Entrevistas    #SomosMujeresTech

“El cambio va más allá de lo digital, afecta al modelo de negocio”

El tamaño de la empresa y la educación deben centrar las políticas de innovación en España. Javier Vega de Seoane y Patricia Urbez protagonizan el primer diálogo con mujeres directivas en INNOVADORES

Patricia Urbez
26 MAR. 2018 - Madrid
15 minutos

La clave está en la amplitud de la perspectiva desde la que se analiza un fenómeno.  La directiva de Fujitsu Patricia Urbez, una de las fundadoras de la iniciativa #Somosmujerestech, dialoga con Javier Vega de Seoane, hasta hace unos días presidente del Círculo de Empresarios, con larga experiencia en órganos de gobierno de empresas de sectores tan diversos como la energía, la automoción, la metalurgia o las TIC.

Patricia Urbez: ¿En qué líneas ha puesto el foco durante su etapa en el Círculo de Empresarios?
Javier Vega de Seoane: Hoy el poder está más repartido, y si quieres influir, es más complejo, tienes que conectar con la sociedad. En esa línea, tenemos tres grandes vectores. Uno es el crecimiento. España tiene 2,7 veces el PIB de deuda, entre pública y privada. Ahora no nos preocupa tanto porque los tipos están muy bajos, pero eso va a cambiar. Conviene que generemos una dinámica de superávit fiscal. Tenemos un Estado del Bienestar que es muy caro, pero genera igualdad de oportunidades para los ciudadanos. Europa es el mejor sitio para vivir, pero tiene el 7% de la población mundial, el 20% del PIB y el 50% del gasto social y con esa mochila tenemos que correr y ganar competiciones a otros que no la tienen. Por tanto, necesitamos piernas más musculadas, ser más innovadores, más eficientes, más productivos. Y debemos hacer los deberes, las reformas estructurales, no podemos mejorar nuestra posición competitiva sin hacer nada.
¿Y los otros dos vectores?
El segundo vector es la calidad institucional. Y no sólo por un sentido de responsabilidad, sino porque, y empíricamente se puede constatar, existe una correlación entre la calidad institucional y la competitividad de las naciones. Y el tercer gran vector es la responsabilidad empresarial: tenemos que poner nuestras capacidades al servicio de la sociedad para resolver tantos problemas que hay y van a venir, y que las Administraciones no pueden o no saben. Los comportamientos responsables satisfacen a los que los generan y a largo plazo se reflejan en la cuenta de resultados.
El tejido empresarial español es de pymes, sólo un 0,1% tiene más de 250 trabajadores. Esta capilaridad conlleva un débil motor inversor para ponernos a la vanguardia de la tecnología y la innovación. ¿Qué ingredientes nos faltan a los españoles para ser más punteros?
En primer lugar, nos falta tamaño de empresa. Tenemos más o menos tres millones de empresas en España, de las que sólo el 0,1% son grandes, el 0,6% son medianas, el 4% son pequeñas y el 95% son microempresas de menos de 10 trabajadores. En Alemania, tienen el 0,5% de grandes, el 2,6% de medianas y el 14% de pequeñas. Hemos comparado a las empresas del mismo tamaño alemanas y españolas: en el caso de las grandes, somos más competitivos; y en el de las medianas, somos igual o más competitivos. Los alemanes son más competitivos porque tienen un mix mejor. A los políticos les digo: igual que en una sociedad sin una clase media fuerte la democracia no funciona, el tejido productivo, si no tienes una empresa mediana fuerte, tampoco funciona. La empresa mediana es la urdimbre de ese tejido, es fundamental, no sólo para ser competitiva, sino para conectarse con el sistema educativo, por eso hablamos de la formación profesional.
Que sigue desprestigiada en España.
Está devaluada. Y si no tienes ese tejido capilar de empresas medianas y grandes no puedes practicar la formación profesional dual que es la que realmente funciona.
De ahí la necesidad de conectar a la Universidad con la empresa.
En España estamos desconectados. En el siglo XX, como no había un Estado del Bienestar desarrollado, las grandes empresas se ocupaban de la formación. Todas tenían su escuela de aprendices, que era la formación dual. Luego pensamos que la educación era un tema del Estado, las empresas nos hemos ido apartando y la universidad se ha ido endogamizando. ¿Por qué es necesario el tamaño para competir en este mundo dual? Porque no puedes atraer talento, o no lo puedes retener si ya lo tienes. No puedes hacer innovación e I+D, no te puedes financiar adecuadamente y no te puedes internacionalizar. Si tuviéramos el mix de Alemania la productividad de la economía española aumentaría nada menos que un 15%.
¿Cómo hacemos para que las microempresas crezcan?
