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Por qué necesitamos científicos en política

No se trata solo de qué puede hacer la ciencia por la política, sino de qué pueden aportar los científicos como políticos. En paralelo, llega a España la corriente con la iniciativa ciudadana Ciencia en el Parlamento

28 NOV. 2018
17 minutos

Tras las pasadas elecciones legislativas de Estados Unidos hay que reconocerle algo a Trump: su capacidad para provocar una reacción entre los demócratas que ha tenido como consecuencia una representación más diversa, con más minorías presentes ahora en el Congreso. Entre Alexandria Ocasio-Cortez (la congresista más joven), dos mujeres musulmanas, representantes indígenas, etc., se han colado también siete nuevas investigadoras e investigadores: tres ingenieras y un ingeniero, una enfermera y una pediatra, y un investigador en bioquímica.

Hasta el momento, solo había un científico en dicha cámara, una representación muy pobre. Este año las cifras han batido el récord de investigadores y tecnólogos que se han postulado a algún cargo en 2018 en la historia moderna de EEUU. Más de 60 en total, de una cifra de al menos 200 candidatos con carreras previas en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) que se ofrecieron para algún escaño en esta legislatura, según datos del comité de acción política 314 Action publicados por The Huffington Post.

314 Action es una iniciativa sin ánimo de lucro creada por miembros de la comunidad STEM, activistas políticos y otros partidarios que abogan por soluciones políticas basadas en la evidencia. Los ataques de la administración de Trump a la ciencia fueron el desencadenante de su creación. Su nacimiento responde a necesidades coyunturales, pero es también el síntoma de una época de creciente desconfianza en las instituciones y de total desencanto y decepción con la política y con los políticos, con la sensación de que la toma de decisiones obedece más a razones arbitrarias y partidistas (no basadas en datos) que al interés general.

La idea de 314 Action se la escuché por primera vez hace un par de años en Washington DC (EEUU) al español Bruno Sánchez-Andrade, un doctor en Astrofísica que por aquel entonces trabajaba en el Laboratorio de Innovación del Banco Mundial, como líder del área de big data. Había llegado hasta allí tras pasar por la NASA y posteriormente por Global Adaptation Institute, una ONG centrada en el cambio climático.

Ciencia con impacto

En aquel momento, el astrofísico estaba a punto de abandonar el Banco Mundial para volver a España y embarcarse en algo que le llevaba tiempo rondando la cabeza: una iniciativa para animar a científicos a hacer carrera política. "El papel del científico fuera de la academia en un mundo cada vez más tecnológico es crucial", asegura. No lo dice tanto por los conocimientos de los investigadores como por sus habilidades para conjugarlos con habilidades típicamente presentes en ellos como la capacidad de absorber complejidad, de formular hipótesis, de usar herramientas matemáticas y lógicas  heurísticas, de segmentar un problema complejo en diferentes hipótesis falsables, etc.

En opinión de Sánchez-Andrade, es imprescindible que los científicos apliquen estas habilidades en y a la vida real para resolver los grandes retos que enfrenta el mundo, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y también otros más pequeños. Por eso está empeñado en convencer a los científicos de que se les necesita en política.

El mayor reto, en opinión del astrofísico, está en el sistema de incentivos más allá de la academia y los papers, más allá de lo publicable: "Actualmente solo hay dos vías que los científicos generalmente contemplan como salida: la investigación o la docencia, pero su valor va mucho más allá", afirma. "Los científicos creen que los datos son la fuente de la verdad, pero estos no cambian el mundo, no son suficientes para convencer a las personas», sostiene. Critica que "la ciencia, por lo general, es muy paternalista". "La respuesta que deben dar los científicos  no es: ‘hay que dejar de emitir CO2’, sino cómo", teniendo en cuenta todas las variables.

"Hay dos vías que los científicos generalmente contemplan como salida: la investigación o la docencia, pero su valor va mucho más allá"

Sánchez-Andrade no pretende ofender a nadie, es consciente de que sus afirmaciones no son del agrado de todos, pero se basan, dice, en su propia experiencia. Pone ejemplos de cómo los científicos pueden aportar haciéndose políticos y entendiendo que no son solo factores científicos los que afectan a las decisiones. Entre ellos, el Tratado de Montreal contra el agujero en la capa de Ozono, que se ha recuperado a una tasa de entre un 1% y un 3% desde 2000, según un informe reciente de la ONU. "La clave del éxito de este tratado es que integra muchos factores que no son científicos, sino cambios en las políticas de patentes y otras secciones", explica.

