Opinión    #SomosMujeresTech

¿Creamos vínculos emocionales con la tecnología?

Eloísa Alonso
01 OCT. 2019
6 minutos
Nuestra relación con los avances de la tecnología. / Alex Kotliarskyi / Unsplash

Si introducimos la palabra "tecnología" en Google, los resultados nos darán frases como; "La tecnología nos salvará", "la tecnología puede salvar el planeta", "por qué la tecnología es mala", "cuando la tecnología falla", “la tecnología abre las puestas a nuestra intimidad”, “la tecnología pone en peligro en trabajo en el futuro”. Las consultas simplemente confirman lo que ya hemos aprendido en los últimos años: la tecnología es omnipresente, pero puede que no sea tan buena para nosotros, es la gran duda que empieza a preocupar de forma alarmante a todos nosotros.

La investigación sobre hábitos de consumo a menudo se basa en el análisis de la conversación, lo que los individuos discuten públicamente, pero más interesante, aunque mucho más restringido por muy buenas razones, son los datos de búsqueda. Nuestra confianza en Internet para obtener información significa que la búsqueda de datos es una de las formas más útiles para comprender lo que está interesando o preocupando a la población o a grupos de personas.

Todavía nos encontramos cómodos paseando por Google, creemos que es un acto “privado” …y bajamos la guardia!!!

La dependencia de la tecnología crece a velocidad de vértigo.

Mirando hacia atrás a algunas de las primeras innovaciones del mundo, podemos hacer una evaluación de donde llega la inteligencia humana, responsable de crear productos prácticos con claros beneficios para las personas. El Sony Walkman cambió la forma en que pudimos disfrutar de la música; la fotografía nos permitió capturar la historia visualmente, los modernos electrodomésticos facilitan la vida de las familias y la mensajería instantánea nos dio la posibilidad de hablar en tiempo real con cualquier persona en el mundo, evitando muchos viajes y reuniones innecesarias. La mayoría de nosotros argumentaría que hizo nuestras vidas un poco más emocionantes y fáciles, pero a medida que se desarrolla la nueva tecnología, también está influyendo en el comportamiento y de una manera cada vez menos sutil.

Durante la última década, las compañías tecnológicas han argumentado que sus productos son más rápidos, más pequeños y más ligeros, pero cada vez es más difícil notar la diferencia año tras año. Los diseñadores e ingenieros comenzaron a crear dispositivos que eran más 'inteligentes', receptivos y en sintonía con las emociones de los individuos.

El fundador de PayPal hizo un comentario sobre lo que percibe como un estancamiento tecnológico: “Nos prometieron coches voladores; tenemos 140 caracteres".

¿Y si todo se vuelve más complicado con Tech?

A medida que cedemos más información de nuestros datos para nutrir la inteligencia artificial y el aprendizaje automático, sin olvidar los adelantos que se está llegando en la robótica y muchos avances más, que ni siquiera podemos llegar a imaginar, se cuestiona cada vez más intensamente nuestra relación con la tecnología, principalmente porque está empezando a asustarnos.

Esto, a su vez, nos ha obligado a pensar de manera más crítica y a recuperar algo de racionalidad a nuestras decisiones. ¿Para qué necesitamos la tecnología X? ¿Está reemplazando algo que solíamos encontrar valioso? Ya sabemos que las pantallas están reemplazando las interacciones humanas, creando una crisis en las habilidades sociales que puede causar que nuestros hijos pierdan la capacidad de comunicarse. Quizás hay que empezar a plantearnos cómo “enfriar” nuestros lazos emocionales con la tecnología y recuperar la manera de pasar nuestro tiempo mejor.

Si no pensamos más críticamente, podríamos terminar haciendo cada vez más cosas automáticamente. Y si hacemos las cosas más automáticamente, somos más predecibles, creando un trabajo más predecible. Por lo tanto, por mucho que queramos evitar las tareas aburridas, queremos asegurarnos de mantener el control sobre nuestra relación con la tecnología.

¿Nos salvará la tecnología? Depende de cómo la utilicemos.

Eloisa Alonso Consejera Hill+Knowlton Strategies España