Agro    Innovación para una Alimentación saludable

Estrategia de país para un campo en ‘business disruption’ constante

Directivos de Corteva Agriscience, la asociación ALAS y Pons IP debaten con investigadores del CSIC y de la Universidad Carlos III sobre los retos de la agricultura en la digitalización

C. Marcos / N. Castro / J. Miravalls / E. Mallol
29 JUL. 2019
20 minutos
Directivos participantes en el Foro Innovación para una Alimentación Saludable. / Vicent Bosch

El concepto de alimentación saludable hay que abordarlo en un doble sentido: saludable tanto para las personas como para el medio ambiente. Conseguirlo es un desafío, de ahí que le dediquemos un Foro Innovadores en la Tercera Revolución Digital, organizado por INNOVADORES y la Fundación Pons, con la colaboración del CSIC, la Universidad Carlos III, la Fundación para el Conocimiento Madri+d

El presidente de Corteva Agriscience para España y Portugal, Manuel Melgarejo, recuerda que "la agricultura siempre ha sido un sector muy tecnificado: mecánica, genética, robótica…, el siguiente paso es la digitalización y la agricultura de precisión. Están de moda los satélites y los drones, pero lo que hay detrás, más que la herramienta, es el objetivo de hacer una agricultura más sostenible, eficaz y rentable. Tanto para el agricultor como para el consumidor. Es un tema imparable". 

"Más allá de las herramientas, el objetivo es hacer una agricultura más sostenible, eficaz y rentable"

Corteva Agriscience, que agrupa las actividades de Dupont Crop Protection, DuPont Pioneer y Dow AgroSciences, comenzó a cotizar en Bolsa en solitario hace unas semanas y es la primera compañía íntegramente dedicada a la agricultura que lo hace. Melgarejo explica que el motivo "es integrar las distintas plataformas, porque el agricultor utiliza semillas, fertilizantes, fitosanitarios, riega, usa maquinaria… Desde que empieza el proceso en el que un científico descubre una molécula hasta que lo comercializamos, pasan 10, 12, 15 años. Tenemos que entender hacia dónde va el mercado, el regulador, las necesidades, integrar todo y tomar decisiones". 

Mónica Sorribas, global management leader de Corteva Agriscience, que basa su actividad en la sede central de Iowa (EEUU), habla de una "compañía nueva de 15.000 millones de dólares de facturación, pero con mentalidad de startup. Queremos seguir trabajando con los agricultores y entender las necesidades del consumidor. Basta ir a un supermercado para ver cómo cambian las tendencias y las necesidades". 

Premiada en 2017 por los ingenieros hispanos en EEUU y responsable de varias patentes, Sorribas explica que para la innovación agroalimentaria "necesitamos criterios que se puedan medir, tiene que estar en el entorno de la discusión científica y técnica. Queremos ser radicalmente transparentes, es uno de nuestros lemas, queremos mostrar toda la información, asegurarnos de que está clara no solo para agencias reguladoras, sino para la sociedad". 

Esa voluntad integradora forma parte también de la visión de la vicepresidenta del CSIC y directora del Instituto para la Investigación en Ciencias de la Alimentación, Victoria Moreno, quien pone el punto de mira en el nuevo Programa Marco de la UE. "Ya no se habla de colaboración público-privada, sino de industrias competitivas con una gran fortaleza científica. Y la sociedad ya no es el último eslabón: hay que incluirla en los proyectos", dice. 

"Llevamos muchos años hablando de la investigación multidisciplinar, pero se han alcanzado pocos retos gracias a ella", continúa Moreno. "Nos dimos cuenta, por ejemplo, de que estábamos colaborando poco para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pusimos en macha plataformas temáticas interdisciplinares, hemos tenido reuniones en el Ministerio, en la UE… pretendemos no solo integrar empresas y sociedad, sino que investigadores con distintas capacidades interaccionen". 

El contexto

¿Está la agricultura española preparada para la revolución tecnológica? El presidente de la Alianza para la Agricultura Sostenible (ALAS) y vicepresidente de Asaja, Pedro Gallardo, cree que sí. "Llevamos décadas haciendo avances, para producir una tonelada de tomate necesitamos la mitad de tierra que hace 30 años, un 30% menos de agua y un 12% menos de energía".

