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Turismo de masas en el CERN, el templo europeo de la innovación

Cerca de 100.000 personas inundan un CERN de puertas abiertas y hacen largas colas para ver experimentos y descender a las imponentes cavernas donde se observan las colisiones de partículas

22 SEP. 2019 - Ginebra (Suiza)
11 minutos

Domingo, Ginebra, 8:45 de la mañana. Una muchedumbre se arremolina ante el corazón ‘de la ciencia y la innovación’, formando una cola caótica, piafando como corceles inquietos y excitados. Se levanta la barrera y los primeros salen en tromba, lanzando gritos, como si fuera el asalto a la Bastilla. Desde los altavoces se pide calma. "¡Doucement! Doucement, s’il vous plait…" La marea colisiona contra las jaimas de control de entrada, donde es obligado escanear los códigos QR en las pulseras que consiguieron en cuando los primeros voluntarios empezaron a distribuirlas…

Estamos en el CERN, a las puertas de Atlas, en la avenida de Meyrin. Allí para el tranvía que va y viene desde el centro de Ginebra. Atlas es el paso siguiente al edificio esférico que simboliza el centro del mayor templo de investigación científica de Europa. Es una de las entradas al averno y uno de los dos puntos mágicos que detectaron hace una eternidad de siete años el bosón profetizado por Peter Higgs y otros. Él le dio nombre. 

Para el CERN, los cuatro elementos fundamentales son vacío, radiación, magnetismo y frío

El ‘experimento Atlas’ es uno de los cuatro grandes centros de sensores en la caverna del anillo subterráneo de 27 kilómetros por el que las partículas circulan y chocan enloquecidamente a 100 metros bajo tierra. El día anterior, sábado, la visita turística llegó a acumular colas de hasta cuatro horas y se cerró la lista de admisión apenas a la hora de comer. 

La oportunidad de una jornada de puertas abiertas en el CERN es un fenómeno casi tan insólito como detectar una nueva partícula. Según algunos empleados, ocurre cada cuatro o cinco años. Otros creen que son periodos más largos y alguno aventura que la del pasado fin de semana fue la segunda. La anterior fue en 2013. 

¿Alguien afirma que la ciencia y la física experimental no interesan? Entre 80.000 y 100.000 personas (hombres y mujeres, jóvenes y viejos, niños y niñas…) abarrotaron las instalaciones abiertas como un parque temático, con colas de entre media hora y hasta más de dos horas para las 155 actividades programadas, exposiciones, experimentos de física recreativa y juegos educativos. 

Una ellas exhibía un documental sobre el invento de la web, del que en noviembre se cumplen 30 años, obra del informático Tim Berners-Lee, entonces empleado del CERN, en sus ratos libres. No confundir su ingenio con la creación de la propia Internet, que existe desde 1969 (¡cumple 50 años!). Berners-Lee creó el lenguaje HTML, para codificar y mostrar en pantalla las páginas, estableció el protocolo HTTP, para gestionar la conexión con los servidores, y las bases de datos de URL, que convierten en direcciones IP los nombres ‘civiles’ de las páginas como ‘innovadores.inndux.com’. En el CERN se guarda el primer servidor web que montó, protegido por un cartel que viene a decir ‘no apagar, servidor funcionando’.

Si para la vieja alquimia los cuatro elementos esenciales eran aire, tierra, agua y fuego, recorrer los rincones del CERN explica que los cuatro elementos fundamentales son vacío, radiación, magnetismo y frío (hasta acercarse a los -270 grados, apenas tres grados por encima del cero absoluto).  Y el momento de epifanía de la visita es el descenso a las profundidades a través de alguno de los cuatro grandes puntos de control. Atlas, Alice, CMS y LHC (hay tres más, menores), es donde se observan y analizan las colisiones de partículas, según los diferentes detectores instalados en cada uno de ellos.

El acelerador de partículas

En el Compact Muon Solenoid (CMS) es donde saltaron las campanas sobre la detección del bosón de Higgs en 2012. Se trata de un sistema de gigantescos electroimanes y cableados superconductores, que forman masivas estructuras circulares de 15 metros de altura bajo tierra (en este caso, en suelo francés), envolviendo el tubo principal del anillo. Aunque durante la visita al CMS no había anillo que ver. 

El gran acelerador está en medio de una etapa de parada, lo que supone unos cinco años sin actividad, con muchos de sus elementos desmontados para sustituir y actualizar componentes. "Las observaciones y descubrimientos que se hacen en el CERN suelen desarrollarse con tecnología de hace diez o quince años", explicaba a INNOVADORES uno de los centenares de científicos que oficiaron de anfitriones voluntarios para los turistas.

Cuando se instaló el CMS no había grúas capaces de mover las más de 14.000 toneladas de sus componentes. El doble de lo que pesa la Torre Eiffel. Tuvieron que establecer sus propios mecanismos para manejar esa inmensa masa de 15 capas de placas de acero y cableados de niobio-titanio. La cueva tiene unas dimensiones catedralicias que el objetivo de la cámara fotográfica es incapaz de abarcar. Sin embargo, la mayor parte del túnel de 27 kilómetros apenas deja el paso para la altura de un hombre, con carrito de mantenimiento enganchado a una bicicleta.  

El ‘experimento CMS’ fue diseñado para detectar muones, que son partículas elementales con masa capaces de "atravesarlo casi todo". Prácticamente no interactúan con la materia. En CMS hay zonas de contención con gruesos muros de cemento y "a veces las partículas salen disparadas hacia las montañas. Creemos que se detienen allí", explica el físico que guía la visita (CMS está frente a los Alpes). Su detector es como una cámara de fotos de 140 megapíxeles, capaz de tomar 40 millones de imágenes por segundo. Cuando el acelerador está en marcha para un experimento todo el personal debe abandonar la caverna por seguridad: se llena de radiación durante las colisiones.

Los muones "decaen" en bosones y fue la detección de una traza de bosón específica lo que se identificó como el hallazgo de ‘la partícula de Dios’. Lo confirmaron los datos de Atlas, un "aparato toroidal multipropósito", diseñado para medir con precisión energías de partículas gamma y leptones.

El ‘guía’ en CMS explica que los ordenadores están programados con patrones para descartar en un primer filtro “un elevado porcentaje” de la inmensidad de datos que generan las colisiones y enviar a los servidores los que pueden ser significativos.

Es tanta la acumulación de talento y conocimiento entre los 2.500 empleados de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (significado de CERN), que una gran cantidad de la ciencia que generan se dirige directamente a otras áreas. En particular, hay gran aportación a la medicina nuclear contra cánceres y tumores. 

Uno de los más antiguos centros del CERN es Isolde, que cumple 50 años, cuya misión es investigar y producir isótopos aplicados a exploraciones y radioterapia de alta precisión.  A la salida, un pobre hombre se manifestaba con un cartelón, acusando de "crimen" el gasto dedicado a investigación nuclear en vez del cáncer. También cabe la ignorancia en el templo de la ciencia.