Opinión    Biodiversidad Digital

Las adicciones tecnológicas frente al bienestar digital

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Vista del interior de la Apple Store de Regent Street en Londres. / Adolfo Plasencia

Según la psicología padecemos disonancia cognitiva (o disonancia cognoscitiva), cuando en nuestro interior se producen tensiones y desarmonías internas en la estructura profunda de ideas, creencias y emociones y/o cogniciones, que nos caracterizan como individuos. Esa desarmonía que nos desasosiega se debe a que, en ciertos momentos, nuestros pensamientos íntimos anteriores entran en conflicto con los que emergen ahora en nuestra mente. Lo causa la percepción de algo externo que nos afecta y que nos acaba induciendo un comportamiento, que resulta conflictivo porque colisiona con nuestras ‘creencias’.

En la sociedad actual funcionamos con una mentalidad retributiva: la digitalización hace que nos afecte, al tiempo, lo que tenemos lejos y lo que está cerca, porque, gracias a la tecnología, los dos ámbitos invaden juntos nuestra cognición. El sistema cognitivo humano, como el de otros seres vivos, funciona asociando el éxito con una recompensa, que dará satisfacción al esfuerzo realizado para cada propósito concreto. Si no es así lo sentimos como un fracaso, que nos resulta disonante cognitivamente, sobre todo si el bucle del esfuerzo no se cierra con una recompensa, lo que deriva en una insatisfacción íntima o sufrimiento concreto cuya causa, muchas veces, parece indeterminada.

Todo esto, en realidad no es nuevo. La sabiduría popular ya había aplicado sus remedios. Esopo, ya en la antigua Grecia de hace 2.500 años, en su célebre fábula La zorra y las uvas, ya deducía una cierta solución a la disonancia cognitiva para evitar la frustración, argumentando que “cuando la zorra no consigue alcanzar las uvas, (ella) decide que no las quiere”.

Así, se está acusando ahora a los fabricantes de la tecnología de concebir una experiencia de usuario inductora de frustración, adicción tecnológica y de disonancias cognitivas, y no como algo emocionante y rico, como decía Tim O’Reilly en su meme de formulación de la Web 2.0 en 2004.

Es así porque, en realidad, la recompensa al uso de la tecnología es vacua, engañosa y prescindible cuando es producto de una adicción tecnológica y no fruto de una decisión humana coherente, libre de manipulación externa. En palabras de Justin Rosenstein, exdirector de Ingeniería de Facebook, las modas de la tecnología se asocian con “destellos brillantes de ‘pseudo-placer’ que pueden ser tan vacíos como seductores”.

El incremento de las disonancias cognitivas tecnológicas

Según los especialistas en nuestra sociedad hipertecnológica, los episodios de estas disonancias están creciendo exponencialmente y se relacionan con las adicciones tecnológicas en general y con la del smartphone en particular. Hay gente que ya ha visto claro el problema y prefiere que la nueva tecnología digital deje de inducir adicciones, casi automáticamente, por encima de la voluntad del usuario.

Por ejemplo, Tristan Harris lidera el movimiento time well spent, desde el Center for Humane Technology, con el fin de perseguir que los dispositivos digitales no se conviertan en ladrones de tiempo de los usuarios, y revertir lo que llama la "crisis de la atención digital".

Entre las empresas tecnológicas que están abriendo los ojos ante este tipo de adicciones se encuentra Apple, liderada Tim Cook. Ha empezado, primero, a asumir que están creando disonancias cognitivas en usuarios de sus tecnologías y; en segundo lugar, aunque sea entre líneas, a reconocer que, en parte, son responsables de ciertas formas de mal uso de tiempo de la gente.

El mismísimo Craig Federighi, vicepresidente de Ingeniería de Software de Apple, declaró en la Conferencia de Desarrolladores WWDC de junio que le preocupa que el uso del tiempo de usuario sea satisfactoriamente bien empleado y, por eso, lanzaron la aplicación Screen Time para el iPhone, con el propósito de que, como usuario "puedas tomar decisiones sobre cuánto tiempo quieres pasar con la atención centrada en tu dispositivo cada día”.

