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Crean un bioplástico con los desperdicios de la cáscara de langostas

Investigadores del Imperial College de Londres desarrollan máquinas para extraer la quitina y fabricar este material biodegradable

04 JUN. 2019
3 minutos
Algunos de los productos fabricados con este biomaterial. / The Shellworks

Investigadores del Imperial College de Londres han desarrollado una serie de máquinas que extraen, forman y reciclan un material fabricado con desperdicios de cáscara de langosta y otros crustaceos. Según el estudio, este nuevo material biodegradable podría usarse para sustituir a los plásticos de un solo uso. 

El proyecto utiliza la quitina, el segundo biopolímero más abundante del mundo (un plástico producido naturalmente). La quitina se encuentra en crustáceos, insectos y hongos, pero debe extraerse químicamente de la fuente antes de que se pueda convertir en el material.

El chitosán, la versión comercial de la quitina, es caro de comprar y su proceso de extracción es largo y complejo, por lo que el equipo de investigación ha optado por construir una serie de extractores a pequeña escala que permite el proceso inicial para extraer la quitina de los residuos de mariscos.

En concreto, el equipo londinense ha desarrollado tres máquinas para fabricar este biomaterial. Dippy es una moldeadora capaz de crear recipientes 3D como tazas y contenedores. Vaccy desarrolla láminas bioplásticas para formar envases que pueden adquirir la forma de cualquier objeto. Y, por último, Sheety puede transformar la solución bioplástica en láminas planas de este material, utilizando la forma líquida del bioplástico.

"El material es fácilmente reciclable y se puede volver a convertir en la solución bioplástica original", explican los investigadores, que destacan que al final de la vida útil de este material, "se puede verter en el suelo en forma líquida como un fertilizante natural y no contaminante".

Con estas máquinas personalizadas se han creado unos prototipos que “explotan las propiedades específicas de este material para demostrar su potencial”. Estos prototipos van desde un blíster antibacteriano hasta bolsas para alimentos o macetas autofertilizantes.

Estos procesos de fabricación escalables, junto a las aplicaciones adaptadas al material, demuestran “cómo el bioplástico chitosán podría convertirse en una alternativa viable para muchos de los productos plásticos que utilizamos hoy en día” de un solo uso.