"Hay que romper las barreras y coordinar ya la innovación en España"

El presidente de Fedit, Carlos Calvo, ve en el Plan de Innovación exceso de «voluntarismo» y critica la falta de acción política en España.

Eugenio Mallol
04 MAR. 2018
7 minutos
El presidente de Fedit, Carlos Calvo.

Para alguien que describe a los institutos tecnológicos como «pequeñas llamas, velas especializadas en saber lo que va a venir, que funcionan como faros», es complicado convivir con los obstáculos a la colaboración y al intercambio de conocimiento que todavía lastran al ecosistema innovador en España. El gallego Carlos Calvo, presidente de la Federación de Institutos Tecnológicos (Fedit), es contundente al respecto: «Nuestras empresas siguen perdiendo competitividad, hace falta una política nacional que supere las barreras autonómicas y deje de bascular sólo en torno a grandes organismos de investigación y empresas».

Con sus luces y también algunas sombras en materia de gestión, los institutos tecnológicos se han consolidado como la herramienta más utilizada por el tejido de pymes español para realizar I+D. De otro modo no podrían asumir el costes. Son por eso laboratorios a pie de fábrica. Carlos Calvo defiende la vigencia de la fórmula ante la dimensión del desafío que se cierne sobre la economía. «Llevamos hablando de innovación mucho tiempo, pero como no nos digitalicemos con urgencia, nos barren del mapa. Y ese es el primer paso: hay que salir al exterior y explotar todas las tecnologías que se abren al amparo de la digitalización, que son muchas», afirma. Es imprescindible «mover muy rápido a las empresas».

Es el momento de analizar con mirada crítica los instrumentos de que disponen las empresas en España para innovar. Al hacerlo, el presidente de Fedit señala mucha carencias. «Atravesamos un contexto político complejo, con un ministro de Economía entrando y saliendo y un presupuesto sin aprobar. Mientras, otros países hacen políticas contracíclicas».

Calvo cree que el Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2017-2020 nace plagado de incógnitas en un momento en el que es necesario disponer de certidumbres. «Parte de la idea de que la inversión privada se va a duplicar del 2016 al 2020, mayor expresión voluntarismo no he visto nunca, el papel lo aguanta todo».

«El planteamiento original era un buen comienzo. Hay modelos que funcionan en la UE como el Fraunhofer alemán, articulemos una red de cooperación fuerte para los centros de investigación en España», continúa Calvo. Sin embargo, en el plan nacional «no hay incentivos a la colaboración entre centros, no hay nada, sigue sin haber discurso, sólo 400 millones en préstamos».

Según el presidente de Fedit, el «Gobierno recoge lo que viene de la UE, la política de hubs, y lo transforma en una suerte de red de hubs nacionales que es como lo han traducido en algo tangible. Pero el modelo diseñado en Bruselas para grandes consorcios no encaja de Pirineos hacia abajo. Es una fórmula evolutiva parecida a los RIS3 y Kics; si seguimos ese camino corremos el riesgo de que cada dos años surja un concepto nuevo que nos obligue a reformular políticas».

La estrategia de los institutos tecnológicos, en opinión de Carlos Calvo, debe ser «trabajar para las empresas, diseñar soluciones de cara a lo que se encontrarán en dos o tres años», pero eso sólo es sostenible económicamente, en su opinión, con un modelo de incentivos en línea con el que se aplica en países como Israel. Sin ese respaldo público, «perderemos nuestra esencia y seremos puro mercado, sin una financiación básica para hacer I+D seremos simplemente empresas que tributan al 10%, nos convertiremos en ingenierías».

El presidente de Fedit cree que la estrategia de especialización regional impulsada desde la UE «tiene un riesgo brutal, en España tenemos 17 RIS3 y ahora vienen los hubs que no dejan de ser un embudo más en el proceso de especialización. Falta una red neuronal que permita aprovechar las sinergias entre comunidades autónomas, que promueva políticas compartidas». En esa línea se planteó la posibilidad de impulsar la denominada Red Cervera, pero su plasmación aún está pendiente.

No elude la autocrítica. «Somos los grandes desconocidos», señala. En algunos casos su fuente de ingresos públicos duplica a los que proceden del trabajo con empresas y han tenido que corregir su sectorialización inicial para convertirse en  centros de tecnología transversales basculando en torno a un sector».