Opinión    Biodiversidad Digital

Se acabó querer cambiar el mundo (con la tecnología)

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Trabajadores de Google en una de las salas de reunión de la compañía. / Google

Hace ya años, el gran Tim O'Reilly me explicó como creía él que se sucedían los diferentes ciclos de la presente evolución tecnológica de las nuevas empresas basadas en lo que llamaba “la Web como plataforma”. Se mostraba convencido de que la evolución de las sucesivas innovaciones tecnológicas funcionan como eslabones de una cadena y lo describía así: “Creo que la tecnología pasa por oleadas de abrir la innovación, después consolidación y luego cierre”.

Pues bien, en el panorama de los negocios basado en el internet actual -en el argot el Internet GAFA (por las iniciales de Google, Amazon, Facebook y Apple- están emergiendo señales del fin de la consolidación en el actual ‘eslabón’ de la etapa tecnológica global, que va camino de su cierre. Conforme eso pasa, nos alejamos de aquel eslogan corporativo informal usado por el cofundador de Google, Sergey Brin, que decía: Don't be evil” (No seas malo), con el que proclamaba solemnemente la intención para no usar en su empresa la tecnología con fines maliciosos, manteniendo un código de conducta justa, e incluso hasta con apariencia de ser “buenos” con la tecnología. Un eslogan que, por cierto, fue entonces criticado por el Partido comunista que aún gobierna hoy China que intentó censurarlo en 2008 por “no ser legítimo”.  

Está sucediendo algo nuevo. Una serie de célebres fundadores de empresas están saltando por la borda -o huyendo el helicóptero privado- de los triunfantes acorazados globales en que se han convertido aquellas pequeñas startups que fundaron. Hay ejemplos muy significativos: en mayo de 2018, Jan Koum, fundador de WhatsApp, abandonó Facebook cuando esta empresa compró su startup (en octubre de 2014 por 19.000 millones de dólares) por ‘diferencias’ con el CEO, Mark Zuckerberg, solo un mes después de estallar el escándalo por la fuga de datos a Cambridge Analytica. También, en septiembre de 2018, los fundadores de Instagram Kevin Systrom y Mike Krieger, cuya empresa compró Facebook en 2012 por 1.000 millones de dólares, abandonaron también la empresa de Zuckerberg. Y no porque Instagram fuera mal, pasó de 30 a 1.000 millones de usuarios. ¿Tal vez piensan que la empresa que los compró, como ocurrió con Koum, ya no les permite seguir ‘cambiando el mundo’, dentro de Facebook y empresas similares?

Volvamos al ejemplo más paradigmático: Google. Es muy significativo que en la entrada que explica el lema Don't be evil en Wikipedia, la primera referencia que antes te llevaba al texto sobre el ‘código de conducta’ de la compañía, que incluía esa proclama como parte de la filosofía de los fundadores; hoy te lleva a una página que, en lugar de aquel Google Code of Conduct, ahora está encabezada por el titular: Alphabet Investor Relations. Es decir que, al antiguo código de conducta de Google basado fundamentalmente en ‘no ser malo’ con la gente al ‘aplicarle’ la tecnología, le ha sustituido el de las “Relaciones con los inversores”, que son fundamentalmente, los que están mandando hoy de verdad en el ‘cotarro GAFA’ y cuya conducta se basa en maximizar el beneficio económico a corto plazo de forma obstinada y constante.

En una carta de declaración de intenciones del propio Sergey Brin, tras proclamar que Alphabet ya no es una empresa, sino “mayormente, una colección de compañías, la mayor de los cuales, por supuesto, es Google”, cuya misión va de “negocios que prosperan a través de líderes fuertes e independientes”. Ni rastro en la carta del original No seas malo (con la tecnología). No sabemos, si tal vez lo han eliminado para no molestar al Gobierno chino, dado que, obviamente, el inmenso mercado y la fábrica mundial china son muy importantes para Alphabet (y Google). El texto ya no recuerda nada a aquellas antiguas proclamas de los comienzos en Stanford de los fundadores Sergey Brin y Larry Page, en la línea de La Catedral y el Bazar, el célebre ensayo de 1997 del hacktivista Eric S. Raymond, coetáneo del nacimiento del buscador Google.