Y el CEO de Apple Tim Cook, curándose en salud, ha declarado: “Los usuarios son nuestro objetivo. Así que nuestra pregunta es siempre, ¿qué es lo mejor para ellos?”… En aquella conferencia se deslizó, según la revista Wired, que en realidad Apple introdujo el reloj Apple Watch, como un dispositivo para liberarnos de la (ya evidente) tiranía del teléfono. ¿Hemos de creerlo?

El bienestar digital aún está lejos

Pero las cifras son tozudas. Según una nota al margen en la Guía de las Adicciones a Internet de la revista Wired, casi el 50% de las personas dicen que no podrían vivir sin su teléfonoy que lo miran cada 12 minutos y lo tocan un promedio de 2.600 veces al día. Las medidas en pro del bienestar digital del usuario que despliega Apple son menos paternalistas que las de Google, ya que parecen pensadas para aumentar la libertad de decisión del usuario.

La empresa, aparentemente, va en dirección a incorporarse al movimiento del bienestar digital, pero, sin embargo, al tiempo lanza “apps nativas que van en dirección contraria”, como dice Rielle P. Gear en Wired. De hecho, las últimas versiones de Fotos, iMessage o FaceTime de Apple, que ofrecen con un conjunto de efectos de cámara que parecen de Snapchat; o Memoji, la nueva función personalizada de emoji, que consiste en mirar fijamente a la pantalla y animar un personaje digital con tus rasgos faciales. Es decir, incentivando más y más el tiempo ante la pantalla.

En cualquier caso, los problemas con la adicción a los teléfonos inteligentes tienen poco que ver con el hardware, y todo que ver con las interfaces y funciones de las apps de redes sociales como WhatsApp, Instagram o Facebook. Otorgo mi beneficio de la duda a Apple, cuando el citado Craig Federighi afirmaba que: “Nos piden que usemos nuestro teléfono, cuando realmente deberíamos estar ocupados con otra cosa. Nos envían una avalancha de notificaciones tratando de atraernos por miedo a perdernos. Puede que ni siquiera reconozcamos lo distraídos (con valores de atención fragmentada y procrastinación), que nos hemos vuelto”.

¿Reconoce Craig así que el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) del usuario está en alza? Bien, está por ver si, como dice Gear, “ahora Apple, como parte central de Silicon Valley, quiere curar la enfermedad que han ayudado a causar”. Es decir, veremos si son capaces de modular efectivamente el llamado ‘tiempo frente a la pantalla’ de los usuarios, y enfrentarse a esa enorme obsesión por el tiempo visionado de la publicidad en internet, base del modelo de negocio de gigantescas empresas dedicadas a la publicidad en la red. Negocios e internet se han vuelto un mundo de obsesiones.

Estoy expectante con el nuevo evento de septiembre, en el que Apple suele presentar sus novedades tecnológicas. En su ‘entrelíneas’ podremos analizar hasta qué punto modifica el rumbo de sus desarrollos tecnológicos, hacia liderar el cambio de la filosofía de Silicon Valley en pro del “bienestar digital”, que propone Tristan Harris. O si, por el contrario, van a contribuir a que sigamos cayendo por la pedregosa y brusca pendiente en la que ya estamos y en la que los valores sociales de nuestra atención pueden ser destrozados por la procrastinación; nuestras democracias pueden ser alteradas (con fake news y manipulación mediante las redes sociales masivas); y nuestra ansiedad colectiva, aumentada. Cosas en contra de las que tendremos que tomar partido. Yo estoy por el apoyo a Harris y su "tiempo de la tecnología bien empleado” que promueve desde el Center for Humane Technology. Ante esto no vale ser indiferente.