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Viaje a Oslo, el paraíso verde del coche eléctrico

Oslo, capital verde europea 2019, ha recortado el tráfico rodado en el centro de la ciudad y atesora 60.000 vehículos eléctricos, más del 12% del total

12 OCT. 2018 - Oslo (Noruega)
8 minutos
Un coche eléctrico cargándose en Oslo. / Alberto Iglesias

Oslo es una ciudad particular: podemos darnos un chapuzón en las heladas aguas de su fiordo y, en tan solo unos minutos, estar en pleno bosque o esquiando en las numerosas montañas que rodean la capital nórdica. Una orografía muy impactante desde un punto de vista visual, reclamo turístico de esa Noruega que tiene la naturaleza como mantra principal, pero también un hándicap considerable en términos medioambientales. 

"En invierno, tenemos problemas de contaminación debido a la gran cantidad de montañas en torno a Oslo. Si no hay viento, las capas de aire frío se quedan abajo y se crea una capa de polución muy importante", explica Sture Portvik, responsable de e-Mobility del Ayuntamiento de Oslo. No en vano, cada año 185 personas fallecen de forma prematura en esta localidad por causas relacionadas con la mala calidad del aire, según el Instituto Noruego de Salud Pública.

Por todo ello, Oslo lleva décadas impulsando medidas verdes que le liberen de una contaminación causada, en un 61%, por el tráfico rodado. Por todos es conocido que Noruega, principal productor europeo de petróleo, es también la referencia continental en vehículos eléctricos per cápita: hay ya unos 200.000 automóviles de batería en todo el país, de los que 60.000 se concentran en la capital, el 12% del total. Si nos fijamos únicamente en las ventas de nuevos vehículos, el 57% de los coches que se comercializaron el pasado año fueron eléctricos o híbridos.

Teniendo en cuenta que la problemática de Oslo es muy similar a la que presentan otras urbes como Madrid, resulta paradigmático el notable cambio de modelo de movilidad que se ha puesto en marcha en las tierras escandinavas. La pregunta del millón es, obviamente, cómo han logrado transformar su parque de automóviles de una forma tan rápida. "Estamos fomentando la eliminación de los coches del centro de la ciudad para meterlos en 'casas de movilidad', porque no nos gusta el término de aparcamiento, ya que ahí se encuentran otras alternativas de transporte como car-sharing o bicicletas", añade Portvik.

El ahorro de un coche eléctrico en Oslo es de unos 250-300 euros al mes

"También estamos eliminando plazas de aparcamiento en las calles, convirtiéndolas en aceras o carriles bici". En todos esos garajes disuasorios encontramos puntos de carga para los coches eléctricos, algo esencial para superar la principal barrera de los vehículos movidos sin combustible fósil. "En Oslo, el 64% de los ciudadanos vive en pisos sin plaza de aparcamiento propia, por lo que el éxito del coche eléctrico pasa por la unión de infraestructura y transporte", recalca el experto.

A todo ello, hemos de sumar los ingentes beneficios de comprar un coche eléctrico frente a uno de gasolina o diésel en la ciudad. Por lo pronto, los propietarios de un vehículo ecológico no pagan peajes en las entradas de Oslo (en torno a 10 euros diarios) ni estacionamiento, así como pueden circular por los carriles reservados a taxis y buses. También pueden cargar sus baterías de forma gratuita en muchos puntos de la urbe. "Estamos hablando de un ahorro en costes de alrededor de 250-300 euros al mes", detalla Sture Portvik, no sin antes advertir que estas ventajas irán limitándose en los próximos años conforme la alternativa eléctrica se consolide como una opción mayoritaria.

El reto, no obstante, es mayúsculo. Para 2021, el centro de Oslo deberá ser completamente peatonal. En 2022, todos los taxis de la capital han de ser eléctricos o de cero emisiones (actualmente apenas 53 de las 180 licencias cumplen con este requisito). Y en 2032, todos los medios de transporte público de la ciudad deberán ser completamente limpios (plazo prolongado desde el objetivo inicial de hacerlo en 2020).

Eso si hablamos de tráfico rodado, porque en una ciudad con mar también hemos de contemplar la electrificación de sus cruceros y rutas locales en el fiordo ("un crucero contamina como 10.000 coches", admite el responsable municipal). Sin olvidar el mucho más ambicioso reto planteado por el gobierno noruego de que, para el año 2036, todos sus vuelos de corto y medio alcance sean eléctricos.

Por lo pronto, Oslo está con las pilas bien cargadas (nunca mejor dicho) en esta evolución verde, la misma que le ha servido para ser elegida como capital verde europea 2019. Se ha triplicado el número de cargadores en la ciudad, con casi 600 puntos en toda la ciudad; muchos de ellos de carga rápida y superrápida. 

Eso al mismo tiempo que se eliminan 700 plazas de aparcamiento en superficie en el centro, con una reducción del 20% en la cantidad de coches que circulan por la zona. Se está trabajando ya en sistemas inteligentes capaces de balancear la demanda de electricidad por parte de los vehículos y los hogares, así como soluciones para que los coches puedan devolver la energía sobrante a la red en momentos de alta exigencia y ganar dinero con ello. También se están probando alternativas de carga inalámbrica para facilitar la labor de los taxis y medios de transporte público (siempre que la nieve permita el correcto funcionamiento de estas tecnologías).