En la actual carta sobre la misión del actual Google/Alphabet, sobre la firma de Brin: termina así: “Y como resultado de todo esto, mejorar la vida de tantas personas como podamos. ¿Qué podría ser mejor?”. (Risas).

Adiós a cambiar el mundo, ahora a sacar provecho de ello

Cuando leí las proclamas de Sergey sobre ‘cambiar el mundo’ y hacer de él un lugar mejor con su ‘buscador’ en septiembre de 1998 -hace 21 años-, creí a pie juntillas que eran sinceras palabras las de aquellos dos estudiantes geeks de Stanford. Era fácil. Larry Page y Sergey Brin (nacido en Moscú e inmigrante en EEUU donde llegó con seis años), parecían las esperables en aquellos dos convincentes jóvenes idealistas de la tecnología, estudiantes de posgrado en ciencias de la computación en la Universidad de Stanford, que presentaron en un proyecto a su profesor el buscador con el nombre Google. Una palabra, por cierto, fue fruto de un error ortográfico accidental de Larry y Sergey al querer nombrar en realidad el número "Googol" (10100), para enfatizar que se trataba de un motor de búsqueda destinado a proporcionar grandes cantidades de información-. Su dominio de internet en 2009, era todavía “1e100.net”.

Hoy, tras leer su carta en la web de Alphabet, no estoy tan seguro de entender lo que en realidad quiere transmitir Sergey ahora mismo, con su frase “...mejorar la vida de tantas personas como podamos”. Porque, como parte de esas personas que usan el internet que tenemos ahora, muy formateado por el Google/Alphabet actual, y que dominan empresas globales a su modo y semejanza, me pregunto: ¿Es este el internet que queríamos? ¿Es el que quería el Sergey de 1998, o es el que ahora han impuesto los grandes accionistas actuales de GOOGL/GOOG? ¿Es la vida de las personas mejor con este internet, convertido en un zoco mundial de recolección y venta al por mayor de los datos y conductas de la gente en el los GAFA hacen su subrepticia minería? Hay respuestas a estas preguntas con opiniones encontradas. Por ejemplo, se puede leer el argumentado texto de Richard Stallman: Reasons not to use Google (Razones para no utilizar Google) y sacar cada uno sus propias conclusiones.

Creo que los ejemplos citados son un potente síntoma -hay muchos más- de que el cierre del actual ‘eslabón’ de la evolución de la tecnología -según la terminología de O'Reilly- está llegando a su cierre. Los síntomas detectados tienen que ver con el Modo GAFA; es decir, con cómo están aplicando la tecnología estos gigantes de internet en las vidas de la gente que usan sus tecnologías muy lejos de aquel meme de O'Reilly en su formulación de la Web 2.0 que asociaba el uso de estas tecnologías del internet social a una ‘rica y emocionante experiencia de usuario’. Nada más lejos de gran parte de los grandes problemas del internet social.

Decía Koum, fundador de WhastApp, en el post en el que anunciaba que dejaba Facebook: "La gente está utilizando WhatsApp de más formas de las que podría haber imaginado”. Creo que, irónicamente, y en un lenguaje -esto es preceptivo- que no irritase a los accionistas, decía que en el fondo esos usos no eran los que él había pensado al fundar WhatsApp, según sus ideas como fundador idealista. ¿Qué va a ser de los gigantes de internet, cuando ya no quede nadie en sus empresas con la idea de ‘cambiar el mundo’ a mejor? Sobre ello, da una pista en un ensayo Paul Graham, fundador de YC Combinator (la aceleradora de startups más famosa de Silicon Valley), en el que aconseja a los emprendedores sobre cómo sobrevivir en las grandes empresas de tecnología: “Los competidores te golpean en la mandíbula, pero los inversores te tienen ‘agarrado por las pelotas”.

Parece que a los grandes inversores de los gigantes de internet, se les ha acabado la paciencia. Han impuesto eliminar el ideario original tipo No seas malo de Google, y el “cambiar el mundo con la innovación” de los fundadores de startups y sustituirlo por el pragmatismo irredento de los inversores tipo Wall Street, como decía hace muy poco Z. Karabell, en Wired: “Adiós a cambiar el mundo, ahora a sacar provecho de ello”. Lo demás, para los grandes inversores especuladores, son tonterías e ingenuidades.