A fondo    Alimentación

Bayer alerta: "Europa puede convertirse en un museo de la agricultura"

La multinacional afirma que la regulación limita la innovación en un sector que la necesita más que nunca. Critica que las sentencias de la UE, como la de igualar el CRISPR a los transgénicos, se basen en "emociones y no en ciencia"

23 SEP. 2018 - Monheim (Alemania)
12 minutos
El evento de Bayer ha reunido a más de 100 periodistas de 78 países. / INNOVADORES

La seguridad alimentaria es el gran reto". Así arranca el presidente de Bayer Crop Science, Liam Condon, el gran evento del futuro de la agricultura que la multinacional ha celebrado esta semana en su sede central, en Monheim (Alemania). Un rápido resumen: 10.000 millones de personas para 2050, calentamiento global, tierra limitada, nuevos hábitos alimentarios… "Se necesitan soluciones holísticas más que nunca".

En su cruzada por ofrecer este enfoque integral, la compañía justifica la reciente adquisición del gigante biotecnológico Monsanto por 66.000 millones de dólares. "Es tal el desafío que necesitaba un paso adelante completo". La rama agro de Bayer pasa así a controlar tres negocios en uno: las semillas, la protección de las plantas y la llamada granja digital. Pero a esta transformación se le ha abierto un nuevo frente: el de la regulación. 

"La innovación muchas veces está restringida por las políticas públicas". La frase es de Jesús Madrazo, responsable de Asuntos Agrícolas y Sostenibilidad de Bayer Crop Science, y viene a cuento de varias decisiones judiciales recientes. La primera se remonta a finales de este julio con la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que establece que los organismos obtenidos por mutagénesis mediante técnicas de edición genética (como CRISPR, entre otras) en el ámbito de la agricultura, sean considerados Organismos Modificados Genéticamente (OMG), o sea, transgénicos. "Ha sido una decepción tremenda", confiesa delante de periodistas de 78 países el responsable de I+D de Bayer Crop Science, Bob Reiter.

"La innovación muchas veces está restringida por las políticas públicas"

Para entender este ‘fracaso’ de la comunidad científica (al menos, de la amplia mayoría), Madrazo explica la diferencia entre las dos técnicas. "Con CRISPR no hay ninguna introducción de un gen externo, es simplemente la inhibición o el reacomodo de algún gen de la misma planta". Y concluye: "No se altera el ADN de la planta". Mientras que en un transgénico, se introduce una característica de una especie distinta que, de otra manera, no se encontraría en la planta. La sentencia de la UE, por tanto, restringe y limita el desarrollo del conocido como ‘corta y pega’ genético

La crítica de la multinacional es que este tipo de fallos judiciales, con tremendas repercusiones para el campo, no se está basando en fundamentos científicos. "Es muy desilusionante que no se tenga la ciencia en cuenta", afirma Madrazo, recién incorporado a Bayer tras 20 años de trayectoria en Monsanto. "Todas estas decisiones terminan impactando en el agricultor, que es quien realmente necesita herramientas para enfrentar los nuevos desafíos". Y recuerda: "La agricultura no es estática, va evolucionando, y cuando la innovación no sucede, el agricultor tiene limitaciones importantes tanto en rentabilidad como en sostenibilidad".

La estrategia de Bayer pasa ahora por el diálogo, tanto con la Administración europea como con el resto de agentes implicados. Su idea es desarrollar una estrategia común que vaya más allá de esta última decisión judicial. "Nuestra preocupación es que Europa se convierta en un museo de la agricultura", destaca Madrazo. "Esta es la dicotomía: nunca habíamos visto tanta innovación en nuestra industria y Europa se está quedando atrás". 

"Es muy desilusionante que no se tenga la ciencia en cuenta"

El director de Asuntos Agrícolas de Bayer reflexiona sobre las consecuencias comerciales de estas normativas. "Son una potencial barrera para el comercio", indica. "Para que nuestros agricultores de Brasil puedan vender sus cosechas de soja en Europa, necesitan una aprobación para la importación del evento biotecnológico", comenta. El problema es que este permiso se concede en un plazo de entre dos y tres años. "Con la nueva norma, si se necesita una aprobación para cada innovación genética que se lanza al mercado, entonces no sólo impactará en el acceso del agricultor a la tecnología, sino en el propio flujo comercial entre países".

"Al final, la conversión no debería girar en torno al CRISPR o los transgénicos, los dos son procesos científicos altamente probados, seguros y generan un beneficio importante en la agricultura. Lo que limita al agricultor es la falta de acceso a la innovación", defiende.

El caso del glifosato

"La ciencia y la innovación van tres pasos por delante de la capacidad regulatoria y las políticas públicas", continúa Madrazo. El directivo de Bayer se refiere aquí a otra reciente sentencia desfavorable para su empresa. En este caso, la decisión es de un tribunal de San Francisco (EEUU) , que el pasado 10 de agosto condenó a la aún Monsanto a indemnizar a un jardinero con cáncer terminal con 289 millones de dólares por daños y perjuicios. El hombre aseguró que su enfermedad se originó a causa de su exposición al producto estrella de la compañía, el glifosato, el herbicida más utilizado en el mundo.

La polémica ha estado presente desde el nacimiento de este compuesto, inventado por la propia Monsanto en 1974 bajo la marca Roundup y que hoy comercializan más de 20 empresas. El producto mata las hierbas como ninguno, pero tanto las buenas como las malas, así que en los 90 la biotecnológica empezó a vender semillas transgénicas capaces de resistir a los devastadores efectos del herbicida. 

Es una dicotomía: nunca ha habido tanta innovación y Europa se está quedando atrás

La caja de Pandora se abrió en 2015, cuando la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), perteneciente a la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo clasificó como un producto "probablemente carcinógeno para el ser humano". Así, lo incluyó en la categoría 2A, que comparte con otras acciones tan eclécticas como tomar bebidas muy calientes (a más de 65º), el consumo de carne roja o ser barbero.

Un año después, tres grupos diferentes de la OMS estudiaron su toxicidad y coincidieron en que era improbable que el glifosato presentase un riesgo carcinogénico para los humanos. Desde Bayer defienden que otros 800 informes de organismos oficiales corroboran esta última conclusión.  

"Hay pendiente una conversación responsable que tiene que ver con las consecuencias no intencionadas de estas políticas que sólo toman un punto de vista", subraya Madrazo. Se refiere a qué pasará con el campo si se prohibiese el uso de glifosato en Europa. "Primero, toda la conservación de suelo se elimina y eso quiere decir que se aumentan las emisiones de dióxido de carbono", señala.

A ello, continúa, se une un consumo mayor de agua en el regadío y un control de maleza menor. "Sin embargo, la conversación gira totalmente hacia la parte emocional y no hacia sus implicaciones agrícolas". Para el directivo de Bayer, estas consecuencias se resumen en una industria con menor rendimiento y mayor costo. "El sustituto del glifosato va a ser mucho más tóxico o más manual y eso va a tener un impacto en la cadena de valor y en el precio para el consumidor". 

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