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La tecnología se enfrenta a sus propios monstruos en Aspen Ideas

El festival de tecnología, educación y cultura evidencia, con Zuckerberg como protagonista, un claro cambio de tendencia: es hora de afrontar que el mundo ‘tech’ no es perfecto y buscar soluciones para recuperar la confianza

07 JUL. 2019
12 minutos
En Aspen Ideas personajes de la cultura, la política, la tecnología o la educación debaten sobre grandes propuestas de futuro. / Aspen Ideas

Que un gigante de la red que nació libre y al margen de cualquier poder dedique casi una hora de conversación a pedir más regulación (siendo estadounidense, para más inri) es una clara muestra de que algo está cambiando. Eso es lo que ha pasado en Aspen Ideas, el foro anual donde líderes de opinión, tecnólogos, sociólogos y expertos en múltiples disciplinas definen y debaten las ideas que marcarán el futuro. Este año Mark Zuckerberg, creador de Facebook y dueño de las apps a las que más tiempo dedicamos (posee también Instagram y WhatsApp) fue la gran estrella invitada y en una entrevista de casi una hora, se dedicó a reclamar más regulación en torno a la privacidad y la seguridad de las redes.

"He pasado muchos años centrado en responder a los mayores retos sociales que afronta internet", decía Zuckerberg, que se quejaba de que deliberadamente se ha dejado en las cuatro grandes firmas del sector (las GAFA: Google, Amazon, Facebook y Apple) la presión de trabajar en la seguridad, la privacidad y la prevención de las interferencias políticas. "Si estamos intentando redefinir las reglas de internet, no está claro que lo que debamos hacer es dejar que un grupo de compañías privadas tomen por su cuenta tantas decisiones como, por ejemplo, qué se supone qué es un discurso político y qué debería ser una publicidad adecuada sobre unas elecciones en internet", decía.

Más Estado, más consenso y más normas claras para que Facebook no afronte sola crisis como las que ha sufrido por la injerencia rusa en las últimas elecciones presidenciales estadounidenses. "Tenemos 30.000 personas trabajando en seguridad y en revisión de contenidos", decía, y aseguraba que su compañía gastaba miles de millones cada año en este propósito que, a la vista de tantas polémicas sobre injerencias, censuras o contenidos falsos, no está claro todavía cómo dominar.

E iba más allá, reconociendo que esto no es cuestión puramente americana, sino que cada país debería delimitar claramente qué tipo de publicidad electoral en la red es válida y cuándo, porque esas leyes «no están en ningún libro» y Facebook se ve obligada a improvisar y a asumir responsabilidades, como sucedió con el caso ruso. «Nosotros no tenemos herramientas para decirle al Gobierno ruso que frene sus injerencias. Nos defendemos como podemos, pero solo los gobiernos tienen herramientas para presionar a Rusia (o cualquier estado) para que deje de hacerlo».

Todos los argumentos (interesados, por la presión que le acecha) de Zuckerberg estaban en sintonía con una cuestión que lleva ya muchos meses dejándose ver en eventos y conferencias de todo el mundo, pero que aquí se ha puesto sobre el escenario con todos los focos apuntando hacia ella: ¿hemos perdido la confianza en la tecnología y en la red? "Todos confiábamos en el primer internet, en el de los 90, pero pronto creció y la gente empezó a ver oportunidades para el fraude. Y me preocupa que tengamos grandes compañías que no se ocupen de esto", lamentaba en otra de las conferencias del Aspen Festival Timothy Wu, profesor de Derecho y responsable de acuñar el término ‘neutralidad de la red’. 

Para Wu, los gobiernos están fracasando en el control de la tecnología, pero también las empresas. Ponía como ejemplo las incómodas llamadas automatizadas que recibimos para vender cualquier cosa. "Si recibo robo-llamadas cinco veces al día y el Gobierno tiene el monopolio de la ley y la fuerza y no hace nada para pararlas por más que nos quejemos, algo está fallando", reclamaba, y señalaba que dar todo el poder a las grandes tecnológicas no era la solución para atajar el lado más oscuro de la digitalización. "Antes, cuando buscabas en Amazon sabías que podías confiar en lo que encontrabas. Hoy no sabes si lo que compras es un producto de Amazon o de otra empresa, ni quién paga para aparecer más arriba. Es todo muy misterioso y no es honesto con el consumidor porque no le muestras los criterios", criticaba el experto en Derecho. 

¿La solución? A su juicio pasa por "recuperar la tradición de la desconfianza" y dividir los poderes, para cargar contra el oligopolio que las GAFA representan y del que Face-book es, precisamente, uno de los mayores exponentes. "La compra que hizo de Instagram es ilegal, porque en Estados Unidos está prohibido comprar a empresas que sean una amenaza competitiva para reducir la competencia", denunciaba. Y lamentaba que cuando el anterior ejecutivo de Barack Obama aprobó fusiones y adquisiciones, en su Administración trabajaban 44 exempleados de Goo-gle por lo que, en cierto modo, las tecnológicas ya se habían hecho con el poder.

"Necesitamos que la computación sea responsable, que los científicos de datos sepan de ética y que estos principios rijan la tecnologí"», reclamaba también Craig Newmark, filántropo, emprendedor y creador de la plataforma Craigslist. Para él, la tecnología puede ser un catalizador de los movimientos democráticos, como sucedió en la Primavera Árabe, pero exactamente las mismas herramientas pueden tener un uso criminal para atacar la democracia. "Necesitamos que la gente buena trabaje junta para defender la red", reclamaba. Para el también filántropo digital y CEO del fondo de capital Draper Richards Kaplan Foundation, Jim Bildner, lo que vemos hoy es un cambio de paradigma, en el que "las empresas de tecnología están solucionando los problemas que la tecnología ha creado". En este marco, es fácil verse superado por el ruido de la tecnofobia, pero pese a ello la innovación es una gran herramienta para conseguir auténticos beneficios para la sociedad. 

Neutralizar la desinformación, descubrir de dónde parten las fake news y la manipulación, esa debe ser para los expertos la prioridad para acabar con ese ruido. "Hoy se acumulan las noticias sobre problemas menores con el manejo del correo y robos de información, pero esos crímenes representan una proporción todavía muy pequeña comparada con otros mucho más grandes de los que no se habla tanto", apuntaba el fundador de Craigslist haciendo una llamada a la calma.

Todo esto contribuye a amplificar el clima de desconfianza en la tecnología. "El mejor antídoto es mostrar cómo las mismas herramientas pueden usarse para crear un impacto positivo, eso sí que cambiaría el discurso", proponía Jim Bildner. Y un ejemplo de otro de los sectores más afectados por esa crisis es, precisamente, el de los medios de comunicación. "La tecnología amplifica el periodismo, sea bueno o malo», decía la directora editorial de National Geographic, Susan Goldberg. "Los consumidores hoy tienen que estar mejor informados. Como industria hemos hecho un trabajo pésimo ayudándoles a diferenciar la buena de la mala información", lamentaba.

Sin embargo, para Alex Stamos, científico de datos y exjefe máximo de seguridad en Facebook, este debate está viciado. "Es una conversación artificial porque está basada en que la gente establece los términos de debate sin asumir ninguna responsabilidad propia frente a la manipulacion y la vulnerabilidad", criticaba. Sea como sea, el espíritu del debate en Aspen Ideas lo resumía a la perfección Michael Chui, senior partner en la consultora McKinsey: "Definir un problema es lo más importante para progresar".