Opinión    La ventana

Bioimpresión: realidad y ficción

Pedro Martínez Seijas
13 NOV. 2018
5 minutos
Esta técnica, aún en desarrollo, permitiría fabricar tejido a partir de células del paciente y no habría rechazo. / Piron Guillaume / Unsplash

Hoy en día la medicina personalizada, como la fabricación de órganos para trasplante, está en boca de todos. No obstante, necesitamos centrarnos en la situación real actual y no llevar a falsas esperanzas, pues los pacientes tienen situaciones límite, vivencias, miedos, esperanzas y desafíos que nadie conoce como él mismo.

Al fabricar un tejido a partir de células del propio paciente no habría rechazo

¿Qué es la medicina personalizada? Se entiende por ella la que trata de hacer “trajes a medida del propio paciente”.

En línea con esto surge la impresión 3D médica como una herramienta multidisciplinar, transversal y multiforme. Herramienta que permite al médico ofrecer al paciente formas de tratamiento impensables hace una década. Multidisciplinar porque precisa de varios actores con conocimientos diversos que se orientan bajo la batuta del médico para dar solución al paciente. Multiforme desde el punto de vista tecnológico: desde los biomateriales que se pueden imprimir -resinas, plásticos, metales-, hasta las variadas formas de imprimirlos mediante extrusión, láser, inyección

Una parte de la impresión 3D médica es la bioimpresión, que se define como la forma de estructuras tridimensionales mediante un armazón, células, moléculas, matrices extracelulares y biomateriales. De esta forma, con un modelo teórico se pueden fabricar desde estructuras biológicas celulares sencillas, a tejidos y hasta órganos.

En aras a la verdad, la bioimpresión está aún en fase preclínica, en estudios de experimentación y probablemente hasta dentro de uno o dos decenios no veremos órganos fabricados en el laboratorio para ser trasplantados. Esta posibilidad abre un horizonte donde al fabricar un tejido a partir de células del propio paciente no habría rechazo, evitando tomar medicamentos que lo evitaran.

Los usos de la bioimpresión son, por un lado, crear estructuras tridimensionales con células vivas para testar medicamentos “in vivo”, sin el riesgo para los pacientes. Punta de lanza para fabricar tejidos primero, y luego órganos, para el trasplante. Una técnica que ya se está empezando a utilizar con piel humana para quemados.

Ingeniería tisular para generar y fabricar estructuras determinadas como las válvulas del corazón, meniscos, tendones para reparar tejidos sin tener que tomarlos de un cadáver o del propio paciente.

Unos de los primeros casos usados con éxito en tratamiento compasivo fue en 2015 (esto es que no tenemos ningún tipo de tratamiento para esos casos y se aprueban tratamientos innovadores de la punta de lanza). Tres niños con traqueomalacia en que se imprimió una estructura a medida cilíndrica y hueca en policaprolactona -poliéster biocompatible reabsorbible- que funcionaba como un andamio temporal hasta que los bronquios tomaban cierta  consistencia para no colapsarse.

La bioimpresión está cerca, pero como ha ocurrido en otros casos, la medicina regenerativa puede ser ese escalón intermedio hasta poder llegar a la impresión de órganos para implantar. Así ha ocurrido con la piel. Hace años se tomaba piel del paciente y se hacía crecer en cultivos celulares para luego poder colocarlos en el paciente. En la actualidad la Sanidad está en disposición de acelerar este proceso usando la impresión 3D.

En un futuro se podrá ver lo que visionarios como George Lucas ya predecían en sus películas, permitiéndonos vislumbrar un futuro donde los robots imprimían sobre el propio paciente los tejidos que habían sido dañados o perdidos.

Pedro Martínez Seijas, doctor en Medicina y Cirugía