Opinión    Datos

El blockchain como herramienta para democratizar el big data

Con esta tecnología se puede construir un ecosistema de datos en el que convivan intereses de empresas y personas

Luis Gelado
15 FEB. 2019
11 minutos

Los datos y el big data asociado a los mismos son la nueva materia prima natural de este siglo XXI, el nuevo petróleo. IDC afirma que actualmente se generan más de 2,5 trillones de datos cada día y calcula que en 2025 el volumen de datos existente en todo el mundo alcanzará los 163.000 millones de zettabytes.

Se trata sin duda de toda una nueva industria que duplicará su tamaño a lo largo de la próxima década. De hecho, los datos son la fuente de información sobre la que se basarán el 95% de las decisiones corporativas en el futuro y aquellas compañías que se queden fuera de estos procesos analíticos dejarán de ser competitivas.

Estas cifras nos dan una idea de la cantidad de información que está a disposición de quien la quiera aprovechar y todos somos conscientes a estas alturas de que las empresas ya están utilizando parte de toda esta información y de nuestros datos personales en su beneficio.

Actualmente se explota sólo el 5% de los datos generados, lo que nos permite imaginar lo que se podrá construir y evolucionar en el momento en el que se construyan los puentes adecuados entre generadores de datos y compradores. El potencial es inmenso. Y es que muchas de las principales apps que utilizamos cada día nos ofrecen un servicio gratuito a cambio de poder acceder a nuestros datos personales. Así ha estado estructurado el mercado del big data a lo largo de la última década. Nosotros, los usuarios, nos hemos convertido en el producto que muchas compañías venden a sus clientes. Además, durante los últimos años hemos asistido a diferentes escándalos (como el de Cambridge Analytica) que sin duda sirvieron para minar la confianza de los usuarios. Poco después, y en parte para recuperarla, entró en vigor el nuevo Reglamento General de Protección de Datos de la UE (GDPR) que intenta poner coto a las prácticas abusivas que algunos han puesto en marcha de un tiempo a esta parte.

En este contexto y pese a que es evidente que algo hemos avanzado en los aspectos de privacidad, hay un factor de la ecuación que, para nosotros, sigue siendo el gran olvidado: las personas (que a fin de cuentas son las que generan los datos). Sin ellos el mercado simplemente no existiría.

El mercado del big data y la analítica de negocio es la gran mina de oro de nuestros días. Solo en 2019 se estima que genere unos ingresos de cerca de 252 millones de euros en nuestro país (más de 50.000 millones de ingresos en todo el mundo) y siga su imparable crecimiento hasta alcanzar los 260.000 millones de euros en todo el mundo en 2022 (IDC).

Por ese motivo, creemos que no es un modelo sostenible el que las empresas se encuentren cada vez con más barreras para poder aprovechar todo este potencial. Por otro lado nos parece injusto que mientras el mercado sigue multiplicando sus beneficios, el verdadero propietario de toda esta información (las personas) siga sin recibir contraprestación económica a cambio. Nuestra completa identidad personal y digital está en juego y debemos ser conscientes del valor que ese YO tiene en el mercado.

Ha habido ya proyectos en otros mercados que planteaban el pago a las personas a cambio del uso de sus datos pero no en el origen, es decir en el mismo momento en el que los genera y los pone a disposición voluntariamente de quién quiera comprarlos, sin esperar a que se hayan vendido y se haya sacado un beneficio por ellos. Además, otra de las reticencias de los usuarios a la hora de facilitar sus datos siempre ha sido el miedo a verse luego impactados por ofertas, publicidad y mensajes intrusivos. Los datos, con fines estadísticos y con fines de consultoría suponen un gran porcentaje de la actividad en el mercado. Aprovecharse del acceso a los datos para luego montar modelos publicitarios tiene los días contados.    

En lo que a las empresas se refiere, son numerosas las barreras a las que se enfrentan en este mercado del big data. Desde los comentados retos de privacidad y consentimiento por parte del usuario, hasta su limitada capacidad para comprobar la veracidad de los datos que compran (¿cómo pueden estar seguras de que son100% fiables y verdaderos? ¿Existen procesos de auditoría de los mismos?), el acceso a la información de pequeñas y medianas empresas que normalmente no pueden permitirse grandes desembolsos de dinero o la nula agilidad de los procesos de negociación, que en ocasiones pueden alargarse por encima del año de duración.

La solución a todos estos retos estaba ya en nuestras manos: el blockchain, una tecnología que ha llegado para quedarse y que según IDC tendrá una tasa de crecimiento anual compuesta del 73,2 % entre 2017 y 2022. Gracias al blockchain podemos construir un ecosistema de datos en el que intereses de empresas (independientemente de su tamaño) y personas puedan convivir, obteniendo todos un beneficio económico acorde a su participación en el sistema.

Este marketplace (en realidad un protocolo descentralizado) será una plataforma autosuficiente donde se comprarán y venderán los datos de forma segura, justa y ordenada. Las empresas podrán entrar en el marketplace y acceder a los datos que necesitan en apenas horas, además de permitir a las pymes que no disponen de  la capacidad de negociación de las grandes corporaciones, acceder a grandes paquetes de datos a un coste razonable y adecuado a su capacidad. Y es que lo maravilloso del blockchain y de los modelos criptoeconómicos es que elimina la arbitrariedad a la hora de definir los precios, ya sea para recompensar al usuario (es el propio algoritmo de cálculo del protocolo el que calcula la retribución, de tal forma que cuanta más información venda más dinero recibirá), como para fijar el precio que debe pagar la empresa. La aparición de esta tecnología está permitiendo replantearse completamente muchos de los modelos de negocio actuales. Hace posibles perspectivas desconocidas y permitirá reconfigurar industrias como la del big data, haciéndolas más eficientes y justas.

El coste estará vinculado siempre a una criptomoneda que cotiza, que tiene un valor público y que podrá canjearse por Bitcoins, Ethereum o FIAT tradicional, de tal forma que se puedan conseguir reducciones de hasta un 90% en los precios que se están pagando actualmente por paquetes de datos.

Por otro lado, la tecnología blockchain también resuelve el reto de la veracidad de los datos que compran las empresas, ya que permite ir a la propia fuente donde se generan, realiza un seguimiento activo y permanente, protege los sistemas contra errores y reduce los riesgos de fraude. Y todo ello asegurando la privacidad del usuario que genera los datos, ya que las empresas solo tendrán acceso ,y siempre con el consentimiento de la persona, a datos generales sobre los terminales móviles o la localización, sin permitir que exista una comunicación bidireccional que incomode a la persona o la bombardee con mensajes intrusivos.

En definitiva, las empresas que quieran seguir siendo competitivas y respetuosas con los derechos de las personas en este nuevo mercado definido por los datos, deberán apostar por un nuevo paradigma que integre lo mejor del blockchain, el big data y los modelos criptoeconómicos. Y la buena noticia es que no estamos hablando de modelos teóricos a futuro: este paradigma es ya una realidad, nacerá con una base de más de 12 millones de usuarios activos en 150 países y sin duda supondrá la definitiva democratización del big data. Para ello estamos trabajando.

Luis Gelado, cofundador y CEO de GeoDB