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Inteligencia artificial, la electricidad del siglo XXI

Lasse Rouhiainen compara la importancia de la inteligencia artificial con la de la electricidad el pasado siglo a la espera de que se democratice

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Lasse Rouhiainen, escritor y conferenciante sobre inteligencia artificial. / INNOVADORES

Lasse Rouhiainen es finlandés pero lleva años afincado en España. Y toda su vida ha girado siempre en torno a la importancia de que las empresas y sociedades se suban a las distintas olas tecnológicas, desde el primigéneo marketing digital hasta, en estos momentos, con la inteligencia artificial. De hecho, este escritor y conferenciante se está recorriendo nuestro país tratando de divulgar las bondades (pero también los retos) que trae consigo esta revolución digital con los datos como bandera.

"La IA no es solo una tecnología en sí, algo que vaya a proporcionar una mejora en los procesos como han hecho otros avances. Estamos hablando de que detrás hay más de 300 casos de uso identificados y formas de aplicarla en ámbitos tan diversos como la banca, el retail o la educación. Y, lo más increíble, es que cuando empezamos a aplicarla empezamos a descubrir nuevas cosas, tal y como nos pasó con el auge de Internet", explica Rouhiainen a INNOVADORES.

"Y luego está el gran impacto económico que tendrá la inteligencia artificial, como ya ha reconocido la Unión Europea. Eso es sumamente positivo, porque estamos en tiempos de negatividad, complejidad e inestabilidad que necesitan de soluciones como esta para ser superadas".

"Estamos en unos tiempos de negatividad, se necesitan estas soluciones"

Lasse, autor entre otros muchos libros de Inteligencia artificial: 101 cosas que debes saber hoy sobre nuestro futuro, también explica cuáles son los motivos que han catalizado esta técnica en la actualidad, pese a que se lleva hablando de ella desde los años 80. "Es una mezcla de muchos factores. Hay un mayor uso del deep learning y más ejemplos de lo que se puede hacer. También se le está dando mucho más protagonismo en prensa. Cuando estaba investigando para mi libro hace dos años, apenas había noticias sobre esto. A ello le hemos de unir que las empresas tienen cada vez más datos y están viendo el éxito de sus proyectos piloto", afirma el experto, que tampoco obvia la relevancia que trae consigo la conjunción de IA y cloud computing: "La inteligencia artificial se está convirtiendo en algo parecido a la electricidad que compramos. Nosotros no poseemos la central eléctrica, solo pagamos por su uso. En este caso, estamos alquilando los algoritmos de otros. Y eso permite que más empresas, especialmente las pymes puedan utilizar servicios de IA en la nube y poder competir con el resto. Acuerdos como el de IBM con el Banco Santander es un ejemplo de esta colaboración. Algunas de las mayores empresas finlandesas hacen lo mismo, aunque no lo cuentan en público".

Esta democratización a la que apela Lasse Rouhiainen resulta fundamental para evitar una adopción "a dos velocidades" en la que "los que usen esta electricidad tengan una ventaja enorme sobre los que no". Para lograr expandir los beneficios de la IA entre el tejido productivo, él propone tres campos de batalla igualmente reseñables. El primero, el que pasa por la educación: "Cuando mis padres nacieron en los años 40, Finlandia era uno de los países más pobres de Europa y ahora es uno de los líderes en muchos terrenos. Y la clave de ese cambio es la educación, porque todas las escuelas son buenas y esa aportación mayor que se hace del PIB a la educación finalmente aporta más riqueza. Es necesario dar más voz a cursos sobre inteligencia artificial e incorporarlo en el modelo educativo, como ha hecho Finlandia pero también están siguiendo Suecia u Holanda".

El segundo pasa por la dotación ética de esta tecnología y "poner al humano en el centro, como plantea la UE, no copiando el modelo chino y la falta de privacidad". Y, el tercero, la necesidad de añadir este tema a la agenda política. "Necesitamos una apuesta pública y una estrategia nacional por la IA. Por ejemplo, el plan recién presentado en España usa mucho el pasivo, habla de lo que se podría hacer, pero no de lo que se va a hacer. Hace falta ambición y objetivos concretos".