Entrevistas    EDUCACIÓN

La inteligencia artificial no entiende a Hemingway, pero personaliza la clase de inglés

Barry O’Sullivan, del British Council: "Es como el Big Brother, observa continuamente qué hace el estudiante para acelerar su aprendizaje"

31 ENE. 2019
7 minutos
El jefe de evaluación, investigación y desarrollo del British Council, Barry O'Sullivan. / INNOVADORES

Es más fácil aprender una lengua online, frente a una máquina, que cuando tienes un profesor real delante? "Si me lo hubiera preguntado hace un año, habría contestado que es claramente mejor tener a una persona delante…", responde a INNOVADORES desde Londres Brian O’Sullivan, jefe de evaluación, investigación y desarrollo del British Council, el gran instituto de enseñanza de la lengua inglesa, homólogo del español Instituto Cervantes. 

Pero la propia respuesta ya indica un cambio de opinión "después de haber trabajado con algunas compañías tecnológicas, especialmente en China, y tras evaluar un estudio sobre eficiencia de una universidad británica. Las pruebas sugieren que la media aprende más rápido con su app".

O’Sullivan se ha sumergido en el mundo de la inteligencia artificial aplicada a la enseñanza de idiomas y combate cierto escepticismo con los hechos. Y viceversa. "El día en que un ordenador sea capaz de escribir como Gabriel García Márquez, levantaré las manos y diré ‘estaba equivocado’", confiesa, pero subrayando el gran cambio que llega "como un tsunami". 

"Se utilizan redes neurales para ir más hacia una enseñanza con seguimiento y diagnóstico personalizados", explica. "No sólo es decir ‘has hecho un buen trabajo’, o ‘has cometido errores’ sino indicar dónde encontrar más información. El sistema está aprendiendo de ti todo el tiempo, a nivel personal. Un informe de la Universidad de Stanford señala que el principal objetivo de la educación con IA es la personalización. La cuestión no es si ocurrirá, sino cuándo".

El aprendizaje del idioma se basa en los propios intereses del alumno. "La IA se guía por la información personal que el estudiante introduce, y luego por las decisiones que toma cuando interactúa con el sistema: qué tipo de textos lee, de qué materias; el nivel de dificultad de esos textos y a qué velocidad los lee; cómo reacciona sobre ellos con otros estudiantes en el minichat... Observa continuamente hacia dónde le lleva su interés para acelerarlo más. Es casi como el Big Brother". Incluso el alumno puede definir su programa: "Puedo crear mi propio aprendizaje con la máquina, para escribir un artículo para una publicación de ingeniería: ¿qué cosas debo conocer, cuál es el estilo de escritura, cómo se usa el pronombre en primera persona, ‘yo’?... En ingeniería, nunca debo usarlo; en ciencias sociales, siempre".

También cita O’Sullivan ejemplos en la educación general: "Hay una compañía vinculada al Trinity College de Dublín, Learnosity, que produce apps para el sistema educativo irlandés, como la personalización en el aprendizaje de geografía. Lo más atractivo es su escala. Estas aplicaciones son caras de desarrollar y distribuir y no es fácil introducirlas en el sistema formal de educación. La IA tendrá un impacto que todavía no tiene".

En el otro lado de la balanza, se plantea dudas sobre la ética de usar una inteligencia cuyas decisiones se producen sin saber muy bien cómo y por qué, en una ‘black box’. Y observa carencias de la máquina con el lenguaje. «En términos de estructura, vocabulario y gramática son para la máquina lo más sencillo de enseñar y evaluar. En lo que no es tan buena es en comprender los contenidos. O el estilo. Por ejemplo, si pongo novelas de Hemingway en un examen controlado por IA, fracasará, porque usa frases muy cortas como estilo de escritura. Dice: ‘Barry entró a la habitación. Se sentó. Encendió el ordenador’... Es una secuencia de frases muy sencillas, parecen de un hablante de muy bajo nivel. Es para conseguir un efecto dramático y la máquina no comprende ese dramatismo».

"En los sistemas de autoaprendizaje sin supervisión humana, la máquina decide sobre la calidad del lenguaje, con alguna controversia", añade. "Los algoritmos se desarrollan para escarbar el idioma en internet, comparando lo que la gente está diciendo y haciendo. Desgraciadamente no es el lugar más maravilloso en el uso del lenguaje y las máquinas están rascando usos muy pobres de la lengua y también ideas muy pobres para formar su juicio. Es uno de los mayores problemas éticos que tenemos".

Cientos de miles de alumnos
El British Council está en 110 países, con escuelas en 50 y "100.000 estudiantes, más varios cientos de miles online". Ahora desarrolla "dos proyectos sobre conversación y escritura, con dos compañías tecnológicas distintas", buscando diferentes formas de usar la IA.