Primero necesitas más ambición. Ahí hay una labor de divulgación. Y hay que hacer cambios regulatorios. A partir de 50 empleados necesitas tener un comité de empresa y una burocracia trimestral, y cuando superas los seis millones de euros de facturación pasas a tributar en la Delegación Central de Grandes Contribuyentes. Se ve en las gráficas cómo cuando llegan a estos umbrales las empresas se embalsan. Hoy deberían elevarse esos umbrales a 20 millones de euros y 100 empleados. Sin tocar nada más, una empresa de ese nivel ya puede superar esas barreras.
Hablábamos de conectar el sistema universitario y la empresa.
El sistema educativo es la reforma más importante. Hemos hecho una foto de los chicos entre 24 y 35 años. Hemos comparado su formación con un panel con los 10 mejores países de Europa. De la calidad del producto se deriva la calidad del proceso. En España, en ese colectivo hay un 30% de universitarios, aunque pocos de ellos son STEM: en Madrid hay más estudiantes de Derecho que en todo Reino Unido y cada vez hay menos matriculados en ingenierías. El 20% tienen FP y el 50% tienen Bachillerato o menos. En Austria, Alemania o Suiza tienen un 30% de universitarios, mejor orientados, y entre un 50% y un 60% de FP, gran parte de ella dual. En España, muchos jóvenes tienen un nivel de empleabilidad muy bajo y si consiguen un empleo cobrarán salarios bajos.
¿Somos conscientes del cambio que avecina? ¿Cómo debe reaccionar el empresario ante el imperativo de la transformación digital?
Antes, los países avanzados teníamos el monopolio de productos y servicios, y ahora debemos competir con países con salarios más bajos y un Estado del Bienestar más liviano. Tenemos que salir de eso con innovación, tecnología, más productividad. No podemos ir a una estrategia competitiva con salarios bajos, porque siempre perderíamos y sería moralmente injusto. La sociedad no se conformaría. La estrategia que propugnamos es aumentar los salarios y la productividad. Para ello hace falta mejor educación y más tecnología.
La tecnología también requiere inversión, y hay muchas más políticas de la Administración centradas en infraestructuras.
Los políticos tienen una visión a corto plazo, porque su core business es ganar las elecciones. Las empresas entendemos perfectamente que antes de hacer la transformación digital hay que hacer una transformación cultural. Porque la tecnología no sólo te permite hacer lo mismo que hacías mejor, sino que te cambia el modelo de negocio. La transformación es más profunda que la que se deriva de digitalizar los procesos de siempre.
¿Cree que el mundo empresarial está transformándose para ser más equilibrado en acceso y sobre todo retención del talento femenino? ¿En qué se debe hacer hincapié especialmente en las carreras STEM, donde parece existir un techo de cristal?
Tenemos que generar una dinámica no sólo para las mujeres, sino en general. No defendemos la igualdad, no es una buena idea.
¿Por qué?
Defendemos la igualdad de oportunidades. Con este apellido la cosa cambia. En la igualdad de oportunidades sí cabe la libertad. El gran ecualizador es la educación, por eso la principal reforma estructural es el sistema educativo.
Eso es válido para las que vienen, pero ¿y las que ya están, esas mujeres de 45-50 años excluidas?
España tiene tasas de longevidad cada vez mayores y tasas de fecundidad pequeñas, sólo 1,3 hijos por mujer. Para mantener la pirámide normal en una sociedad necesitaríamos un 2,1. Tenemos que ver de qué manera reformamos las cosas para que el hecho de ser madre no tenga un impacto negativo en la vida profesional de la mujer. La clave es que la mujer no sufra las consecuencias de que vengan hijos, porque es una necesidad social.
Y está la brecha salarial.
En un mundo cada vez más transparente y en el que el talento es cada vez más necesario, quienes practiquen una política de discriminación salarial en función del sexo se equivocan y lo pagarán. Eso, de una forma natural dejará de practicarse. Parte de esa brecha salarial es estadística, porque la mujer se está incorporando al mercado laboral en los últimos 25 años. Por otro lado, muchas mujeres sienten la responsabilidad de ocuparse de sus familias y reparten su ambición entre el trabajo y el hogar. En Holanda, el 70% de las mujeres trabajan a tiempo parcial. Defendemos la libertad. No nos gusta ese feminismo radical que no cuenta con la persona que no quiere.
¿Cuándo voy a jubilarme?
No sólo es un problema de la inviabilidad del sistema de pensiones. No es razonable que se tenga que jubilar a los 65 años una persona que está bien físicamente, con ilusión y ganas de aportar, es un desperdicio. La tecnología lo va a resolver casi todo, menos las relaciones humanas. El gran peligro de la humanidad es que no somos capaces de entendernos y las personas de más edad conocen mejor la naturaleza humana, que es lo único que no cambia.