Industria    LIMPIEZA

La pastilla de lejía ‘made in Spain’ salta a la nanotecnología

La pyme aragonesa Orache, que vende en Walmart y Dollar General, lanza un producto que desinfecta y repele el polvo con nanopartículas

26 ABR. 2019
6 minutos
El fundador y director general de Orache, Sergio Mayenco. / Innovadores

El secreto de la lejía es el cloro. Lo curioso es que este elemento, el auténtico responsable de la desinfección, no suele superar el 3% de la formulación. ¿Y el 97% restante? No es ni más ni menos que agua. Con todos los inconvenientes inherentes: costes de transporte, huella medioambiental, riesgos de seguridad...

En 2012, la aragonesa Orache tuvo clara la solución: compactar la lejía en pastillas. Hoy ya ha comprimido más de 40 productos (desde la limpieza de parabrisas a filtros de café), vende al gigante de la distribución estadounidense Walmart e inicia una nueva aventura, la de la nanotecnología.

La empresa, con sede en Sabiñánigo (Huesca), surgió como spin off de otra compañía. "Nos dimos cuenta de que había un producto en Francia con materias primas parecidas, pero con formato más pequeño", recuerda su fundador y director general, Sergio Mayenco. Solo otra firma hacía algo similar en el mundo. Un año después, el emprendedor vio tan claro el potencial de Orache que adquirió el 100% del capital. Poco después, tenía producto en venta, primero en Francia, después en el resto de Europa, Latinoamérica y EEUU. Aunque, reconoce su alma mater, su nueva "obsesión" es Asia. "Ya hemos exportado los primeros palés a China", dice. 

Un kilo de sus pastillas equivale a 37 litros de lejía. No sólo eso, también aumenta la concentración: cada comprimido tiene un 45% de cloro. El usuario solo tiene que diluirlo en un cubo de agua. Entre sus grandes ventajas, además de la económica, destaca la medioambiental. "Se ahorra en transporte de agua, favorece el reciclaje y no se generan residuos", apuntan desde Orache.

Los envases también se reducen "90 veces". "Todo el embalaje que se necesita para meter 37 litros de lejía, lo reducimos a 18 gramos de plástico", compara Mayenco. Estas ventajas han favorecido que los grandes de la distribución hayan puesto el foco en Orache, desde uno de los gigantes españoles y otro francés (que prefieren no citar) hasta el todopoderoso Walmart.

Desde entonces, la innovación en Orache se ha gestionado a través de distintas vías. Una de ellas es la diversidad de productos. Sus pastillas desinfectantes e higienizantes tienen aplicaciones de lo más variadas, como la esterilización contra el virus de la peste porcina africana en granjas o contra el ébola en hospitales u otros usos más mundanos como limpiaparabrisas o repelentes de mosquitos. "Siempre mantenemos la base del bicloro, nuestra materia prima", señala el director general.

Pastilla 'dos en uno'

La empresa española acaba de dar un salto tecnológico en la formulación de sus artículos. Aunque puede parecer una pastilla más de su cartera, en realidad su nuevo desinfectante y repelente de polvo está diseñado a partir de nanotecnología. "Estamos a punto de recibir la patente", puntualiza Mayenco. "No existe un producto igual en el mercado". 

Orache ha invertido 26 meses de desarrollo y 225.000 euros en este desarrollo. Primero, vino la idea de la doble función y la búsqueda de los componentes. Después, la compatibilidad entre los compuestos a todos los porcentajes y sus análisis de estabilidad en hornos de envejecimiento. Una vez demostrada la afinidad, tocaba analizar su compactación. "Aquí es donde somos buenos", afirma Mayenco. Por último, había que verificar que la pastilla desinfectaba y repelía el polvo a la vez. Superado este proceso, la compañía pondrá a la venta el producto en el segundo semestre de 2019.

UN TUBO POR DEBAJO DEL DÓLAR. Orache también lleva la innovación al ‘packaging’. "Apostamos por hacer formatos nuevos para acceder a nuevos mercados", afirma Mayenco. Por ejemplo, la cadena estadounidense Dollar General, que tiene 13.000 establecimientos por todo el país, le pidió un producto que costase por debajo de un dólar. La española tuvo que idear un nuevo formato y abrir una nueva línea de producción para fabricar tubos que no superasen los 50 gramos de pastillas, una tercera parte del contenido de sus botes tradicionales.