En su opinión, "la agricultora sostenible va a ser muy importante: agraria, económica y medioambientalmente. Muchos pueblos siguen adelante gracias al trabajo de los agricultores, si se van tendríamos más despoblación". No obstante, aún queda camino por recorrer. Por ejemplo para atajar "el problema de la atomización del modelo cooperativo en España"

El investigador de la Universidad Carlos III, David Martín, experto en vehículos autónomos describe algunos aspectos de esa revolución tecnológica, como el de embarcar sistemas inteligentes en drones o robots. "Es mejor utilizar pequeños robots que grandes sistemas automatizados para la producción agrícola. Drones capaces de transportar 10-15 kilos de producto, que puedan cooperar y coordinarse entre ellos para realizar tareas complejas. Las tecnologías digitales no sólo se usan para reconocer el terreno y navegar de forma autónoma, sino para evitar la colisión. Puede haber distintos niveles de interacción con el agricultor, iríamos a un grado de automatización alta si el dron por la noche fumiga algunas áreas". Y apostilla: "Startups y pymes trabajan ya directamente  en ello con las grandes del sector". 

De hecho, la capacidad para incorporar nuevas ideas es uno de los desafíos de gigantes tecnológicos como Corteva. "La integración es muy compleja", admite Mónica Sorribas, "se crean tensiones internas sobre cómo desarrollar, cómo comercializar, la estrategia… ¿Cómo podemos estar al tanto de lo que pasa en España, Brasil o China? Hay que adoptar esa tecnología que evoluciona tan rápido, atraerla e integrarla".

Actuar como una startup implica, en ese sentido, "entender cuáles podrían ser otros niveles de negocio a nivel digital y trabajar de una forma más vertical con compañías agroalimentarias. Estamos abiertos a transformarnos si encontramos una idea interesante. Esa es la parte que más nos entusiasma. Lo llamamos business disruption. ¿Cuáles serán las siguientes tecnologías y modelos de negocio que pueden cambiar la forma en que hemos trabajado los últimos 20 años? Esa es la magia". 

Y es también una apuesta con bastantes opciones de éxito. Rafael López, de Pons IP, cita informes de consultoras como McKinsey que demuestran que entre 2004 y 2015 se multiplicó por tres la inversión en innovación agroalimentaria "con una rentabilidad del 17% frente al 10% en las TIC, casi el doble". ¿Como se explica? "El sector agro ha sido el más infrainvertido de la historia, olvidado, porque los inversores buscan rentabilidad a corto plazo", afirma. 

Habrá que estar atentos a la voracidad inversora de los fondos soberanos y al previsible incremento de las inversiones en pequeñas y medianas empresas, que puede provocar que innovaciones nacidas en España acaben siendo explotadas por entidades foráneas. 

¿Está conectada la innovación en el campo con la que trabaja para diseñar los alimentos del futuro? Según Victoria Moreno, "el consumidor desde hace años incluye la salud y el bienestar en su vida. Ahora mismo hay una línea de investigación estratégica a nivel mundial: cómo influye el genoma en la microbiota. Esto nos ayudará a entender por qué unas personas tienen más tendencia a la obesidad, a enfermedades del cerebro… Pensábamos que lo que se comía tenía un efecto y ahora sabemos que son esos productos que las bacterias de nuestro intestino generan los que tienen ese papel". 

Vincular los cambios tecnológicos del campo con esas tendencias de alimentación es imperativo, porque "los grupos pequeños y muy fragmentados son menos productivos", según la vicepresidenta del CSIC. Mónica Sorribas suscribe la idea, "en la industria pasa lo mismo, si tenemos equipos que no interactúan no son exitosos".

Entorno regulatorio

Lo llamativo es que uno de los obstáculos para ese proceso es estrictamente regulatorio. "Europa es un entorno muy restrictivo en el que a veces se aplica la regulación como precaución", afirma Melgarejo. "Queremos regulación, estamos en el mismo barco, pero que se debata y sean los científicos los que tomen la decisión. El agricultor europeo compite en un mercado global y cuando científicos y reguladores de otras geografías autorizan tecnologías que aquí no están, lo dejan en situación de indefensión".

