A fondo    CONECTIVIDAD

Habrá 5G el año que viene, pero no para nuestros móviles

La Conferencia Báltica constata que la nueva telefonía será primero una tecnología para la industria con el reto de asignar las frecuencias en Europa y monetizar las inversiones

10 OCT. 2018 - RIGA (LETONIA)
10 minutos
El 5G ha centrado el debate europeo sobre TiC celebrado en Riga. / INNOVADORES

Sostiene  Roberto Viola que el año próximo «habrá 5G en Europa». Aunque advierte el director de DG Connect, organismo de la Comisión Europea, que «no será el próximo móvil que compraremos, ni el próximo regalo de Navidad. Es una tecnología para que la usen los médicos, los coches conectados, la industria, la digitalización… Pero esto no es una competición olímpica para anunciar el primero, el más rápido o el mejor 5G». Roberto Viola hace de estímulo y freno para mantener encarrilado lo que Peter Karlströmer, vicepresidente de Cisco, califica de «gran revolución». Aunque puntualiza que «la revolución real serán las aplicaciones, los nuevos servicios. Y, para los operadores, nuevas oportunidades al abrirse el mercado a nuevos sectores».

La Conferencia Báltica 5G que se acogió Riga fue en realidad una cumbre por todo lo alto de la nueva tecnología que está a punto de irrumpir en nuestras vidas «para cambiarlas». Y eso que, por primera vez, no se desplegará un nuevo estándar de comunicación móvil en busca del consumidor como cliente final. Eso vendrá después. «El 5G es industrial», afirma Juris Binde, presidente de Latvijas Mobilais Telefons (LMT, la teleco de Letonia). «Va a tener muchas aplicaciones en medicina, smart cities… para transmitir la televisión. Será un empuje para cambiar muchas cosas, pero no un sprint sino una supermaratón. Es un despliegue que nos ocupará 15 o 20, tal vez 25 años».

El primer obstáculo para los reunidos en Riga es la asignación de frecuencias homogéneas en Europa, para que funcionen cosas como el Corredor Báltico 5G, del que ya dimos cuenta en INNOVADORES. Una carretera que atraviesa tres países, con un sistema de conexión continua para los vehículos que la recorran. En eso, Viola es rotundo: «Hicieron falta 12 años para asignar en Europa las frecuencias del 4G. Con el 5G seremos muy estrictos desde la Comisión Europea, muy reguladores: en 2020 será obligatorio que estén disponibles las frecuencias asignadas».

Otra cosa es que «las condiciones de cada país, el clima, son factores importantes para el despliegue. No será igual en todos y no sería inteligente frenar a los que quieran correr más. Europa inventó la tecnología GSM [el 2G] y luego se quedó atrás».

Lo que deja fuera de toda duda el representante de la Comisión es que esta no va a consentir «líneas rojas para la instalación de antenas y microsets de transmisión. Necesitamos más infraestructuras y hay que simplificar los procedimientos. Hablamos de un impulso de 500.000 millones en inversiones. Lo más inmediato serán los coches conectados. En 18 meses habrá acuerdos con todos los países de la UE para desplegar nuevos corredores de circulación conectados».

Los desafíos

«El mayor desafío ahora para las operadoras son los abogados», asegura a INNOVADORES Ingmars Pukis, vicepresidente de LMT. «Los papeles salen más caros que los chips. Esperamos que en el futuro las normas lo hagan más fácil que tener que discutir antena por antena. Para el primer despliegue prácticamente usaremos la misma infraestructura del 4G, con frecuencias de 3,5 gigahercios [de 3,4 a 3,8]. Cuando vayamos a frecuencias más altas, aumentarán las capacidades de la red y la presión.

Con 28 gigahercios, se producen sombras a menos de 100 metros del poste…». En eso trabaja Nokia, uno de los campeones señalados por la CE (el otro es Ericsson) para que Europa pelee el liderazgo del 5G. «Estamos alcanzando los límites físicos de las redes actuales», advierte Markus Borchert, vicepresidente en Europa del gigante finlandés. «Tenemos que crear una nueva arquitectura».

El segundo gran inconveniente es «el modelo de negocio». Explica Enrico Salvatori, presidente de Qualcomm para Europa, Oriente Medio y África, que el 5G es una precondición para la nueva economía. «Pero aunque incorporará nuevos negocios, no traerá nuevos clientes [usuarios]». Y eso que confía en que en 2030 el 70% de los coches estén «conectados». Y que el 5G será fundamental para «llegar al nivel cinco de autonomía en la conducción».  

«El coche es la plataforma clave para el diseño de la próxima conectividad, como para las anteriores lo fue el móvil. El smartphone fue un exitazo porque integró muchas tecnologías en un solo dispositivo. Eso ocurrirá con el automóvil», augura Salvatori. Y como fabricante de chips subraya que la privacidad «será una parte principal en el diseño del chip [integrado en el coche]. Trabajamos en el chipset, para la estandarización, y con la UE para ver cómo será la reglamentación».

Salvatori añade visiones futuristas como la ducha de datos: conectores de gran velocidad colgados de un arco, o en un poste, capaces de descargar y recibir durante una breve parada gigabytes de datos, en apenas unos segundos, incluyendo información del vehículo y la circulación y contenidos para consumo de los ocupantes. 

Pero todo eso sigue sin responder a la cuestión del modelo de negocio. Kyösti Oikarinen, presidente del consejo de la ciudad de Oulu (Finlandia), pregunta desde el punto de vista de una smart city: «¿Quién debe suministrar la tecnología? ¿Quién debe pagarlo? ¿Se hace con dinero público? ¿Qué beneficio se ofrecerá a los ciudadanos? Los datos no son el nuevo petróleo: valen más cuando los usas, mientras que el petróleo lo quemas, lo destruyes».

Los bálticos ofrecieron en Riga demostraciones prácticas de conexiones, pero esto no excluye las dudas de Binde sobre la monetización de las inversiones: «Es muy difícil aplicar los modelos existentes. Si el 4G nos cambió la vida, el 5G reestructurará la sociedad. Veo tres capas de despliegue: la infraestructura física; las APIs para servicios disponibles en el área de negocios y las aplicaciones para los negocios. Todo puede estar conectado, pero las conexiones IoT deben ser low cost y de muy bajo consumo de energía. Vamos a pasar de ser operadores móviles a operadores de movilidad. Pero ¿quién paga las infraestructuras? ¿Quién es el cliente? En Europa hay demasiada fragmentación, un operador por cada cinco millones de habitantes… Y hace falta coordinación transfronteriza…».

Según lo ve el presidente de LMT, debería depender mucho de la inversión pública europea: «5G va a ser una infraestructura comparable a las carreteras, los tendidos eléctricos y el agua. Va a ser un factor que definirá la competitividad».