Opinión    Periodismo

La automatización y la inteligencia artificial, ¿una amenaza para la comunicación?

Eloisa Alonso
11 FEB. 2019
6 minutos

Quizá puede parecerlo! ¿por qué no? “A finales de los 80, Kurzweil aseguró que hacia 1998 un ordenador ganaría a un campeón mundial de ajedrez: ocurrió en 1996, cuando Gari Kasparov perdió una partida contra el programa informático de IBM Deep Blue. En esos años, también imaginó que Internet, por entonces una red relegada a instituciones académicas, se extendería por el mundo. Ahora afirma que en 2045 las computadoras serán mucho más potentes que todos los cerebros humanos de la Tierra juntos.”

Se avanza a gran velocidad sabemos que en todo el mundo se está  incorporando la inteligencia artificial y la automatización en,  operaciones, procesos de fabricación, los coches autónomos, los servicios de entrega, el almacenaje, la contabilidad, y ya empieza a ser vital en  la industria de los medios de comunicación y entretenimiento –ya se habla del periodismo automatizado, algorítmico/robots-, pero aún en algunos ámbitos los términos inteligencia artificial y automatización representan algo desconocido, incomprensible y, sobre todo, una incertidumbre

¿Entonces, puede ser realmente una amenaza para el sector de la comunicación? Por suerte la comunicación necesita a las personas, a sus públicos ¡No se puede automatizar las relaciones! y sus reacciones, las positivas o las negativas. La comunicación requiere tener la combinación correcta de contenido y emoción para crear el impacto deseado, y a partir de ello establecer un diálogo abierto y creíble que contribuya a construir la reputación, que al final es el objetivo fundamental que los profesionales de la comunicación perseguimos.

Estamos ante una nueva expansión digital, que nos abre un panorama donde la tecnología es un sistema de apoyo fundamental, nos ayuda a contar nuestra historia mejor y a un ritmo en consonancia con los patrones de hoy. Por ejemplo, en comunicación el análisis de datos nos está ayudando a conocer mejor qué contenido quieren consumir nuestros públicos, dónde y cómo quieren consumirlos con acceso a noticias e información desde las múltiples plataformas existentes. Nuestras vidas se simplifican por software que nos ayudan a rastrear noticias mejor, a ordenar y seleccionar, por ejemplo, nuestros destinatarios en un abrir y cerrar de ojos. La tecnología nos permite lograr mejores resultados para nuestro trabajo.

Las compañías están comenzando a prestar atención a los beneficios potenciales de la inteligencia artificial en aplicaciones de comunicación y colaboración. Como una tecnología emergente, la IA puede transformar la forma en que las personas trabajan con los datos y entre ellos.

Los responsables de la comunicación deben estar alineados con esta tendencia, deberían ser uno de los principales impulsores de la innovación y de la utilización de la tecnología como una herramienta fundamental y saber cómo van a afectar estos nuevos formatos en el público objetivo, además de estar preparados para lo que nos espera en un futuro nada lejano.

El impacto de la utilización de la IA en comunicación modificará no solo los mensajes que se difunden, sino también el momento en el que esto se hace. Las marcas tendrán que jugar con nuevas variables para posicionarse de forma destacada y lo harán además partiendo de posiciones diferentes. En la comunicación del futuro, las compañías no solo tendrán que pensar en cómo influyen en los consumidores. También tendrán que pensar cada vez más en cómo influyen en los algoritmos.

Empresas, marcas, gobiernos, individuos esperan del sector de la comunicación  soluciones integradas de gestión de comunicación y reputación más allá de sólo los medios de comunicación y la gestión de crisis y relaciones con sus públicos. Exigen una estrategia adecuada que dote de valor a su mensaje, que sea sólido y de penetración exhaustiva, y  a medida de cada uno de sus públicos. Hoy en día sin tener en cuenta la tecnología, el entorno digital, la multitud de canales y plataformas, y la Inteligencia Artificial, este objetivo no podrá ser alcanzado.

Eloisa Alonso, consejera de Hill+Knowlton Strategies