Industria    INVESTIGACIÓN

Membranas para absorber el CO2 de las chimeneas industriales antes de que llegue a la atmósfera

Aimplas lidera distintos proyectos que buscan hacer más asequible y sencilla la captura y revalorización de los gases contaminantes

21 AGO. 2019
6 minutos
Aerogel utilizado en el proyecto Carmof para la captura de CO2. / AIMPLAS

La emisión contaminante cero no existe. Son diversas las regulaciones que (mejor o peor estructuradas) están destinadas a reducir las emisiones contaminantes de la industria porque desarrollar procesos y metodologías para evitar la generación de buena parte del CO2 es una de las prioridades de los reguladores e investagoras. Y ahora, también, estudiar qué hacer con todo ese gas contaminante que se captura para que no llegue a la atmósfera. 

"Estamos ante una situación interesante: se emite y no hay más remedio, no podemos reducir a 0", explica Adolfo Benedito, investigador del instituto tecnológico Aimplas. Y ahí es donde ellos han visto la oportunidad de desarrollar metodologías que capturen esas emisiones de las fuentes industriales y energéticas desde las propias chimeneas, antes de que lleguen a la atmósfera. 

Hoy ya hay algunas iniciativas en este sentido en el mercado, sin embargo, los precios son muy elevados: entre 800 y 1.000 euros de coste por kilo captado asegura el investigador. Y ahí es donde surge el proyecto europeo Carmof, del que forma parte Aimplas, y que trata de combinar los absorbentes sólidos con membranas para que el proceso sea mucho más eficiente y rentable. Tanto, como que aspiran a reducir el coste a menos de 100 euros.

El proyecto se basa en la combinación de membradas con absorbentes sólidos basados en nanotubos de carbono y grafeno que absorben de forma eficiente el dióxido de carbono. "Normalmente se trabaja con membranas por un lado y absorbedores sólidos (el grafeno y los nanotubos) por otro. Nosotros los combinamos y hemos demostrado que con un trabajo de ingeniería y materiales adecuados hay sinergias entre ambos procesos y podemos obtener del gas que sale de la chimenea un CO2 muy puro y eficiente", explica el investigador.

Carmof se encuentra ya en un estado muy avanzado de desarrollo y estas plantas de nueva generación se van a instalar en forma de piloto en dos industrias que participan en el proyecto: la cementera Titan y la petroquímica Petkim.

Hasta aquí, el proyecto. Pero el interés de Aimplas por el  CO2 va más allá. "¿Qué hacemos con él una vez lo hemos capturado? Es una patata caliente", lamenta Benedito. Hay empresas que se dedican a inyectarlo en la tierra para almacenarlo ahí en un proceso similar al del fracking en el que es enviado a las piedras calizas y resiste allí durante millones de años. "En realidad es retrasar el problema. Es como tener una planta nuclear y estar almacenando los residuos en un búnker", dice el investigador. 

La cuestión es que el dióxido de carbono es malo de por sí, puesto que es un compuesto químico que se utiliza para elaborar muchos productos. Un ejemplo claro: el de las bebidas carbonatadas. Y otro de futuro: utilizarlo para fabricar polímeros. Hoy estos derivados se elaboran a partir del CO2 que se compra en balas a presión. Se recoge, se filtra y se vende a granel. Sin embargo, como gracias a Carmof pueden recoger ese dióxido con máxima pureza (de un 95%) pueden reutilizarlo con facilidad y a costes mucho más bajos. "La mayor parte del plástico viene del petróleo y los procesos de síntesis y fabricación no son sostenibles. Pero también podemos hacerlos a partir de CO2", dice el experto, como otro de los posibles usos de este gas.

Por eso, están trabajando con la empresa española especializada en grafeno Graphenea para desarrollar nuevas formas de recuperar ese dióxido de carbono de las membranas o absorbedores en las que lo recogen. "La manera más eficiente de sacarlo es calentándolo", explica el investigador. Y si se añade el grafeno a la ecuación, este material interactúa mucho mejor con las ondas microondas, por lo que ese proceso de calentamiento y extracción es más eficiente. "Si gastas 5 euros en calentar 100 kilos de CO2, cuando utilizas la combinación de grafeno con microondas el precio es menor", cuenta. Por eso, durante los próximos años trabajarán para lograr escalar este proyecto y añadir así este nuevo componente a la ecuación de la sostenibilidad.