Agro    POR DENTRO

Biofy, o cómo la gasolina del futuro estará hecha de residuos plásticos

Reciclar las bolsas y botellas de este material en forma de combustible es la idea que cinco universitarios de Málaga han materializado gracias a la pirólisis

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Miembros de Biofy, tras ganar la edición nacional del Startup Programme en Madrid. / FUNDACIÓN JUNIOR ACHIEVEMENT

F ernando, Daniel, Marcelo, Melanie y Victoria son universitarios, proceden de Málaga y, en las últimas semanas, han pasado de pasar horas en las aburridas aulas a protagonizar los titulares de varias competiciones de startups a escala nacional e internacional. No en vano, estos cinco amigos han ganado en apenas dos meses la edición nacional del Startup Programme de Junior Achievement, han sido finalistas de Pascual Startup 2018 y han vuelto a sus orígenes para vencer, esta vez en la convocatoria europea, de Junior Achievement.

Fernando Matías Canale y Daniel Gil-Félez son ingenieros, Melanie Carril y Victoria Rubio son expertas en marketing y Marcelo Hornillos está enfocado a las ventas. Cinco perfiles muy diversos que comparten dos bazas que les han llevado hasta este dulce momento: el empuje y la ilusión que solo la juventud puede proporcionar y, lo más importante, una idea en la que negocio, conciencia cívica, innovación y Biofy, o cómo la gasolina del futuro estará hecha de residuos plásticos, van cogidos de la mano.

Biofy, que así se llama su propuesta, busca cerrar el círculo de vida del petróleo, convirtiendo los residuos plásticos que inundan actualmente nuestros vertederos o copan nuestros mares (se estima que en 2020 habrá una tonelada de plástico en los océanos por cada tonelada de peces) en combustibles aptos para su consumo en el ámbito industrial, barcos mercantes o en el sector agrícola.

El funcionamiento de su tecnología no reviste extraordinaria complejidad: mediante un proceso de pirólisis (en el cual se degrada, mediante calor, los componentes del plástico en ausencia de oxígeno) se transforman los residuos de tipo LDPE (polietileno de baja densidad, usado en bolsas de plástico o en vasos y platos de usar y tirar) y HDPE (su homólogo de alta densidad, empleado en botellas y tapas) en fuel oil ligero con menos del 0,1% de azufre.

El objetivo de Biofy tiene, por tanto, una doble vertiente. Por un lado está el componente medioambiental (sus impulsores aseguran que se ahorran 2,5 toneladas de CO2 equivalente por cada tonelada de plástico tratada con su sistema). Por otro, dotar a un país como España -sin apenas fuentes propias de petróleo- de una cierta autonomía energética a partir del reciclaje de los plásticos que ya manejamos en la actualidad. "Además, el precio de nuestro combustible, al ser de producción nacional y de residuos plásticos, no estará sujeto a las oscilaciones del mercado o las inestabilidades políticas de países productores", añade esta particular reinvención de los famosos cuentos de Los Cinco, por Enyd Blyton.

Por el momento, Biofy cuenta con el apoyo de entidades como Gas Natural Fenosa e Innoenergy (CleanTech Camp), ha realizado sus primeras pruebas de concepto y está ultimando los detalles de su despliegue a gran escala. "Haremos plantas modulares centradas en un solo tipo de combustible, en un principio solo a escala nacional por el coste logístico, aunque estamos en contactos con China para profundizar en nuestra idea". Inicialmente, su fuel oil irá destinado a grandes hornos (cementeras y metalurgias) y petroquímicas, para ir expandiéndose a otros verticales.