Opinión    ALGORITMIA Y VIOLÍN

La cultura de la amenaza

22 JUL. 2018
4 minutos
Imagen de la última edición del Aspen Ideas Festival. / C2 Photography

En una de sus investigaciones, el profesor de Cornell Thomas Gilovich quiso averiguar cuántos profesores universitarios creían desempeñar su trabajo mejor que sus colegas. El 94% contestó que estaba convencido de ello. Casi todos. Ese dato resulta simplemente imposible desde el punto de vista lógico (para ser mejor, alguien tiene que ser peor) y venía a corroborar, según Gilovich, que nuestra tendencia a distorsionar de manera interesada los contenidos mentales no depende de la capacidad intelectual. 

Es verano y toca hablar del Aspen Ideas Festival. Revelador el cambio de actitud respecto a pasadas ediciones. La revolución tecnológica como fuente de oportunidades, como herramienta dotada de potencial transformador, como empoderadora del individuo, ha ido evolucionando para convertirse en una facilitadora de amenazas y opresión. Ese es el espíritu de nuestro tiempo. 

La cultura occidental está dando síntomas de fatiga 

Amenazada la democracia por las redes sociales, amenazada la mujer, las minorías étnicas, el periodismo, la universidad (¿tiene sentido que siga existiendo en la era de los webinars y los MOOC?, se preguntan), amenazada la economía, el empleo, la integridad de las naciones, el medio ambiente, la diversidad, amenazadas América, Europa y África, el arte, la libertad de pensamiento, la familia, el comercio, sin duda los refugiados... El sumario de amenazados por la actual deriva del mundo hiperconectado es tan amplio que irremediablemente remite a la investigación de Gilovich -aunque quizás en este caso no se trate de aplicar lógica, sino heurística-: en algún momento muchos de los sujetos pasivos de amenazas deben ser, para que todas sean ciertas, los sujetos activos de otras amenazas diferentes. Deberíamos preguntarnos, en fin, para qué o quién somos una amenaza.

En realidad todo responde a nuestra inconfesada inclinación al distanciamiento, que solemos ocultar bajo un manto de transparencia. Renee DiResta, de Data for Democracy, dijo en el Aspen Ideas Festival que mientras trabajó como broker de Bolsa tuvo la garantía de que el sistema impedía negociar en caso de manipulación, pero nada similar sucede cuando lo que se manipula no son valores, sino información. Y sin solución de continuidad el director general de producto de Facebook, Chris Cox, tenía que sortear las lanzadas del editor en jefe de Wired, Nick Thompson. La cultura occidental está dando síntomas de fatiga ante el enorme desafío que representa la revolución digital. Multiplicar la nómina de amenazados es un acto de injusticia para los que realmente sufren, y sólo contribuirá a generar ruido. Urge un nuevo discurso para una nueva era.

Eugenio Mallol es director de INNOVADORES