Industria    Investigación

El ‘imán’ para los aromas de Carinsa entra en Airbus

La solución basada en microcápsulas del grupo catalán permite prolongar la liberación de fragancias en tejidos y maderas

31 OCT. 2018
6 minutos
Un técnico de Carinsa en uno de sus laboratorios. / INNOVADORES

Los aromas están en casi todo lo que comemos, mientras que las fragancias solo las olemos. El Grupo Carinsa es una de las pymes más innovadoras e internacionalizadas de nuestro país en este ámbito. Formada por las firmas Carinsa (Creaciones Aromáticas Industriales) y Paymsa (Preparados, Aditivos y Materias Primas), cumplió el 27 de octubre un cuarto de siglo con más de un centenar de proyectos disruptivos en sus laboratorios. Actualmente está presente en 52 mercados de los cuatro continentes, a través de las industrias cárnica y de bebidas, láctea, pastelería, platos precocinados, aperitivos y snacks, farmacia, detergencia textil, limpieza del hogar, alta perfumería, cosmética y ambientación. A todos ellos sumó, en 2017, la confitería.

La empresa invierte más del 20% de su presupuesto anual en I+D+i y el 40% de sus 150 empleados está asignado al departamento de investigación, que trabaja con 3.000 materias primas. En sus instalaciones, posee un sistema de plantas piloto a escala de las industrias a las que abastece. Las divisiones de aromas y fragancias ofrecen los productos en formato líquido, polvo, micro y microencapsulado. Una tercera división se focaliza en la alimentación animal para los sectores ganaderos, avicultura, acuicultura, cunicultura y mascotas.

Entre las innovaciones del grupo destaca la tecnología Carincap. Consiste en una microcápsula biodegradable con una serie de capas de poliamida adherida -atrapada en materiales o líquidos como si se tratara de un imán- que liberan la fragancia de manera prolongada con la fricción. Su efectividad puede durar hasta un mes. "Con Carincap, aumentamos la fijación de las fragancias al tejido, por ejemplo, formando parte del suavizante durante el proceso de lavado de la ropa, a la vez que incrementamos la eficiencia al reducir el consumo de agua más de un 20%", explica Denia Martínez, vicepresidenta del Grupo. 

La innovación puede aplicarse también a los tejidos de los asientos de los aviones, cines u hospitales, a la madera o los lubricantes, entre otros, de manera que se neutralicen los malos olores o desprendan fragancias agradables. Carinsa está desarrollando una aplicación específica de esta tecnología para el gigante aeronáutico Airbus

Flyfrag es otra de las innovaciones disruptivas de la empresa. Se trata de un repelente de mosquitos hecho a base de detergente con aceites vegetales. Aplicable tanto a celulosa como a tejido, su propiedad repelente está dirigida a los insectos que propagan el dengue, la malaria o la fiebre amarilla.

Carinsa se adentró en el mundo halal y kosher -recibe periódicamente la visita de un rabino de Israel, que supervisa los aditivos permitidos en la religión judía- en 1998. "La Junta Islámica francesa determinó que los productos que necesitan del color rojo en la fabricación no podían utilizar el colorante natural E-120, el único permitido en Europa para esta tonalidad. Este colorante se fabrica a partir de la carne de cochinilla, animal no permitido en la alimentación según la religión islámica. Paymsa consiguió la misma tonalidad a partir de elementos que no tienen su origen en el mundo animal, con una excelente estabilidad", explica Vanesa Martínez, CEO del Grupo. 

La investigación de Carinsa abraza también el ámbito de la salud a través de los proyectos Preventomics, nutrición especializada; Neuroaromas, reducción de grasa, sal y azúcar en los productos alimentario-; Henuood, prevención de enfermedades como la diabetes o la hipertensión; Neomeat, desarrollo de productos de origen marino y vegetal como alternativa a la proteína cárnica; o Satisfood, Progreso, Metasin y Naturdev, nuevos ingredientes, alimentos, tecnologías y seguridad en el ámbito de las alergias y las intolerancias alimentarias.

Sostenibilidad y economía circular Carinsa fue fundada por Alberto Martínez en 1993, con seis trabajadores y unas instalaciones de 1.000 m2, en Sant Quirze del Vallès (Barcelona). Desde 2005, después del fallecimiento prematuro del fundador, Vanesa y Denia Martínez, sus hijas, se situaron al frente de la empresa. Como reconocimiento a la labor del fundador, han anunciado la creación de la Fundación Alberto Martínez, que potenciará la formación, la investigación, la innovación, la sostenibilidad y la economía circular, con el objetivo de conseguir un mayor bienestar del consumidor.