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La nueva ‘dieta digital’: aceite con blockchain y campos en tiempo real

El presidente de Bosch España, Galpagro, investigadores del CSIC y la Universidad Carlos III y el director de Onda Agraria analizan la digitalización del campo

E. Mallol / C. Marcos / A. Iglesias
20 NOV. 2018
15 minutos

En pocos sectores como el agroalimentario convergen tantos componentes de la actual revolución tecnológica con tantos desafíos globales, desde el cambio climático al incremento de población. La dieta del futuro será sostenible, rentable, nutritiva, saludable... y digital. Ese ha sido el eje argumental del último foro del ciclo Innovadores en la Tercera Revolución Digital que organizan INNOVADORES by Inndux y la Fundación Pons.

Qué tiene que ver una fábrica de sensores del coche conectado con la agricultura inteligente. "Un agricultor diariamente maneja unos 500.000 datos, una fábrica de sensores 140 millones", apunta el presidente de Bosch España y Portugal, Javier González Pareja. "Ese trabajo de análisis y big data va a dar material para tomar decisiones. El nuevo internet de todas las cosas (IaT) creará también economías de escala de fabricar sensores para coches, trenes, móviles y olivos. E imagino que en verano será mucho más cómodo ver cómo están los olivos o los viñedos desde casa que en el campo".

Una de las claves será el equilibrio entre productividad y sostenibilidad. La directora de I+D de Galpagro, Teresa Carrillo, explica que su sistema high production caracteriza el suelo y puede establecer todos los sectores de riego, marcos de plantación e incluso variedades que se adapten a esa explotación. "La tecnología ayuda al manejo de los cultivos, porque conocemos la disponibilidad de los recursos y cómo actúan una vez se han aplicado. No hay nada más insostenible que una finca no rentable".

Como en otros sectores, también nos dirigimos a una agricultura de precisión. Según el investigador de la Universidad Carlos III Ramón Barber, "el sector primario va a ir evolucionando hasta casi el sector industrial porque tendemos a sensores, actuadores y controladores de bajo coste, pequeños e hipercomunicados. Al usuario no le llega la complejidad del análisis, no debe existir un trauma grande para implantarlo".

Desde el CSIC, José Enrique Fernández Luque apunta que la agricultura 4.0 "significa básicamente dar a cada planta por el sistema más adecuado la cantidad justa de agua y en el momento preciso. Eso supone un control por parte del agricultor fantástico, como nunca ha habido".

¿En qué momento llega la transformación digital al campo? El director de Onda Agraria de Onda Cero, Pablo Rodríguez Pinilla, afirma que el campo español "se encuentra en una situación compleja, porque estamos necesitados de un relevo generacional. Mientras no se produzca, habrá agricultores de primera división muy industrializados y otros que se van a ir quedando atrás".

Resolver bien el reto "es una necesidad porque antes el consumidor comía lo que se le daba y ahora te dice lo que quiere comer. Esa situación hace que la propia cadena de distribución lidere la integración de productores para ayudarles a ser más eficientes". No obstante, según Rodríguez Pinilla, "hay una cierta fractura entre lo que quiere la Unión Europea y lo que hay que poner en marcha en el campo. Hay zonas de España donde este tipo de agricultura está prohibida por ley, hasta tal punto que algunos ayuntamientos tratan de dar marcha atrás para permitir que se implanten en su territorio cuestiones tan sencillas como un riego por goteo o una espaldera".

Precisamente uno de los vectores de cambio es la producción personalizada. "Hay una gran revolución en el campo gracias a las alianzas con empresas como Bosch, Bayer o John Deere. Pero otra incoherencia es que en muchas ocasiones un tomate era sostenible a 3.000 kilómetros, pero cuando ha tenido que volar para venir aquí ha dejado de serlo. Consumamos también lo de cercanía. Todo eso es un puzle que hay que ir encajando porque aumenta la población y la superficie es la que es".

A eso se añaden otros desafíos globales como el cambio climático. "Estamos trabajando en una serie de frentes, porque tenemos que ver la lucha contra el cambio climático como un todo, y ponernos objetivos ambiciosos, pero alcanzables", dice el presidente de Bosch España. "Uno de ellos es la reducción de CO2. No sólo hablamos de descarbonización, un día todos nuestros calefactores y calderas serán eléctricos, sino de disminuir las emisiones de las calderas de gas. Tenemos casi 300 fábricas en todo el mundo y desde 2007 hemos reducido las emisiones en un 34%».

En opinión del investigador del CSIC, "por primera vez en la historia de la agricultura se está produciendo algo fantástico, que es la unión de empresas especializadas en producir, con otras de transmisión de datos, de desarrollo de software y aplicaciones para móviles que se esfuerzan por coger el conocimiento que está ya ahí y lograr herramientas más baratas y fáciles de utilizar".

