubicarse en los jardines de la escuela como ejemplo de arquitectura, se convirtió en centro cívico y primer Centro de Energía de un barrio degradado de la ciudad barcelonesa de Rubí, una plataforma que aglutina ciudadanos, administración pública, universidad y empresas con el objetivo de promover iniciativas colaborativas para la transformación del barrio. Una auténtica muestra de que con muy poco puede hacerse mucho. La arquitectura eficiente, sostenible y tecnológica de jóvenes estudios hace posible el acercamiento hacia unas urbes más inteligentes y, sobre todo, más humanizadas, algo que para algunos ya solo era utopía.