También pone como ejemplo el caso del sida y cómo la perversión de los incentivos y la búsqueda de financiación para una línea de investigación que hace años era tabú hizo que la ciencia estuviera no estuviera alineada con el impacto social "hasta que empezaron a morir famosos y empezó a ser un tema popular". ¿Cómo predica él con el ejemplo? Desde que decidió cambiar la investigación por asesoría científica, Sánchez-Andrade aplica esta máxima en su trabajo y trata de contagiarla. "La ciencia tiene que tener un primer objetivo de conocimiento, un segundo objetivo de aplicaciones y un tercero de impacto", afirma. Su foco está puesto en este último.

La (des)fortuna quiso que, cuando el astrofísico regresó a Barcelona con el ánimo de atraer a científicos a la política, el 1-O nubló cualquier posibilidad. Así que se fue a Bután a ayudar en temas de logística a una empresa que plantaba avellanas. "Vi un caso claro de ciencia de datos, pero abordarlo únicamente desde esa perspectiva no hubiera funcionado porque hay muchos detalles culturales del país que no se reflejan en ellos", afirma. Entre otras cosas, cómo optimizar rutas basadas en que todos se conocen, o qué días no trabajan. 

Llegar al Parlamento

El empeño de Sánchez-Andrade no es incompatible con iniciativas que tratan de poner en valor otros aspectos como la labor de la diplomacia científica. En ello está embarcada la también española Marga Gual, directora de proyectos en el Centro para la Diplomacia de la Ciencia en la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. También en DC hace dos años, Gual me comentó su empeño por analizar las conexiones entre ciencia y política en todo el mundo, algo que sigue investigando. Forma parte, además, del Grupo de Expertos en Investigación, Innovación y Política Científica Forma parte, además, del Grupo de Expertos en Investigación, Innovación y Política Científica para el el Comisario Europeo Carlos Moedas y del consejo asesor del proyecto  ‘Inventando una Diplomacia Científica compartida para Europa’ (InsSciDE). 
En España echó a rodar algo menos de un año la iniciativa ciudadana Ciencia en el Parlamento, con apoyo de la Fundación Cotec para la Innovación. Se propone algo tan aparentemente esencial y de sentido común como que el conocimiento científico sea una fuente de información en la formulación de propuestas políticas. También busca potenciar una actividad científica centrada en las necesidades de la sociedad. Promueve el contacto regular de los responsables políticos y del sector de la ciencia, la tecnología y la innovación.

El primero de sus encuentros tuvo lugar en el Congreso de los Diputados este mismo mes, en el marco del 40 aniversario de la Constitución. Javier García, director del Laboratorio de Nanotecnología Molecular de la Universidad de Alicante y fundador de Rive Technology, fue uno de los científicos allí presentes. Cuenta que fue una experiencia "extraordinaria y enriquecedora".

Destaca "el mero hecho de poder conversar directamente con los diputados que lideran la redacción de nuevas leyes sobre cambio climático, envejecimiento, big data o conciliación familiar y social, discutiendo en mesas redondas sobre aspectos muy concretos y sobre cómo continuar este esfuerzo de forma sistemática, útil y coordinada", cuenta a INNOVADORES. Espera además, aunque con ciertas dudas, que finalmente se cree la Oficina de Asesoramiento Científico para el Congreso antes de que termine la legislatura, "tal y como se comprometió Ana Pastor".

¿Mera entelequia? "El temor es que, en la era de Trump y el negacionismo climático, todas las apariencias de racionalidad hayan sido absorbidas por el discurso político, dejando atrás una lucha política que ya no es solo una maniobra partidista, sino una batalla real sobre los principios básicos de la democracia, incluyendo la idea de verdad objetiva y realidad compartida. La fantasía (...) es la convicción de que la racionalidad científica y la inventiva pueden ofrecer alguna salida al embrollo", escribe  Michael Schulson en Undark

La crítica es pertinente, pero muy corta de miras: se ciñe únicamente al contexto político de EEUU y a la iniciativa de 314 Action. Maggie Koerth-Baker argumenta en FiveThirtyEight que ello "podría significar más políticas basadas en la evidencia, o más políticos novatos bien intencionados absorbidos por la misma vieja máquina política", y no le falta razón. Podría significar también -añade- el merecido respeto (y fondos para investigación) para la ciencia. O podría convertir "ciencia" en una nueva palabra de apropiación ‘liberal’. Pero si no probamos, nunca lo sabremos.
 

'Traductor' para facilitar el diálogo
España es de los pocos países que no tiene asesores científicos independientes en el Parlamento, dice Andreu Climent, promotor de Ciencia en el Parlamento. «Falta la labor del traductor, de interlocutor político que traduzca y traslade la utilidad científica», afirma. Cree imprescindible crear la figura del técnico de asesoramiento científico, con la que ya cuentan países como Reino Unido o el Parlamento Europeo. Climent mira también a la australiana Science Meets Parliament , que promueve conversaciones sobre cómo pueden ser los científicos útiles a la labor de los parlamentarios.