Opinión    Motor

El coche autónomo: la nueva plataforma digital

Carlos García Santos
24 JUL. 2019
8 minutos

El coche autónomo se acerca a una velocidad vertiginosa. Hace diez años que Google inauguró su programa de desarrollo y entonces no se concebía que fuésemos a poder verlos en las calles relativamente pronto. Sin embargo, compañías tecnológicas como Tesla, Apple, Uber y la propia Google hace tiempo que prueban sus propios modelos en ciudades. Waymo, la filial específica de Alphabet, levanta en Míchigan la primera planta del mundo dedicada solo a la fabricación masiva de estos coches; y las grandes compañías automovilísticas prevén, en los próximos cinco años, vender coches que se conduzcan solos en las autopistas.

Muestra de la apuesta de los fabricantes tradicionales por esta evolución son sus inversiones. Por ejemplo, Ford ha anunciado que dedicará 4.000 millones de dólares a su filial de vehículos autónomos en los próximos cinco años; mientras que Toyota tiene previsto invertir, junto con algunos proveedores, 2.800 millones de dólares en tecnología para el vehículo autónomo o Audi, que invertirá 16.000 millones en cinco años en tecnologías de transporte (servicios digitales, vehículo autónomo o movilidad eléctrica).

Los consumidores, por su parte, cada vez están más expectantes y abiertos. Según nuestros estudios, una cuarta parte de los consumidores a nivel mundial es partidario de utilizar uno de estos coches en los próximos doce meses, y a cinco años vista, la cifra se duplica.

Sin embargo, este camino no está exento de riesgos y dificultades. La conducción totalmente autónoma con condiciones adversas y en entorno complejos como las ciudades, son algunos de los escollos que todavía deben superar en el futuro, unido a los trámites legislativos que puede conllevar o los riegos asociados a la ciberseguridad del vehículo. Lo que es indudable es que las ayudas a la conducción están cada vez más presentes y crecerán conforme aumenten los niveles de autonomía.

El vehículo autónomo promete una transformación más profunda de lo que se puede apreciar a primera vista, tanto para el usuario como para los fabricantes. La idea misma de vehículo mutará igual que lo hizo la del móvil cuando pasó al teléfono inteligente. De hecho, todo apunta a que cambiará radicalmente el diseño tradicional del "coche tipo", y es que, por ejemplo, no tendrá sentido la distribución de dos personas mirando a la luna delantera si ya no tienen que conducir.

Por su parte, las empresas automovilísticas se transformarán a la vez que sus productos y veremos cómo dejarán de trabajar solo en la fabricación y mantenimiento de los equipos físicos para comenzar a dar servicios digitales, que nutrirán las capacidades del vehículo en su más amplio sentido. También esta faceta afectará a la red de distribución y concesionarios.

Conforme nos acerquemos a la conducción autónoma completa (nivel 5), cambiará el modo en que se vive el desplazamiento. El usuario no tendrá que concentrarse en conducir y estará más accesible, lo que abre una enorme oportunidad de negocio. Socializar o el entretenimiento son las dos principales actividades nombradas por los futuros usuarios del coche autónomo (63% y 57% de los futuros usuarios).

Este campo de juego está muy disputado entre los fabricantes de smartphones y de coches. Soluciones para integrar el móvil en el ecosistema de entretenimiento del vehículo como son Apple CarPlay o Android Auto están dando más peso a las compañías que tienen una relación y un ecosistema alrededor del cliente. Sin embargo, hay muchos más actores y el resultado todavía es incierto.

El sector de la automoción está dando muchos e innovadores pasos en este sentido, como muestran los grandes certámenes internacionales. Audi tiene una alianza con Disney y Marvel y recrea una nueva dimensión del entretenimiento a bordo en la que el pasajero puede experimentar con películas, videojuegos y contenido interactivo con gafas de realidad virtual. Hyundai tiene el primer sistema de navegación de Realidad Aumentada Holográfica, que permite interactuar con una pantalla virtual proyectada en el parabrisas del coche; mientras que Kia cuenta con un sistema que escanea el ritmo cardiaco y expresiones faciales de los pasajeros para personalizar la experiencia en función de su humor. La lista es amplísima.

Sin embargo, este viraje en la concepción del coche y el viaje no será solo hacia el entretenimiento. Se vislumbran diversidad de escenarios donde, por ejemplo, los fabricantes se alíen con las aseguradoras para monitorizar la salud de sus usuarios o el estado del vehículo y su conducción; o incluso con nuevos proveedores de servicios de datos, que proporcionen a los fabricantes un análisis detallado y en particular del comportamiento del usuario de cara a definir nuevos productos y servicios. También se vislumbra la integración de servicios tradicionales como es el taxi y la evolución de los servicios de coche compartido.

El sector de la automoción está dando un salto exponencial en el que se funden el coche eléctrico, el autónomo y los servicios de movilidad, y en el que se diluye la frontera que tradicionalmente ha separado a este sector de otros. El cambio demanda amplitud de miras para ir más allá del concepto tradicional del coche y de quién lo suministra, y establecer alianzas que mutarán la relación entre proveedor y usuario.

Carlos García Santos, Vicepresidente de Industria y Automoción en Capgemini Invent