Especial    pymes

El modelo que ayuda a pymes a innovar da el salto al exterior

La red de institutos tecnológicos Redit internacionaliza su modelo de laboratorio de I+D y asesora a diversos proyectos en Perú, Túnez o Marruecos

02 SEP. 2019 - Valencia
10 minutos
Una de las misiones internacionales tecnológicas de Redit. / INNOVADORES

Conocer, saber, aprender y buscar información para mejorar los sistemas de innovación y poder adaptarlo y trasladarlo a las necesidades propias del tejido empresarial. Este objetivo de la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana (Redit) es uno de los atractivos de un particular modelo de innovación con los centros como pilar de desarrollo. 

La idiosincrasia valenciana -compañías deslocalizadas geográficamente, con una descentralización sectorial y un muy pequeño tamaño de las empresas- se asemeja a la de muchos países en desarrollo, sobre todo en Latinoamérica. "Nuestro modelo va calando, sobre todo, donde los sectores industriales tienen las mismas características. Nuestros problemas de hace 20 años son ahora sus problemas y eso nos permite ofrecer alternativas y una gran capacidad para evolucionar y colaborar", apunta Arantxa Viñals, responsable del área internacional de Redit. 

En el análisis de buenas prácticas que realizó el Banco Interamericano de Desarrollo, Redit quedó incluido como "una buena práctica a seguir". Esto ha atraído a numerosas organizaciones internacionales que quieren conocer su modelo, como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la ONU o la Corporación Andina de Fomento. "Generamos conocimiento, somos un medio, no un fin, es decir, una herramienta que busca siempre favorecer la competitividad de las empresas".

Para ello, Redit apuesta por las misiones tecnológicas internacionales en busca de socios para "poder seguir aprendiendo". En estas misiones, suelen realizarse dos o tres al año, se "asimila y absorbe" lo qué hace la llamada triple hélice (Administración Pública, universidades y centros tecnológicos, y empresas) para poder replicarlo en otros territorios. En 2018 los destinos fueron Israel, Singapur y Japón y este año Portugal y EEUU.

Por ejemplo, en Israel el Gobierno inyecta mucho presupuesto en universidades para la transferencia tecnológica y la creación de startups. "Uno de sus problemas es que han abandonado la gestión de las empresas manufactureras y ahora hay muchas startups que no pueden llegar al mercado, por lo que tienen que salir de Israel". En este sentido, Viñals subraya que a sus homólogos israelíes les interesó el modelo valenciano porque mantiene «el acompañamiento y la cercanía con la empresa. No hay que perder de vista a la empresa".

Al contrario que en Israel, en Japón el 80% de la financiación de la I+D es privada. "Tienen estructuras bastantes diferentes, aunque detectamos que hay centros tecnológicos similares los nuestros, pero que se nutren de mucha financiación pública que les garantiza una estabilidad financiera". En este sentido, Viñals incide en que la financiación de la I+D es un hándicap en España. La red alemana Fraunhofer tiene un 66% de financiación pública, los holandeses del TNO y los finlandeses del VTT cuentan un porcentaje similar, frente al 40% de Redit (29% autonómico, 9% europeo y 2% nacional). "Queremos un equilibrio que garantice la estabilidad, llegar al 50% de financiación pública, no más, para evitar que los centros se alejen de la realidad social". 

Pese a estos hándicaps frente a otras redes de Europa, la exportación del modelo de Redit es una realidad y se está haciendo vía la licitación de un proyecto internacional o un plan de cooperación internacional con una región. Así, una de las transferencias más cercanas fue la licitación para crear la red Cite en Perú, donde se exportaron modelos de centros como el textil de Aitex, el del metal de Aidimme, el de madera Aidima, el agroalimentario Ainia, entre otros. Viñals también destaca el proyecto para el reposicionamiento de centros tecnológicos en Túnez (2006-2009) y en Marruecos (2011-2013). En estos se realiza un "intercambio de investigadores" para formación, con el reto de enseñarles a manejar una planta piloto y sus máquinas, a llevar a cabo ensayos de productos, a gestionar los procesos y analizar los datos para que sus empresas puedan aprovecharlo.

Para Viñals, el principal valor de los centros de Redit es su capacidad de trabajar con microempresas y ofrecerles "alternativas innovadoras de aplicación inmediata" para generar crecimiento a medio y largo plazo. "Trabajar por y para mejorar la competitividad de las pymes".

Estrategias y toma de decisiones El modelo de centro tecnológico de Redit responde a "una necesidad puramente empresarial de la región" para adaptarse a tres características locales: la deslocalización geográfica en clústeres industriales, una amplia diversificación sectorial, pero, sobre todo, el tamaño de las empresas, ya que el 99% son pymes, de las que el 95% son micropymes. Estos son los tres motivos por los que surgieron los centros tecnológicos hace más de 40 años en la Comunidad Valenciana, explica Arantxa Viñals, responsable del área internacional de Redit. 
Así, se apuesta por un modelo de centro tecnológico de asociaciones privadas sin ánimo de lucro, en las que las empresas industriales se encuentran representadas en sus consejos rectores. "Son los empresarios los que toman las decisiones sobre las líneas estratégicas a seguir en el centro tecnológico", explica Viñals, al tiempo que subraya que esta característica les hace "independientes" frente a "mareas políticas" y los gerentes de cada centro tienen "un perfil técnico, nada político", pero capaz de trabajar en coordinación con la Administración Pública, porque "no se puede obviar la política industria". 
Los primeros centros tecnológicos que se crearon de esta red, en la década de los 80, se correspondía con sectores industriales muy concretos, mientras que, en una fase posterior ya en los 90, los nuevos institutos que se crean ya responden a necesidades tecnológicas de aplicación multisectorial.
El modelo que impulsa Redit es un instituto «pegado» a la empresa y ubicado geográficamente donde se encuentran las empresas del sector al que se dirige. Por ejemplo, en Castellón se encuentra el Instituto Tecnológico de la Cerámica; en Alicante se instala próximo al clúster del textil Aitex, al del calzado Inescop y al del juguete y ocio Aiju. Además, en la Universidad Politécnica de Valencia se hallan los de biomecánica (IBV) y el de informática (ITI).