"Las administraciones pueden ser motor o freno", apunta Pedro Gallardo. "Tenemos que estar a la cabeza. El comisario Phil Hogan acaba de decir que es un error haber prohibido neonicotinoides en remolacha… ¿por qué no se ha hecho defensa de las herramientas que necesitamos los agricultores?"

Moreno: "Hay una línea estratégica de trabajo: cómo influye el genoma en la macrobiota"

El presidente de ALAS lamenta que "a nivel mundial hay 800 herramientas activas, pero 400 están prohibidas en Europa y de las aprobadas sólo 200 son útiles. No sucede lo mismo en EEUU, Argentina, Japón o Brasil. África a va a tener más habitantes que Asia, necesitamos herramientas para poder atenderlo". 

Para Mónica Sorribas "es importante que traigamos toda esta discusión al marco científico. Somos una industria muy regulada y queremos que así sea, pero que sea coherente también: no podemos pedir agricultura de proximidad cuando no aprobamos tecnologías totalmente testadas y validadas en otros países. Uno de los primeros países donde Corteva hace valoraciones de tecnología es España. Trabajamos con muchas universidades, pero ¿cómo mantenemos lo que tenemos en una posición que no es competitiva?"

"Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana utilizan distintas políticas de plagas", pone como ejemplo Rafael López. "En Castilla-La Macha muchos cultivos son ecológicos y algunas plagas han entrado en Valencia. Las territorialidades tienen que olvidarse. Lo importante es el agricultor y que sobreviva de forma sostenible". Pedro Gallardo apostilla: "Europa nos limitó el espacio para las gallinas. Ahora nuestras jaulas están en Marruecos". 

Para el presidente de Corteva "uno de los principales problemas es la falta de información porque siempre asumimos que hay un riesgo, un peligro, cuando muchas veces no es así. Ley nos obliga a ser transparentes, pero también queremos que las administraciones nos ayuden a saber cómo regulan, cuáles son los procesos. Queremos decirle al consumidor que esté tranquilo. Habrá quien prefiera agricultura ecológica y es una opción, pero no a costa de decir que la otra no es segura". 

La vicepresidenta del CSIC reivindica por eso una "estrategia de país. Tenemos las herramientas, las grandes empresas, los mejores investigadores y un sector fortísimo, pero no está clara la hoja de ruta. El país tiene que preparar una acción estratégica y no ir apagando fuegos cuando llega un mandato de la UE. En ese esfuerzo enorme tiene que estar todo el contexto implicado: legisladores, empresas, investigadores… y, además, los jóvenes". 

Pedro Gallardo coincide en que "hace falta un plan nacional. Hemos hecho los deberes. No tiene nada que ver la agricultura de hoy con la cerealista de hace 50 años. Eso tiene que llegar al consumidor. Deberíamos buscar un modelo como el de Francia donde el consumidor ve en las etiquetas lo que está comiendo". Porque de lo contrario se incurre en incoherencias como la de que "España en 2010 importaba 400.000 toneladas de aceite de palma y hoy 1,2 millones. Eso hace daño". 

Digitalización

Volviendo a los desafíos en materia de digitalización, David Martín señala que "la tecnología tiene que ser fiable. La sincronización de drones es una tarea pendiente porque la coordinación no se puede hacer sólo mediante GPS, se necesitan algoritmos de toma de decisiones para que decidan sobre la distancia que están el uno del otro", dice, por eso "la innovación pasa por la fusión de sensores" y por mejorar "la toma de decisión ya que dotar a un robot de esa capacidad no es sencillo".

"La transformación no es lineal, va a haber mucho movimiento. Hablar de digital es muy sexy ahora. Nuestra visión es ofrecer soluciones, lo que puede incluir digital, herramientas, herbicidas, mejoras genéticas... parte de los trabajos que hacemos con big data son para el desarrollo interno, para llevar mejores productos al mercado", concluye Mónica Sorribas.

El futuro del CRISPR Además de las tecnologías de la digitalización, van a ser elementos clave la edición genética y el CRISPR, «que ha venido para quedarse», según la vicepresidenta del CSIC. "Por suerte en España tenemos a uno de los padres de esta tecnología y en los últimos dos años ha habido un crecimiento exponencial de publicaciones". Mónica Sorribas coincide en el subrayado: "Me preocupa el CRISPR. No sólo tenemos que progresar en digitalización, también en tecnologías como esta".