La integración de agentes permite aprovechar nuevas soluciones tecnológicas, como las que monitorizan el planeta y nos acercan a una visión del mundo en tiempo real. "Tenemos una capacidad de procesar y recopilar datos muy grande, similar a la de la industria", afirma Ramón Barber. El mérito está en "cómo trabajamos esa información y en qué la aplicamos: a consumir menos agua, a contaminar menos, a mejorar la calidad de nuestros productos, o a todo".

Otras nuevas soluciones irán surgiendo específicamente para el campo. Fernández Luque habla de "algoritmos combinados con aplicaciones para móviles, que manejen ese ingente volumen de datos y extraigan conclusiones muy sencillas, para decirle al tractor autónomo dónde tiene que actuar cada día. Por otro lado, ya hay cadenas en el Norte de Europa que exigen un nivel determinado de huella hídrica y de carbono. La tecnología permitirá al agricultor controlar los insumos de su explotación agrícola para conseguir los niveles requeridos por el mercado".

El campo ha sido testigo, no obstante, de intentos de tecnificación, como el robot cosechador, que no acaban de cuajar. Y muchas veces el problema para implantar tecnologías es, simplemente, la falta de cobertura 4G. ¿Cómo asegurar el éxito? "Tendremos un sistema integrado, donde el consumidor dirá lo que desea, le llegará la consigna al que tiene que plantar, se programarán las máquinas y el área comercial hará la propaganda", apunta Ramón Barber.

 "Todo esto de la automatización y la robotización es un equilibrio entre lo que invierto y lo que gano, habrá cosas que sea rentable hacer y otras no. Ahí reclamo el papel de la universidad", añade.

"Para hacer ese cambio generacional es imprescindible que la rentabilidad llegue", coincide Rodríguez Pinilla. "La diferencia de rentabilidad que obtiene un ganadero solo o integrado en determinadas plataformas es abismal. No es tanto el precio que cobran, sino la disciplina, el control de costes y operaciones, el ser exhaustivo, hay una lupa encima de ellos y por trazabilidad se sabe todo sobre cada semilla. Soy partidario de la tecnología, pero también de respetar el lado humano de la agricultura".

¿Es eso posible? "En el programa Horizonte 2020 y en el nuevo que viene ahora la UE pide dos cosas: integración de todos los agentes y además dice: 'monte una plantación inteligente, con todos los sensores, pero si incluye una balsa para riego, ponga patos y vegetación, en las líneas entre cultivos respete la diversidad de la fauna y la flora de la zona, si planta 100 hectáreas dedique 20 a una especie de bosque natural…' Alguien pensará que eso no resulta rentable al agricultor, pero sí lo será porque entonces la UE se compromete a seguir subvencionándole".

Según Rodríguez Pinilla, el problema es que "si tratas la naranja de esa forma para que sea rentable tiene que viajar a Alemania. Y a mí me traen la de Sudáfrica, donde no se ha cultivado en esas condiciones. Ese es el problema de falta de coherencia, porque no podemos estar obligando a los agricultores a jugar en primera división y permitir que entren de cuarta regional, porque entonces el mensaje es váyase usted a producir allí, a Brasil o a Sudáfrica".

González Pareja habla de la despoblación rural como otro gran reto. "Cómo debe ser la profesión de agricultor, ingeniero agrónomo o de chief data experience officer para que esas personas sigan viviendo en el campo sin necesidad de hacer políticas fiscales redistributivas. Esta revolución no la puedes llevar a cabo en solitario, tienes que hacer alianzas".

Es cierto que "la rentabilidad se puede conseguir también con la excelencia digamos artesanal, dotando a los productos de un valor añadido", apunta el director de Onda Agraria. "Esto está en extinción, pero en el sector todavía se valora y se paga".

Para Teresa Carrillo la clave es que "el consumidor tiene unas demandas que ahora mismo el agricultor no puede ofrecerle. En diciembre lanzamos el primer aceite de oliva virgen extra con blockchain, con trazabilidad desde el inicio, y esto ha surgido con IBM porque el consumidor quiere saber si realmente lo es".

Cuatro vías para ser smart Las cuatro soluciones de Bosch para el campo son: DeepField Connect, sensores para diferentes tipos de cultivo, que miden temperatura y humedad del aire y del sustrato; Smart Irrigation, una solución conectada a la nube que mide la turgencia de las hojas y dice si necesita ser regado; Milk Monitoring, para que la leche se mantenga a una temperatura inferior a 4ºC; y la Fumigación Inteligente, que permite identifi car a través de imagen las malas hierbas a eliminar.