Industria    Ingeniería

El exoesqueleto que ayudó a andar a un niño salta a la fábrica

La española Escribano Mechanical & Engineering apuesta por la tecnología de doble uso para adaptar sus desarrollos a otros sectores: desde un sistema de vigilancia hasta el proyecto de Marsi Bionics

05 JUN. 2019
9 minutos

Cómo aprovechar el desarrollo de un exoesqueleto pediátrico para otras funciones como el trabajo industrial? ¿Y el de un sistema de vigilancia del ejército para rescatar a náufragos en el mar? La firma española Escribano Mechanical & Engineering está apostando por la tecnología de doble uso para adaptar desarrollos propios a sectores que, a priori, no tienen nada en común. Para poder hacerlo, primero han tenido que asentarse en su sector, la defensa y la aeronáutica, y crecer hasta tener 300 empleados y facturar en torno a los 49 millones al año.

No estamos ante una startup. Escribano Mechanical & Engineering tiene a sus espaldas 30 años. Allá por el año 1989, el padre de Ángel trabajaba en una empresa cuando estalló una crisis industrial que le obligó a ponerse por su cuenta y crear una compañía en Coslada (Madrid) para especializarse en la fabricación de maquinaria industrial de bienes y servicios, como carretillas elevadoras. Muy lejos del sector aeronáutico y de defensa en el que ahora está enfocada el 90% de la compañía.

En dar este salto más o menos tardaron una década: a finales de los años 90 Ángel Escribano contactaba con una empresa ubicada también en Coslada, la antigua Construcciones Aeronáuticas y que con el tiempo pasó a convertirse en EADS-Airbus. Fue su primer cliente aeronáutico, su entrada en estos dos sectores claves en su actual cartera. Echando la vista atrás, este giro en su estrategia resultó fundamental porque, en la actualidad, “el sector de bienes y servicios y la reparación de maquinaria industrial prácticamente ha desaparecido o es marginal”.

Así encontró su nicho esta firma española. Primero trabajando para fabricantes y sus grandes clientes y aspirando a diseñar, fabricar y mantener los sistemas. Para conseguirlo buscaron focalizarse en algo que en España entonces no se fabricaba y dieron con las plataformas giroestabilizadas, es decir, sistemas para llevar cámaras infrarrojos para videovigilancia o para portar sistemas de autodefensa en los vehículos. “Era un nicho por cubrir en España y, además, era una commodity para que los soldados no salgan del vehículo blindado y se pueda controlar su exterior en remoto”.

El siguiente paso en la estrategia de Escribano Mechanical & Engineering ha sido reaprovechar la tecnología que crean y apostar por el doble uso de sus desarrollos. Por ejemplo, con su última patente, el sistema IRSC: un desarrollo tecnológico para el sector de Defensa creado para la vigilancia del territorio, pero que se ha adaptado para implementarlo en los helicópteros y barcos de salvamento marítimo para reconocer puntos de calor en el mar y así poder geolocalizar náufragos en el Mediterráneo.

Este proyecto surge tras hablar con Salvamento Marítimo para complementar las cámaras infrarrojo que ellos ya usaban y se ha adaptado tecnológicamente a unas necesidades específicas. Los equipos de rescate cuando están haciendo barridos en el mar están viendo en una pantalla, hora tras hora, imágenes del mar de forma continua, lo que facilita que puedan perder la concentración y se complica ver una cabeza de una persona flotando en el agua. Además, estos equipos tienen que volar lo más rápido posible, sin dejar de vigilar y a la mayor altura posible, para poder captar más cantidad de superficie marina.

Con el sistema IRSC, patentado por Escribano, se puede localizar un pequeño punto de calor en medio del mar, como el que emitiría una persona viva. El mar puede estar entre 18 y 24 grados, mientras que el cuerpo de una persona va perdiendo temperatura, pero no baja de los 30 grados. “En el momento en el que sistema detecta un punto de calor, concentra la visión en ese punto, lo amplia para que lo pueda ver el equipo y lo geolocaliza para facilitar su rescate”.

El doble uso de la tecnología también se puede hacer a la inversa. Por ejemplo, al entrar en el accionariado de Marsi Bionics, spin off del CSIC, que ha desarrollado Atlas 2020 el primer exoesqueleto pediátrico del mundo, para ayudar a niños con atrofia muscular espinal a volver a caminar. La firma madrileña no se limitó a la inyección de capital, sino que se comportó como un socio tecnológico en la construcción de los equipos para poder lanzarlo al mercado.

En la actualidad, el exoesqueleto está siendo probado por varias familias y en algunos hospitales, como el Sant Joan de Déu de Barcelona o el Ramón y Cajal de Madrid, y está a la espera de recibir el certificado de Sanidad para su uso a gran escala, es decir, para iniciar su producción industrial.

A partir de 2020 se iniciarán los trabajos para sus posibles aplicaciones en otros sectores, como el industrial, con el objetivo de facilitar aquellos trabajos que exigen un esfuerzo físico importante, como en las cadenas de montaje de las factorías de automoción, del metal o del naval. “El exoesqueleto facilitará tareas como levantar y manipular piezas pesadas, reduciendo el esfuerzo, fatiga o lesiones”, subraya Ángel Escribano.

En estos casos ayudará, por ejemplo, a operarios que trabajan con taladros neumáticos, ya que al usar este tipo de exoesqueletos sería este armazón, y no el cuerpo del trabajador, el que recibiera todas las vibraciones de esta máquina. Estos son solo dos de sus casos de éxito, pero los proyectos de tecnología de doble uso ya están más que asentados en la filosofía estratégica de esta compañía.

Seguridad Uno de sus próximos proyectos está pensado para proteger a los efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad «para que no estén expuestos a ninguna amenaza». Así, Ángel Escribano explica que han desarrollado equipos teleoperados: pequeños vehículos, terrestres y marinos, que pueden hacer exploraciones, con su propia estación de armas para la protección..