Industria    Sostenibilidad

Una planta de hidrógeno verde y otra que genera gas a partir de residuos urbanos, apuestas de Repsol

La multinacional española desarrolla estas dos plantas industriales para reducir emisiones en su estrategia de descorbonización

15 JUN. 2020
9 minutos
Imagen de la terminal Marítima de Punta Lucero en Bilbao, donde se encuentra la refinería de Petronor.
Imagen de la terminal Marítima de Punta Lucero en Bilbao, donde se encuentra la refinería de Petronor.

El Consejero Delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, ha presentado dos proyectos industriales de descarbonización que desarrollará en el puerto de Bilbao y su entorno y que supondrán una inversión inicial de 80 millones de euros, aproximadamente. La construcción de estas dos plantas, una de hidrógeno verde y otra de gas a partir de residuos urbanos, forman parte de la estrategia en la transición energética, con el objetivo de ser una compañía cero emisiones netas en el año 2050.

Así, en un comunicado, la multinacional española señala que estos dos proyectos suponen “un nuevo ejemplo de la necesaria colaboración público-privada para afrontar retos como el de la lucha contra el cambio climático”, así como para impulsar el sector industrial de valor añadido como una de las claves para lograr una rápida recuperación económica. 

“Estas dos iniciativas supondrán un importante impulso al desarrollo tecnológico e industrial asociado a los planes de descarbonización, tan necesario en este contexto de recuperación económica y de orientación a sectores con mayor valor añadido”, señalan.

Hidrógeno verde

El primer proyecto, en el que se invertirán inicialmente 60 millones de euros, consiste en la construcción de una de las mayores plantas de producción de combustibles sintéticos cero emisiones netas del mundo a partir de hidrógeno verde, es decir generado con energía renovable. “La principal característica de estos novedosos combustibles es que se producen con agua y CO2 como únicas materias primas”  y podrán utilizarse en motores de combustión como los que se instalan actualmente en los automóviles, aviones, camiones y en otras aplicaciones.

La instalación, que estará totalmente operativa en un plazo de cuatro años, será de referencia en Europa por la tecnología puntera aplicada y por el uso del CO2 capturado en la cercana refinería de Petronor, uno de los socios de Repsol en este proyecto junto al Ente Vasco de la Energía (EVE), referente público en transición energética.

“Su desarrollo supone un reto tecnológico de primer orden” y estará liderado por el centro de investigación Repsol Technology Lab, que se encuentra en Móstoles. Combinará el hidrógeno verde, “energía 100% limpia al ser generada a partir de fuentes renovables”, con el CO2 como materia prima en el proceso. Los responsables afirman que esta planta “situará a Repsol a la vanguardia del desarrollo de los combustibles de cero emisiones netas”.

Así, en una primera fase, escalable a una posterior etapa comercial en función de los resultados, se obtendrán 50 barriles al día de combustible sintético, con cero emisiones netas de CO2 en todo su ciclo productivo. 

Gas a partir de residuos urbanos

El segundo proyecto, que se ubicará junto al primero, también en el puerto de Bilbao y su entorno como opción prioritaria, supondrá una inversión inicial de 20 millones de euros, liderada por Petronor, y consistirá en una planta de generación de gas a partir de residuos urbanos. Este gas se empleará para sustituir parte del consumo de combustibles tradicionales que la refinería vasca, una de las de mayor capacidad de España, utiliza en su proceso productivo.

Esta segunda iniciativa responde a la estrategia de Repsol de impulsar la economía circular, que se aplica en muchas de las fases del ciclo productivo de la compañía a través de la tecnología y la innovación. Repsol ya ha puesto en marcha más de 200 proyectos en este ámbito, que ha establecido como una de las palancas clave para lograr alcanzar las cero emisiones netas en 2050, señalan fuentes de la compañía.

En una primera fase, esta planta de pirólisis podrá procesar unas 10.000 toneladas al año de residuos urbanos y su capacidad podrá ampliarse en fases posteriores hasta 100.000 toneladas al año, aproximadamente, el equivalente a todos los residuos urbanos del entorno.

Alternativas para la descarbonización

En palabras de Josu Jon Imaz, “estos proyectos demuestran la importancia de mantener la neutralidad tecnológica a la hora de buscar las alternativas necesarias para la descarbonización, teniendo en cuenta todas las soluciones tecnológicas posibles para tener éxito en la lucha contra el cambio climático, sin prejuicios, apostando por aquellas que contribuyan a nuestros objetivos de forma más eficiente y sostenible, y apoyando nuestra industria”.

“España debe basar su estrategia de descarbonización en sus capacidades tecnológicas e industriales. La producción de hidrógeno verde y su combinación con la captura y uso de CO2 para producir combustibles con cero emisiones netas forma parte de la estrategia industrial de descarbonización de Repsol. Con este proyecto, la industria española se convierte en un actor relevante en la reducción de emisiones en Europa”, ha añadido el Consejero Delegado.

Para Imaz “todas las formas de descarbonización son válidas y complementarias, e incentivarlas para que todas contribuyan sin exclusiones, acelerará la transición energética, a la vez que nos ayudará, como sociedad, a salir lo más rápidamente posible de la crisis económica provocada por el Covid-19”.

Además, el Consejero Delegado de Repsol ha reafirmado el compromiso de la compañía con “liderar la transición energética incluso en estos momentos de incertidumbre económica, en los que también queremos reforzar nuestro papel como empresa que contribuye al desarrollo industrial del país”.

Por su parte, Emiliano López Atxurra, presidente de Petronor, compañía perteneciente al Grupo Repsol, ha manifestado que “el proyecto aglutina tres aspectos importantes en la actual coyuntura: la apuesta de futuro por la reducción de la huella de carbono y la neutralidad tecnológica como instrumento; el reto de la industria y la tecnología como base de la transición energética; y la cooperación público-privada como herramienta inteligente para materializar un desarrollo industrial que consolide una sociedad de bienestar sostenible”.