Opinión    BIODIVERSIDAD DIGITAL

YouTube y el universo de los vídeos virales

Adolfo Plasencia
03 MAY. 2018
12 minutos
Sala de Control en Toronto, Canada / Loozrboy. CC-BY-SA-2.0. Wikimedia Commons

¿Cómo elegir un programa de TV cuando la oferta es de un millón de canales? ¿Cómo saber antes de verlo si un vídeo viral va a ser divertido o si incluye el aviso de un asesino? Todo forma parte del universo de los vídeos virales, que también incluye un lado oscuro.

Dice el científico de la computación Ricardo Baeza-Yates que la complejidad viene de la diversidad. Cuando le pregunté, si el motivo por el que ninguna autoridad ha podido dominar completamente internet era por el tamaño o por su escala, me contestó que no era por su gran tamaño, sino por su diversidad. Es enormemente difícil controlar o dominar algo tan grande, pero sobre todo por el enorme grado de diversidad de la red. ¿A qué se refiere Baeza-Yates? Un ejemplo podría ser YouTube, que incluso ha creado nuevas profesiones como la de ‘youtuber’.

Todo empezó a partir de 2007, un año después de que este servicio de vídeos en internet, fundado por el taiwanés Steve Chen, el estadounidense Chad Hurley y el alemán Jawed Karim, –tres empleados de la división PayPal de eBay–, lo vendieran a Google por 1.650 millones de dólares, tan solo 18 meses después de haberlo fundado. Entonces se empezaron a subir vídeos publicitarios y con ellos llegaron los ingresos económicos.

El poder de la galaxia audiovisual digital

Los políticos también se dieron cuenta pronto, para bien y para mal, del otro potencial de estos vídeos: el poder ‘social’ de esta galaxia audiovisual. Tony Blair, ya en 2007 felicitó vía YouTube a Nicolas Sarkozy, cuando ganó en las elecciones la presidencia de Francia. De la capacidad transformadora de un vídeo digital viral en la red ya nadie duda en España, después de subirse a la red el vídeo que hizo dimitir hace pocos días a la presidenta de la Comunidad de Madrid, un vídeo que se hizo ‘viral’, en pocas horas en España.

Sin embargo, es en la música donde despunta este universo. Una de las sorpresas tempranas que dio el uso de la plataforma YouTube fue la primera estrella creada a partir de los vídeos de YouTube. Todos conocemos hoy la carrera de un adolescente canadiense llamado Justin Drew Bieber. Su videoclip de Baby tuvo alrededor de 300 millones de reproducciones, superando entonces al Bad Romance de Lady Gaga con el que competía.

Poco a poco los vídeos de YouTube se convirtieron en la herramienta global esencial del mercado global de la música. Si el fenómeno Bieber fue algo que se creía cosa solo de adolescentes, de pronto, el vídeo musical Gangnam Style del estrambótico rapero surcoreano Psy se convirtió, entonces, en el más visto en la historia de YouTube con más de 820 millones de reproducciones en un solo fin de semana de 2012. En diciembre de 2014 pasó de 2.000 millones de reproducciones y obligó a YouTube a actualizar la capacidad del contador de visitas de su plataforma para poder reflejarlas, superando al vídeo de Justin Bieber. Había desaparecido la brecha generacional de los vídeos virales.

El vídeo hortera de Gangnam Style ya ha sido visto 2.894 millones de veces. Pues bien, hoy ya no es el primero. El vídeo de See You Again, tema interpretado por el rapero Wiz Khalifa y Charlie Puth, –parte de la banda sonora de Furious 7 de 2015–, ha alcanzado 2.896 millones de visualizaciones. En cualquier caso, mientras escribía este artículo he hecho una búsqueda de Gangnam Style y he obtenido más 35 millones de resultados en 0,37 segundos. El resultado de la búsqueda, casi me deja sin palabras.

El lado oscuro del ‘universo YouTube’

Esta herramienta de difusión global con su poder audiovisual combinado con las tecnologías de búsqueda y la potencia de los data center de Google, ya no pasa desapercibida para nadie. De la inocencia de las primeras estrellas adolescentes como Bieber, o de los youtubers alegres, bromistas y gamberros, hemos pasado a ver los horrendos usos para difundir los vídeos de acciones terroristas y ejecuciones realizados para adoctrinamiento y propaganda de los fanáticos del Estado Islámico (ISIS) y publicadas para horrorizarnos.

Todo eso también está ahí. Un horror que puede llegar hasta nuestras propias casas y a nuestras manos, –e incluso a las de nuestros niños–, a través de nuestros teléfonos. Porque YouTube también puede tener un lado oscuro. Suben vídeos delincuentes, violadores ‘en manada’ y descerebrados conductores ebrios, que también filman vídeo selfies de sus salvajadas para subirlos a YouTube, cosa tan fácil, que incluso lo pueden hacer en plena cogorza antes de recuperar la cordura, si es que la hubiere.

Ahora, Google y su filial YouTube, y las unidades de ciberpolicía de los distintos países, se han tropezado con una ardua e ingente tarea, porque emergen usos no esperados del vídeo viral que están mucho más allá de la ley. Y para nosotros, y nuestras familias va a ser arduo también.

El crimen organizado ha descubierto también el poder del vídeo viral global. Imitándose entre sí, el ISIS y los cárteles del narcotráfico, quienes han usado los vídeos para mostrar su arsenal con el que intimidar y atemorizar.

Y esta práctica también la usan otros delincuentes: Cho Seung-Hui subió un anuncio premonitorio poco antes de asesinar a 33 personas e herir a 29 más en el Instituto Politécnico de Virginia Tech en EE.UU. en abril de 2017. Y hace pocas semanas, el pasado 3 de abril, en la sede central de YouTube en San Bruno (California), Nasim Najafi Aghdam penetró en el edificio armada con una pistola y salió a la terraza de la cafetería contigua disparando sobre los empleados de YouTube que estaban allí en su hora de comer, dejando a tres heridos de bala. Durante la investigación, se descubrió que esta mujer había subido un vídeo “quejándose indignada y rabiosa contra YouTube por reducir su ‘tráfico’ y suprimir sus vídeos”.

El vídeo y sus usos no esperados se han convertido en un peligro, a veces letal. Y en el universo global de los vídeos virales podemos encontrar, como en el alma humana, lo mejor y también lo más horrible. Y como decía el neurocientífico Jesús Pujol Nuez: “Alegría y pena se parecen en un 99%”, y algo parecido ocurre con los vídeos de YouTube. Antes de visionarlos se parecen mucho entre sí.

Pero ¿quién, persona o máquina, es capaz de visionar las 300 horas de vídeos que suben los usuarios a YouTube para separarlos? Porque eso sería necesario para prevenir posibles peligros letales que encierran los vídeos potencialmente virales, y separarlos de los inocuos o divertidos, o incluso de las obras de arte audiovisuales que también se publican. Ya no se trata solo de contenidos que infrinjan las normas para la comunidad YouTube. Es que tras un vídeo viral puede luego haber muertos y heridos como ha ocurrido en más de un tiroteo en colegios de EE.UU.

Google está aumentado ostensiblemente sus niveles de prevención y prudencia, pero internet es cada vez menos inocente. Por eso, al parecer y también preventivamente, YouTube ha empezado a eliminar algunos canales. Pero de eso hablaremos en una próxima entrega, para cuya comprensión hacía falta esta previa sobre el lado oscuro del Universo global de los vídeos virales.